Estar o no estar

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Narrador Omnisciente

-Están listos para esto? - preguntó Percefone a la pareja mientras les daba dos relucientes perlas negras.
Eros y Maya estaban tomados de la mano, apretaron las redondas piedras entre sus manos libres y asistieron

- Eros, ya conoces tu hogar piensa en el, específicamente en los prados de tu madre y Maya tú solo dejate llevar, relájate y por Zeus no pienses en ningún lugar de la tierra- Maya tragó saliva pensando si era posible controlar sus pensamientos con tales nervios.

- Ahora, solo tienes que decir la oración que te enseñaron tus padres para viajar por los mundos, Eros- le informó Ares tomando a su esposa por la cintura, Eros miró de nuevo a Maya y con sus manos entrelazadas recitó

*Volo ire ad locum ubi omnia et nihil moritur in qua natus est, non hominum sed deorum homvres- y sus figuras se convirtieron en humo frente a la pareja del infierno

Maya contuvo la respiración, una suave brisa cruzó todo su cuerpo, una brisa helada y de repente su cuerpo tomó una temperatura agradable y por su nariz la embriagó el más bello aroma que no había olido jamás

- No lo necesito pero aún así estas quitándome la posibilidad de respirar, corazón- Maya abrió los ojos dándose cuenta que sus cuerpo ahora estaban pegados y ella se aferraba a él como tratando de fundir sus figuras, cuando dio el primer paso hacia atrás sintió el suelo moverse

- Te adaptaras, el suelo es algo más blando por aquí- Maya no supo que decir su atuendo y el de Eros habían cambiado, ella Lucía una especie de bata blanca con destellos y finos bordados pero Eros, él llevaba un traje tan elegante, digno de un Dios, pero lo que más la asombraba era la fina corona dorada sobre su cabeza.

-Tu.. Tus- susurró ella

- Mis alas? Lo siento son un poco incómodas para esconder- Maya ya lo había hecho pero la hipnosis de volverlas a tocar llenaba su mente, Eros sonrió abiertamente al ver por parte de ella su mirada de adoración así que aprovechó para alardear un poco y de un salto voló hacia lo más alto de lo que parecía el cielo.
Maya retrocedió para poder verlo y a sus majestuosas alas ser desplegadas, Maya caminó un poco más para contemplarlo hasta que sus pasos se hicieron torpes y su figura tocó el suelo, solo hasta ese momento pudo darse cuenta del lugar donde estaban, los Verdes parecía dorados, la naturaleza era aún más hermosa que en su mundo.

- Es hermoso- le susurro a Eros cuando sintió su presencia atrás de ella.

- Eros!! - ambos escucharon una voy femenina trás de ellos, el Dios del amor desplegó de nuevo sus grandes alas escondiendo del todo la figura de Maya trás de él.

-Artemisa- suspiró Eros al ver su figura,  diosa de la virginidad,  la caza,  el bosque y los nacimientos,  tenía tanta compasión y amor hacia los humanos casi como Eros, se la pasaba el mayor tiempo en aquel jardín de Gea.

- Haz visto pasar a un pequeño conejo por aquí? - preguntó la diosa sacando y su arco plateado

- Madre sabe que de nuevo estás cazando sus conejos? - preguntó el dios sabiendo que a su madre no le gustaba que cazaran en sus terrenos.

- Tu madre a salido en un viaje para visitar a padre tiempo así que cada quien hace de lo suyo por aquí- informó la diosa con una sonrisa traviesa,  Artemisa no era mala, solo algo traviesa y un poco más inocente que todos los otros dioses.

- Creo que ví una bolita blanca esconderse por los arbusto más al sur- Eros le giñó un ojo en complicidad y la diosa joven salió corriendo con una carcajada hacia lo lejos despidiéndose del Dios con un ademán de manos.

- Ella matará al Consejo? - preguntó Maya asustada trás sus espaladas.

- No,  sus flechas no son de caza en realidad, los conejos de aquí saben que juega con ellos,  cuando saben que viene juegan y se ruedan sobre del pasto como si les disparara un tiro limpio aunque en realidad solo les hace cosquillas,  sin embargo a madre no le gusta que jueguen con "armas"-

- Bueno eso es raro sabiendo que le dio a su hijo una flecha y arco para dispararle a los humanos-

- La historia es algo distinta, en si ella no me los dio,  yo los adopté pero esa es una historia de siglos-

-Eros- habló Maya con sutileza

-Mm- Eros apenas hizo un sonido para darle a entender que la oía,  mientras estaba buscando algo.

- Qué haremos ahora?- Eros podía oír el miedo impregnado en su pregunta,  tomó su cara entre sus grandes manos y la vio a los ojos solo para que ella pudiera darse cuenta tal vez así que con el nada debía de temer.

- Buscaremos el árbol de la divinidad,  comerás su fruto y así podremos quedarnos aquí en el olimpo una eternidad- en la mente de Eros era una maravillosa idea pero en la de Maya no,  dejar su mundo terrenal,  que iba a hacer ella en el limpieza y una eternidad, tanto tiempo? 

Cómo se sabría adaptar a tal cosa?!

Antes de que Eros pudiera preguntar por su cambio Eros pudo ver a lo lejos una cabellera rubia y una sucesión melodía silbada al viento,  el Dios conocía perfectamente de quien se trataba.

- Maya,  necesito que te ocultes trás aquello árboles por favor no salgas,  te buscaré en unos minutos,  que nadie te vea,  rápido- el repentino cambio hizo asustarse a Maya y a pasos torpes siguió las órdenes de Eros,  los árboles eran lo suficientemente frondosos como para ocultarla y que pudiera ver por un pequeño hueco que pasaba con Eros y su repentino misterio.




Amor Escrito en Griego (TERMINADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora