¿El último día o el primero?

9 2 2
                                    

Mirar las hojas, ser consiente de todas esas palabras escritas por tu propia mano. Las lágrimas cayendo de tus ojos, o no, no esta vez, después de tantas veces derramadas, esta vez no hay. Sequedad, eso es lo que hay, no más. Tú corazón se comprime, sientes tu respiración atorarse en la garganta y sabes que es rabia. Analizas el problema, pero no sabes por dónde empezar, ¿fue ayer quizá?, tal vez cuando empezaron a ignorarte, ¿cuándo sentiste que no había ya nada de sentimientos por ti? No, sabemos que no fue ahí.

Te sientas sobre la cama, miras alrededor de tu cuarto pequeño, escuchas el ruido de las cigarras, el ruido de la batería de tu foco que a veces suele ser irritante, pero a pesar de todo, lo prefieres, es el único sonido, además de la música, que resulta agradable últimamente. Es el sonido de la soledad, pero un sonido más placentero que el de estar acompañada, porque, aunque estás solo tú, tu computadora y tus libros, es el único momento en que no eres consciente de esa sensación de vacío. Nunca has sabido estar sola, siempre necesitando de alguien, siguiendo a los demás para evitar ese vacío incómodo, de frío y melancolía, ese hábito que sirve para apagar tu voz interior, que te mantiene inútil e indefensa, pero segura. Pero todo se desplomó cuando estando acompañada te empezaste a sentir verdaderamente sola, cuando te empezaste a apagar, es triste, ¿no? Un segundo estar feliz y al otro desear arrancar esas páginas, aquellas donde reíste, pero también lloraste, donde los mejores momentos ya no son suficientes, donde tu alma ya no quiere ceder, se ha sentado en un baúl y no desea levantarse, solo quiere quemarse.

Y, ¿por qué?

Ellos dirán que, por cobarde, otro por débil, todos tienen su propia opinión, algunos dirán que estabas loca, que eras rara y nadie podía entenderte. Cuchichearán sobre ello, dirán que fue su culpa o que fue de tus amigos, de tu familia, que te encerrabas sin mirar a nadie y seguro hacías cosas que te llevaron a ello, mientras lo único que hacías era escribir, leer y cantar. Tu verdadera pasión, la que nadie tomo enserio, la que nadie nunca entendió ni apoyo.

Sentirás el peso de todos los años sobre tus hombros, como alfileres sobre tu espalda, que ellos interpretarán como plumas. Los miedos contra los que luchaste batallas enormes, ellos las verán como pequeñas disputas verbales sin sentido. Las náuseas, dolores y debilidad física que te tiraban, hablarán de ellas como simples pretextos. Todas las quejas que en su momento hiciste, con el fin de arreglar las cosas o hacer notar tu inconformidad, pasarán como berrinches sin sentido y en otros casos, como remordimientos ya innecesarios. Finalmente, si esto es público, dirán que es una ridiculez, habrá frases como: "Quien lo va hacer, no lo dice"," Solo buscaba atención", porque claro, ellos son expertos en el tema y lo saben muy bien. Hablarán. Juzgarán. A nadie le va importar.

Para ellos tus razones y tu dolor, no es suficiente, no has sangrado lo debido para poder huir y entonces, según su lógica debes seguirlo haciendo o encontrar el problema para dejar de hacerlo y sino, dejar de quitarle el aire a quien sí está lográndolo, ya que tal vez el problema eres tú. Es tu culpa por nacer así, porque tú personalidad es así, sin saberlo te darán pie a que lo hagas, aquellos que dicen quererte lo negarán, pero cuando sus rostros se giren a ti y se paren a tu lado rodeado de gente, te sentirás de nuevo solo, entonces sabrás que ellos son quien menos podrán ayudarte y a quienes tu presencia como es, más lastima.

Entonces, sin que nadie mire, te pararás frente al espejo, miraras el frasco en tus manos y sabrás en ese momento que es tú decisión, que no depende de los que te aman, ni de los que te odian o a quienes no les interesas, sino de ti. Si aún hay una razón en ti para quedarte o no. Entonces sabrás, que es contrario a lo que piensas, la decisión de irse es más difícil que quedarse, si te vas, ya no habrá nada, con alta probabilidad, solo silencio, pero si te quedas puede que aun tus libros y ese sonido de las chicharras se vuelva tu amigo, sin embargo, es cierto, cómo aprender a vivir si nunca lo has hecho de verdad, si nunca te dejaron hacerlo. Miras la diferencia y la decisión en el número de pastillas colocadas en tu mano, las tomas y con ellas tu decisión. Te recuestas dispuesta a soñar, segura del cambio que esperabas está ahí. Y entonces, tal vez, alguien abra los ojos en esa misma habitación, tal vez alguien muera y nazca ese día.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Jul 10, 2018 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Morir y nacerWhere stories live. Discover now