Días después de haber visto a sus dos compañeras, Haida fue dado de alta y despedido del hospital con instrucciones de volver al cabo de una semana para una visita de control. Se le entregaron antibióticos para que continuara su tratamiento contra la neumonía y, aunque a partir del lunes debía reintegrarse a sus labores en la empresa, se le recetó mantener reposo en casa durante, al menos, siete días. En otras palabras, nada de salir a beber hasta tarde después del trabajo.
Era domingo por la mañana cuando le dejaron irse del hospital. Se marchó vistiendo su atuendo favorito, el mismo que había estado usando aquella noche, cuando quedó completamente empapado bajo la lluvia. Fue entonces que a los pocos días enfermó y tuvo que ser ingresado a emergencias, donde le diagnosticaron fiebre, escalofríos y dificultad respiratoria. De eso hacía más de una semana. Una semana en la que no había hecho otra cosa más que permanecer acostado, dormir y, sobre todo, pensar en ella.
...Retsuko...
Su nombre se le vino a la mente y dejó escapar unos cuantos suspiros, mientras se dirigía a la estación de metro más cercana.
En el subterráneo, pagó su pasaje con su tarjeta del transporte público e ingresó al otro lado a través de la portezuela automática. De pie en el andén, y aprovechando que aún faltaba tiempo para que llegara el siguiente transbordo, Haida sacó su celular del bolsillo y echó un vistazo a su última conversación con Fenneko, ocurrida poco después de que lo visitaran en el hospital. Su amiga le había mandado una serie de mensajes, pidiéndole saber, o mejor dicho, exigiendo que le contara cómo le había ido con Retsuko, aquel día.
Fenneko_12:06 Más te vale que hayas aprovechado la oportunidad que te conseguí.
Decía uno de los mensajes en un tono bastante amenazador.
Fenneko_12:07 ¿¿¿Y bien??? ¿¿¿Se lo dijiste???
Haida_12:10 ¿Oportunidad? Prácticamente me arrojaste vivo a los leones 😑
Haida_12:11 Al menos me hubieras avisado de que harías algo así. Solo por eso no te contaré nada hasta que me autoricen el alta.
Desde luego, sólo estaba jugando con ella en aquel instante, aunque sí era cierto que prefería esperar un poco antes de tener que responder a todas sus preguntas. La llamaría más tarde, cuando estuviese de regreso en casa.
Fenneko_12:11 Vaya, sí que eres un malagradecido 😒
Fenneko_12:12 No me digas que te acobardaste y no fuiste capaz de decírselo. Bien, lo haremos a tu modo. Avísame cuando te hayan sacado a patadas del hospital.
Haida guardó su teléfono cuando vio que el tren llegaba a la estación y se detenía frente a la plataforma. Al abrirse las compuertas, solo se bajaron un par de pasajeros, y las pocas personas que esperaban en el andén subieron calmadamente, muy distinto a los días de semana, cuando todos se apresuraban por llegar a sus trabajos.
Adentro, lo vagones estaban casi vacíos y habían asientos disponibles para elegir donde sentarse. Haida deseó que ojalá fuera de ese modo todos los días, en vez de tener que irse de pie y apretujado con el resto de los pasajeros. Luego pensó que no le importaría compartir su espacio si viajase con Retsuko. De ser así, ir apretados no se oía tan mal.
Cinco estaciones después, Haida emergió del subterráneo hacia la superficie. Por lo general, en esta última parte del trayecto, cuando regresaba del trabajo o de beber con sus colegas de la oficina, tomaba el autobús de vuelta hasta su domicilio. Pero ya que hacía un día tan agradable, y dado que no tenía ninguna prisa ni estaba cansado, decidió irse a pie.
En el camino, aprovechó de llamar a su mamá, a quien, al igual que Fenneko, había prometido avisar de su alta médica tan pronto fuese autorizada.
Cuando enfermó y fue a parar al hospital, del trabajo notificaron a su familia y, a las pocas horas de haber sido ingresado en una habitación, recibió una llamada de su madre, evidentemente, preocupada. Tras asegurarle una y otra vez que no era nada grave, Haida logró convencerla de que no viajara a la ciudad solo para verlo a él por tan poca cosa.
Tu madre no estaría tan preocupada, si tuvieras a alguien a tu lado que cuidara de ti, fue lo que le dijo su padre cuando habló con él por teléfono, desde la camilla del hospital. No les había presentado ninguna novia desde hacía varios años, y su viejo solía aprovechar cualquier instancia para abordar el tema de su vida amorosa y de paso restregarle en la cara que él, a su edad, ya estaba casado, tenía dos hijos y una hipoteca en el banco.
Pero a su padre también se le olvidaba, y de manera muy conveniente, de que aquello fue en otra época y que los tiempos de ahora eran muy distintos a los de su generación.
—¿Te dieron el alta? ¡Oh, me alegro muchísimo! —Oyó la voz de su madre desde el otro lado de la línea—. Ya estaba pensando en ir a verte, si te dejaban otra semana en el hospital. Después de todo, no hay nada como los cuidados de una madre para lograr que su hijo se sienta mejor. Todavía recuerdo aquella vez, cuando aún eras...
—... muy pequeño y me dio varicela —la interrumpió, adivinando exactamente lo que iba a decir—. Sí sé, mamá. Has contado esa historia como un millón de veces.
—Y no me canso de contarla. Es que eras tan pequeño. Apenas tenías dos años, y el doctor dijo que tardarías varios días en recuperarte, entre una a dos semanas. Me partía el corazón verte tan enfermo, pero, ya que siempre estuve ahí para cuidarte...
—...sólo tardé cinco días en sanar —volvió a interrumpirla, otra vez adivinando cada palabra, lo que hizo reír a su mamá y, por algún motivo, también a él.
A medida que continuaron platicando, su madre le preguntó acerca de su permanencia en el hospital, su tratamiento contra la neumonía, el trabajo en la empresa y, por último, si se estaba alimentando bien. Él respondió a todo de buena gana y le habló de algunas otras cosas, aunque evitó tocar el tema sobre haberle declarado sus sentimientos a una chica. Todavía era muy pronto y ni siquiera estaba seguro de si sería correspondido o no.
—Tus hermanos y hermanas te mandan saludos —le dijo su mamá para dar término a la conversación—. Esperamos que puedas venir pronto a visitarnos.
—Yo también lo espero. Dales saludos a todos de mi parte.
Tras despedirse, colgó y guardó su celular de vuelta en el bolsillo.
Luego de veinte minutos de caminata hablando por teléfono, llegó, casi sin darse cuenta, hasta el edificio de departamento donde actualmente alquilaba uno.
Cruzó la entrada y atravesó el vestíbulo hacia los elevadores. Mientras esperaba a que uno de estos descendiera del noveno piso al primero, volvió a pensar en Retsuko y se preguntó qué estaría haciendo en ese instante ¿Estaría pensando en él, así como él pensaba en ella...?
El ruido de la campanita anunciando la llegada del elevador lo sacó de sus pensamientos y lo trajo de vuelta a la realidad, aunque, de ser posible, hubiese preferido seguir soñando despierto.
Continuará.
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El Amor Cuenta (Descontinuada)
Lãng mạnEl amor es como la contabilidad; tiene sus costos, pero también sus beneficios. Tras la ruptura con su novio, Retsuko recibe la inesperada confesión de quien menos se lo imagina. Temerosa de un nuevo fracaso, ¿valdrá la pena dar una segunda oportuni...