1. La Confesión

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Sin duda, confesarte frente al amor de tu vida puede ser complicado. Pero es mucho más difícil no decir nada y soportar que alguien más se quede con el corazón de esa persona.

Sentado en la camilla del hospital, Haida se sentía de esa manera.

-Creo que te conozco mejor que él -declaró sonrojado, sin atreverse a mirarla a los ojos.

Con sus palabras se refería al sujeto del departamento de ventas, ese tal Resasuke. Haida lo detestaba como a ningún otro en el mundo pese a ser alguien completamente inofensivo.

-Te conozco desde hace cinco años -recalcó frunciendo el entrecejo, mientras ella escuchaba enmudecida-. Estoy seguro de entenderte...

Iba a añadir "mejor que nadie", pero se dio cuenta de que no había forma de que eso fuera cierto y que, en cambio, era una de las razones del porqué quería estar con ella, para convertir ese "mejor que nadie" en realidad. Sonriendo ante la idea, se giró para mirarla.

-Pero la verdad es que, probablemente, no sepa nada de ti. Al fin y al cabo, la Retsuko que conozco es la que está en mi cabeza.

Su amiga, que apenas podía creer lo que escuchaba, de pronto esbozó una tierna sonrisa, causando que el joven hiena se sintiese aún más nervioso de lo que ya estaba.

Avergonzado, bajó la vista hacia las sábanas, se sobó el cuello y dejó salir una larga exhalación por la boca, similar a un gruñido. Sin duda le estaba costando trabajo expresar lo que sentía, y se le notaba en el rostro. Transpiraba acaloradamente y el rubor en sus mejillas era mucho más intenso que hacía un instante.

-Por eso me gustaría conocerte mejor -continuó diciendo, sin poder evitar que le temblara un poco la mandíbula- ¿Entiendes lo que digo?

La miró a los ojos, esperando que así fuera. Ella asintió, mostrándose, a diferencia de él, bastante tranquila.

-Sí, entiendo. Pero si no me preguntas con claridad, no puedo darte una respuesta clara.

-Ah... Ya veo... Por supuesto...

Haida volvió a agachar la cabeza y a mirar hacia las sábanas. Abrió la boca para intentar decir algo. Pensó que aún estaba a tiempo para cambiar de tema y hacer como si nada hubiese sucedido, para salvarlo a él y a Retsuko de esa situación tan embarazosa, pero el nudo en su garganta ni siquiera le permitió retractarse.

¿Q-qué estoy haciendo?, se preguntó a sí mismo, asombrado por su propia indecisión. Era normal tener miedo, pero si no actuaba de una vez, jamás avanzaría hacia ninguna parte.

Es ahora o nunca, pensó con el corazón acelerado.

Apretó los ojos, y cuando volvió a abrirlos, supo exactamente lo que haría.

-¡Oye, Retsuko! ¿¡Sabes qué!? -Dijo, mirándola de frente, con una mezcla de entusiasmo y exaltación en su voz- ¡Lo diré sin más rodeo! ¡Retsuko, tú... tú me gustas! ¡Me gustas mucho y desde hace mucho tiempo! ¡Y en verdad envidio a tu novio!

Retsuko volvió a sonreír y, aunque se mantenía en calma, se puso tan roja como su compañero. Ahora sí le había quedado mucho más claro lo que intentaba decirle, pero no por eso su sorpresa era menor.

-Sin duda, es un tipo muy afortunado -continuó diciendo ya más tranquilo-, y no pasa un solo día sin que desee encontrarme en su lugar. Si no estuvieras con él, dejaría de perder el tiempo y te invitaría a salir en este mismo instante, no sólo como amigos, no sólo como compañeros de trabajo, sino como algo más. En una cita.

-Haida-kun... -pronunció con dulzura, bajando la mirada a su regazo y apoyando una mano en su mejilla.

Haida la observó quedarse en silencio y no pudo evitar sentirse, en cierto modo, culpable.

-Lo lamento. Sé que al contarte todo esto te he dejado en una posición bastante difícil. Pero no tienes que decir nada. Solo quería que lo supieras. En verdad, lo lamento.

Sonrió para que viera que estaba bien. De hecho, sentía como si se hubiese quitado un peso de encima ahora que se había declarado.

-No, Haida-kun, no te disculpes -dijo levantando la vista-. No has hecho nada malo.

Haida tragó saliva y la escuchó con atención.

-Haida-kun, muchas gracias. Gracias por ser honesto conmigo. Y creo que yo también debo serlo contigo. Primero, necesitas saber que Resasuke y yo ya no estamos juntos. Terminé con él. Fue hace un par de días, después del trabajo.

A Haida se le iluminó el rostro igual que si hubiese recibido la mejor noticia del mundo.

-¿¡Qué!? ¿¡En- en serio!? -abrió grande la boca, al principio, sin poder ocultar su alegría, pero pronto se mostró preocupado-. ¿Por qué? ¿qué pasó? ¿Acaso se portó mal contigo? ¿¡Te hizo algo!?

-No, nada de eso -descartó con un gesto de su mano-. Simplemente... bueno, sólo digamos que lo nuestro no funcionó. No es que fuera mala persona, es sólo que... me di cuenta de que no es lo que estoy buscando como pareja. Eso es todo.

-Aaah... ya veo... -suspiró hundiéndose en la almohada.

Si bien se sentía mucho más tranquilo al oírle decir eso, aún era muy pronto como para poder cantar victoria. Necesitaba seguir escuchando, cualquiera que fuese la respuesta.

-Lo otro que necesitas saber -continuó-, es que, todo esto que me has dicho, me ha pillado por sorpresa. Realmente no me lo esperaba y, aunque me alegra y me hace sentir bien, no creo estar lista todavía. Acabo de salir de una relación y necesito tiempo para pensar algunas cosas antes de decidir qué es lo que quiero hacer. Esa es la verdad.

Haida vio sus ilusiones desvanecerse en el aire como por arte de magia. Pero no pudo hacer otra cosa más que comprenderla, al imaginar lo difícil que debía ser para Retsuko hablar con total honestidad, sin lastimar sus sentimientos.

-Por eso, Haida-kun, te pido, por favor, me des un poco más de tiempo, sólo un poco, antes de aceptar esa invitación. Seguro ya has tenido que esperar bastante, y aunque no estoy intentando hacerme la difícil, necesito que me esperes sólo un poco más.

Su compañera agachó la cabeza, como si de alguna forma le estuviese pidiendo disculpas.

Sin embargo, no había nada de qué disculparse.

-Qué dices, Retsuko -sonrió con calidez-. He esperado casi cinco años. Creo poder hacer lo que me pides. No te preocupes. Tendrás todo el tiempo que te haga falta.

La muchacha se irguió en su silla, feliz de poder oírle decir eso.

-En verdad te lo agradezco -dijo realizando una leve reverencia-. Por favor, recupérate pronto. No es lo mismo sin ti en la oficina.

-Descuida, eso haré.

Casi tan pronto como terminaron de hablar, Fenneko volvió a la habitación y puso la vasija con flores de regreso en su lugar. Ambos se sintieron, de algún modo, aliviados con su presencia, pero no hubo mucho tiempo para que conversaran entre los tres.

En ese momento llegó una enfermera y les avisó que la hora de visitas había finalizado. Las dos oficinistas se despidieron de su compañero y abandonaron la habitación, al igual que la enfermera.

Una vez a solas, Haida miró por la ventana. Afuera hacía un lindo día; el cielo estaba despejado y el sol brillaba con intensidad, igual que el pequeño destello de esperanza que alvergaba en su corazón.

Continuará.

El Amor Cuenta (Descontinuada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora