Capítulo 44

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 MIÉRCOLES

 9pm 

19 HORAS RESTANTES

Después de haber buscado flores que no hubiesen sido dañadas por el granizo, y formar con ellas un pequeño racimo, Isaac se dispuso a regresar cerca de la orilla del río, donde se quedó Fernando alegando que no podía dejar solo a Iván aunque hubiese otra razón para no querer moverse de ahí.

La lluvia amainó en cuanto Isaac recorría el camino, no del todo, aún se sentían las gotas caer pero no con la misma intensidad que hacía una hora. El muchacho encontraba la situación muy difícil, se sentía enfermo físicamente, más bien enfermo emocional.

Sin embargo había algo que sí sintió físicamente. Dolor. Su tobillo comenzó a dolerle diez metros después de haber comenzado a caminar, se reprendió por ello, por no ser lo suficientemente fuerte para ignorar el dolor, no obstante en este punto no podía quejarse, El Charco quedaba cerca; quería irse ya, deseaba llegar al punto de encuentro pero más que nada anhelaba volver a verla, volver a ver a su hermanita.

-Bien, éstas son las pocas que pude encontrar-. Murmuró dolido una vez que llegó y pudo ver a Iván.

-Uhm, gracias. Ponlas por allá-. Dijo con voz trémula el joven y señaló hacia la rama de un árbol donde colgaban las mochilas. Isaac colocó el ramo encima de una de éstas teniendo cuidado de que no cayera de ahí.

-¿Qué... qué fue lo que decidieron?- se animó a preguntar Isaac titubeando.

-Nada-. Suspiró Iván acercándose, no se ha apartado de ella. Y no he logrado que me hable-. Ambos miraron hacia donde se encontraba Fernando, de rodillas y mirando el suelo.

-Ya-. Isaac se sentó en el pasto mojado y se apretó el tobillo con ambas manos, disimulando el dolor que sentía por dentro – No sé cómo puedo ser útil, a decir verdad me siento culpable.

-No seas tonto, Isaac. No te culpes por eso, todos conocíamos los riesgos.

-Debí haberme quedado con ellos todo el tiempo.

-Por favor... ¡Basta!-. Soltó Iván apretando la quijada y los labios, su expresión sugería que quería llorar sin embargo el muchacho fue lo suficientemente fuerte como para mantener las lágrimas dentro de sus ojos y no dejar escapar ninguna si no hasta que Isaac lo miró.

-¡Oooh! Iván. Ven aquí, anda...- le ordenó señalando con la cabeza hacia un costado suyo, invitándolo a que se sentara, el muchacho obedeció y se llevó las manos a la cara, Isaac le pasó una mano por los hombros y lo apretó contra sí- lo siento muchísimo- se sinceró- sé que la conocías mucho mejor que yo y no puedo ni imaginarme lo que...

-No lo empeores por favor, solo... no hables-. Pidió entre sollozos que sonaban cada vez más dolorosos, más desgarradores.

-Perdóname, es que soy un idiota y nunca sé cuando callar-. Sugirió Isaac estrechando aún más al joven que se recargó en su hombro derecho.

-Sí, eres un idiota-. Soltó Iván con mil lágrimas sobre su rostro pero...riendo, al menos el chiste había funcionado.

Isaac abrazó fuertemente a Iván mientras se desahogaba pero sus ojos estaban puestos más allá, hacia Fernando. El pobre seguía en la misma posición y lloraba en silencio. Solo que había un error: no miraba el suelo sino el cuerpo de la mujer maravillosa, fuerte e inteligente que acababa de pasar del otro lado, pero del otro lado de la vida.

Si tú vas, yo tambiénDonde viven las historias. Descúbrelo ahora