VIII

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Despacho de Alfredo:

Roi y Ana, con las cabezas gachas, fueron empujados por Agoney y Miriam hacia el centro de la sala, dónde el general Alfredo estaba situado.

Alfred y Cepeda se mantenían al margen, apoyados contra la pared, esperando cualquier movimiento por su parte.

El chico y la chica seguían siendo sospechosos. No habían hablado desde ayer. Agoney y Miriam no consiguieron que soltaran prenda. Por lo tanto, se rindieron y esperaron a la madrugada siguiente.

Los dos miembros del ejército verde sabían que la única persona capaz de hacerlos hablar era Alfredo.

- Miradme – el susodicho se pronunció tras un silencio tenso.

Alfred los miró. Ellos levantaron la cabeza y observaron de reojo a Cepeda. Este apartó la vista.

- ¿De dónde venís? – su padre volvió al ataque.

Miriam dio un toque con el rifle a la chica en la pierna. Esta la miró asustada.

Alfred contuvo la respiración. Parecía que iban a hablar en cualquier momento, pero reacios a lo que puede venir después, se callan.

- Vamos a empezar por otro sitio... ¿cómo os llamáis?

El chico dio un pequeño paso hacia delante. Alfred vio como Cepeda saltaba, dispuesto a actuar. Él le puso una mano en el antebrazo a su primo de sangre. Solía ser impulsivo, y para frenarlo, ahí estaba Alfred.

- Me llamo Roi – la voz del desconocido era firme.

- Yo soy Ana – ella, que quería imitar de alguna forma a su compañero, hizo acopio del valor que probablemente le faltaba.

- Bien – asintió Alfredo – Miriam, Agoney, soltadlos. Id con el resto de soldados y agrupadlos. Tenemos que iniciar las patrullas al mediodía. Cepeda, hijo, quedaros aquí.

Miriam y Agoney asintieron a la orden de su general. Alfred y Cepeda ocuparon sus puestos. Roi se irguió cuando Cepeda agarró su brazo.

- ¿Sois hermanos, o parientes? – preguntó de nuevo Alfredo.

- Somos amigos – dijo Ana, ligeramente ruborizada. Alfred estaba a su lado, y la mantenía sujeta por el antebrazo.

- Entendido. ¿Sois de Hundai o de otro asentamiento?

Roi y Ana se miraron entre ellos, confundidos. Fueron rápidos en contestar, pero la mirada de Alfred a Cepeda hizo que en ambos saltaran las alarmas.

- Somos nómadas, señor – dijo esta vez Roi – venimos de bastante lejos. Hemos perdido a nuestra familia...

- ¿También habéis perdido a vuestra familia? – Alfredo estaba sorprendido – da la casualidad de que hay tres chicas y una niña que también son nómadas y perdieron a su familia. Llegaron hace dos días más o menos.

Alfred miró a su padre.

- Hijo, busca a Amaia y a las demás. A lo mejor se conocen.

Alfred, que seguía reticente, salió de la habitación tras asentir con la cabeza.

- Espera – Cepeda le siguió.

El silencio tenso que había entre ambos se rompió cuando el mayor inició la conversación.

- Alfred... lo siento, por lo de ayer. Entiendo como eres, sé que no te pareces a mi en nada, y tengo que empezar a entenderlo...

- Tenías razón, primo. A lo mejor no valgo para esto...

Efecto Mariposa - OT 2017 - @beyourlaugh & @MunayGirl23Donde viven las historias. Descúbrelo ahora