Capítulo 2

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[Obra creada en dúo por @Violet-Link & Pavlopp ]

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El barco misterioso.

El ambiente nuevamente había recuperado su calma duradera ante la desaparición de aquella nave que en un instante se había llevado todo sosiego adherido a su casco mientras quebraba sutilmente el agitado oleaje en alejamiento hasta, de la misma e inesperada forma en que apareció, se esfumó sin dejar rastro alguno.

Para ambos aventureros aquél avistamiento del misterioso barco destrozado que aún se mantenía a flote y su posterior desaparición, había despertado en ellos no sólo el miedo sino también la emoción que los mares traían consigo.

Sin embargo, cuando ambos recuperaron la cordura, descubrieron al instante que la noche había comenzado su reinado con la brillante lumbrera en su trono y en ese momento el recuerdo de sus estómagos vacíos los había obligado a moverse a su misión inicial.

-Vamos Vio, mi madre debe estar preocupada..- Poll rompió el silencio.

Y en ese momento, él tomó la mano de la joven mientras nuevamente la guiaba hasta su hogar.

El camino de regreso desde la bahía al pueblo no sólo era corto sino que también tranquilo pues la mayoría de los pueblerinos ya se hallaban bajo la calidez de los techos de sus hogares mientras la taberna al lado de la pequeña casa de madera ahora comenzaba a ser abierta al público.

No les tomó mucho tiempo para que aquella casa de madera pronto se mostrase en su camino, era el hogar del chico azabache.

-Hemos... llegado.. madre..- Poll mencionó cabizbajo debido a la tardanza de ambos.

-Nosotros.. lo sentimos.- Vio también se dejó oír al ingresar por el umbral de la endeble puerta de oxidados picaportes.

Pero lo que ambos pensaron que se trataría de un fuerte reproche debido a que la noche había caído y ellos aún se hallaban en medio de la bahía, terminó por ser un inesperado abrazo de la preocupada madre de Poll quién, al soltar lágrimas, los había envuelto en un fuerte abrazo.

-Me tenían muy preocupada, gracias a Dios que están bien..- Comentó la mujer con los ojos llorosos.

Y finalmente se había separado de aquellos mientras tomaba asiento frente a la mesa de comer ya servida, la cuál se hallaba decorada con una blanca tela semi rasgada, unos tres platos de porcelana dibujados, cubiertos dispuestos de forma ordenada y una humeante carne cocida en salsa roja.

Para aquella humilde familia, el sustento de sus vidas consistía siempre en la taberna situada al lado, la cuál era dirigida por el padre de Poll cuyos ingresos diarios habían permitido la construcción de aquella pequeña casa que, recubierta con paredes de madera vieja aún destacaba en su pulido color café oscuro.

-¡Está delicioso!.- Exclamó Vio mientras degustaba la cena.

Poll parecía no contar con tiempo suficiente para hablar en medio de la comida.

-Es una receta de mi madre, ella era una estupenda cocinera hasta que abandonó su empleo y comenzó a dedicarse al cultivo de vid.- La mujer, que llevaba por nombre Martha, había respondido.

Mientras los contentos niños terminaban con su cena más rápido que de costumbre.

-Madre, ¿Podemos ir a la taberna ahora?.- Interrogó Poll al terminar su trozo de carne.

-Oh niños, al parecer ya se hallan emocionados por las historias que Thomas les cuenta todas las noches, bien, pueden ir pero asegúrense de volver antes que tu padre reciba a sus clientes, yo los esperaré aquí mientras preparo sus camas.- Respondió la mujer.

Y no bastó de más tiempo para que ambos aventureros abandonasen la cocina conectada a la salida de la casa.

-¡Tenemos que contarle a papá lo que vimos.!- Poll interrumpió mientras llevaba a su amiga hasta su padre.

La taberna de Thomas distaba de ser un lujoso lugar pues las contínuas riñas entre los bebedores que la frecuentaban, habían terminado por causar destrozos en las mesas y la barra del lugar, sin embargo era de igual forma muy transcurrida por ser la única taberna que el pequeño pueblo de Clover mantenía abierta.

-¡Padre!.- Poll alzó la voz al ingresar a la taberna.

Sin embargo el hombre no se hallaba en la barra como de costumbre.

-No está aquí..- Vio rompió el silencio.

Hasta que ambos fueron capaces de oír sonidos lejanos desde el depósito tras la barra, el hombre se hallaba ahí.

Con ciudado de no mover las endebles mesas de roble crudo, ambos niños se dirigieron hasta el depósito, hallándose con el hombre de pelo azabache parado frente a un pequeño y desgastado cofre de madera, rodeado de inmensos barriles de vino sellados.

-Poll, Vio, que alegría tenerlos aquí, ¿Vienen para oír una nueva historia?.- Agregó el sonriente hombre vestido con un empolvado delantal blanco.

Y sin dudar, los aventureros ingresaron hasta el lugar acompañando al hombre, asombrándose por la presencia de aquél cofre de madera sellado.

-Padre, ¿Desde cuándo tienes un baúl así?.- Poll interrogó con sumo interés.

-Es exactamente de lo que vamos a hablar hoy, tomen asiento sobre esos barriles, yo les contaré todo.- Thomas respondió mientras sacudía el polvo de sus manos.

La pequeña bodega albergaba no sólo aquél cofre y los barriles de vino, sino también viejas sillas, utensilios de bebidas, papeles y empolvadas herramientas de todo tipo.

Cuando los niños se habían puesto cómodos, Thomas había tomado la llave que colgaba de su cuello a través de una fina cadena y la había introducido en la desgastada cerradura de aquél cofre, el cuál, al principio se había rehusado a ser abierto, más con el pasar del tiempo sus intentos de resistencia se habían terminado mientras lentamente, el cofre era abierto.

Y como almas ansiosas que esperan ver un reluciente tesoro, Poll y Vio se habían asomado, contemplando el interior del baúl.

-Son papeles...- Poll interrumpió con notoria desilución.

-Shh..- Vio prosiguió.

Y en ese momento el hombre rebuscó en el interior de su "tesoro", removiendo papeles hasta al fin dar con una desgastada y descolorida botella de vidrio en cuyo interior yacía un trozo enrollado de un amarillento papel.

-Les contaré, cómo fué que conseguí éste pequeño tesoro, y a dónde lleva.- Prosiguió el hombre mientras destapaba aquella botella.

Dejando a la luz aquél trozo de papel que, una vez había sido extendido, liberó todo rastro de su historia.

Y con emoción ellos contemplaron su contenido, era un antiguo mapa marcado.

Y con emoción ellos contemplaron su contenido, era un antiguo mapa marcado

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Almas del mar Donde viven las historias. Descúbrelo ahora