La joven loba se aproximó a la mujer que parecía dormida en el suelo lentamente empezando a olerla por todas partes, en principio alejada luego casi uniendo la nariz a su rostro. Se asustó al verla mover, se sentó a mirarla ladeando la cabeza para entender que pasaba. Hasta ver sus colmillos
-Oh.- Susuró, que loba más extraña.
Clarke estalló en furia al escuchar su pensamiento, ¿loba? ¿Acaso la mocosa no sabía con quién estaba?.
-¿¡LOBA?! ¡Mocosa insolente!- pensó en tomarla del cabello y arrastrarla hasta que su rostro no pudiese ser reconocido, cuando sintió que su seca garganta le reclamaba por el grito que había soltado. Empezó a toser con fuerza, raspando su garganta con fuerza.
Lexa revolvió su bolsa hasta sacar de su morral una pequeña botella de metal, que aproximó a los labios de aquella para hacerla beber sangre
-Bébe... S...seguro te repondrá--dijo la joven muy bajito para que sólo ella pudiese escucharla, mientras daba una ojeada a todo el lugar desde la distancia
-Que se te grabe, no soy un lobo, niñata insolente.- dijo la rubia en un susurro que le desgarraba la garganta, giró el rostro rechazando la botella, no compartiría nada con un lobo, y mucho menos, dejaría que uno sienta lástima por ella. Abrió los ojos lentamente mientras el dolor volvía a su cuerpo, y la observó. Piel levemente pálida, castaña y... Era una niña. Sus ojos tan verdes como el bosque, no paraban de recorrerla con la mirada.
Lexa bajó la mirada, apenas había podido vislumbrar aquellos ojos tan azules como el cielo. Se sentía rechazada. Y no entendía porqué le dolía tanto.
-Lo siento mi señora, no era mi intención.- se alejó un poco de ella para tomar la cobija y echarsela encima. -Soy Lexa- dijo volviendo a recuperar su sonrisa mientras caminaba alrededor de la celda con cuidado.
-¿Y? ¿Acaso esperas que te diga mi nombre?- la rubia no le daba tregua, con la voz muy ronca, y rasposa cerró sus ojos azules nuevamente para sentir que descansaba mientras sus heridas se curaban.
Lexa hizo un puchero sintiendo algo de decepción. Arrogante. Pensó, mientras observaba desde lejos sus moretones.
Clarke rió levemente. -Si eso crees ¿Qué haces aquí mocosa?- aún manteniendo los ojos cerrados negaba, empezaba a recuperarse.
Lexa frunció el ceño acercándose. -¡Es de mala educación escuchar los pensamientos de los demás!- soltó algo molesta.
Clarke sonrió de lado sin mirarla. -Es de mala educación invadir el espacio personal de alguien sin su consentimiento.- ella no pudo observarlo, pero los colores subieron a las mejillas de Lexa sin que ella pudiese hacer nada para evitarlo.
-Además. No entiendo a los de su especie ¿Acaso mandan a los niños a visitar a lo prisioneros siempre?- Clarke ciertamente no entendía que hacía la pequeña loba en su celda.
-Apenas tengo doce, ¿para qué te tendría prisionera?- dijo la pequeña sin mirarla, le daba con toda confianza la espalda. -Dudo que quepas por donde entré, asi que..busco un lugar por el cual sacarte.- Se encoge de hombros mientras acaricia la pared con sus manos, algún viejo bloque tenía que ceder.
Clarke se sentó de golpe al escucharla. ¿Quién se creía ella?
-¿Y quién te ha dicho a ti que yo quiero salir de aquí?- frunciendo el ceño alerta a los movimientos de la joven.
Lexa se quedó en silencio, e igual marcó con su navaja dos de los bloques que estaban flojos. -Que no saldré de aquí, ya vete mocosa.- Clarke volvió a recostarse enfadada y sin volver a mirarla.
Lexa la observó de soslayo, algo tenía aquella que le llamaba la atención. -Eres una loba muy extraña.- dijo recostandose en la pared.
-¡No soy una loba, soy un jodido vampiro!, así que vete ya, si no quieres que te coma.- gruñó la rubia cerrando sus ojos con fuerza.
No me molestaría nada. La pequeña loba sonrió de lado mientras rayaba con su navaja el hielo. El sonido era insoportable.
Clarke se levantó de golpe tomándola del cuello elevándola hasta su altura. -Mira muchacha, no sé quién te crees que eres, pero tengo muy en claro que solo necesito apretar mi mano para matarte.- Clarke estaba furiosa. Sus ojos antes azules ahora se veían completamente rojos, consumidos por la sed de sangre y la furia.
Lexa sentía miedo, mucho. El aire apenas pasaba hacia sus pulmones. Cerró sus ojos y sin pensarlo se transformó en una pequeña lobezna de color negro. Aullaba de dolor mirando a Clarke con miedo.
Clarke la soltó con algo de fuerza. -¡Largo! Maldito perro.- el pequeño se golpeó contra la pared, y ahí Lexa volvió a su forma original. Sin decir nada por todo el miedo que le causaba tomó su morral dejando la pequeña botella ahí escondida. Y salió por donde había entrado en dirección al bosque.
Clarke suspiró aliviada y se recostó en el piso, era mejor así. Así nadie la iba a buscar y así nadie la iba a extrañar. Cerró los ojos intentando no perderse en los recuerdos. En porqué estaba ahí. En cómo, había llegado ahí. Una lágrima bajó por su mejilla hasta que escuchó a los lobos acercarse. Se secó aquella muestra de debilidad y esperó.
El proceso de tortura se repitió al menos tres veces más aquel día. La última vez decidieron quebrarle dos costillas y marcarle a fuego un W en su pecho izquierdo. Sin olvidar tirarla inconsciente en su helada celda.
-
-¡Mamá! ¡Mamá!- una pequeña rubia de ojos verdes se acercaba a ella corriendo para abrazarla. Su pequeña niña.
-Maddie, ven aquí.- la elevó entre sus brazos mientras entraba en su casa. Con la mujer que amaba. Nylah se dió vuelta y la saludó con un beso.
-¿Cómo fue cariño?- aquella era su familia. Su tan amada familia.
Recordaba con claridad, cuando todo se esfumó.
=(
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Madre Luna.
FanfictionAU-Clexa. -Deja de maltratarme, Amor.- Dijo la pequeña morena bajando la mirada con lágrimas en los ojos. -¡Qué no soy tu amor! ¡Soy miles de años mayor a ti!- Sentenció la rubia mayor, encerrada en aquellas paredes de hielo. -M..Mi padre me dijo...