8. Una Rosa

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Habían pasado tres días desde que Mauricio se me declaró en la playa. En esos días estuve pensando todo lo bueno que ha ocurrido en las últimas semanas.

La llegada de Mauricio a mi vida, ha sido grandiosa. Ha hecho que cada día lo disfrute. Sólo a, él, se le ocurriría llevarme a dar un paseo en bicicleta.

Él, es el chico que cualquiera desearía tener en su vida. Tanto así, que tengo miedo de decir que Si y que después me deje porque encontró a alguien más.

Debería dejar de pensar en lo que sucederá a futuro y concentrarme en el presente, pero no puedo. No volveré a recuperar la vista. Y eso, siempre me hace pensar en lo que será de mi vida. Sebastian, formará su familia, mi padre un día dejara de estar y yo, solo deseo formar una familia.

Entre tanto pensar no me había percatado que estaba tocado la puerta de mi habitación. Avise que podían pasar, era Victoria, la novia de Sebas.

—Hola.—dijo mientras me abrazaba. —¿Cómo estás?

—Bien, ¿Tu?—dije sonriendo.—Puedes sentarte.—le hice un espacio para que sentará. Y así lo hizo.

—Me alegra verte contenta.Estoy bien.¿Qué tal tu corazoncito?

—Hay un chico, se llama Mauricio.—dije sonriendo, al recordar los momentos que me hace vivir.

Le narre a Victoria cómo nos habíamos conocido con Mauricio, todo lo que él ha hecho por mí en estas semanas.

Lo tierno que se comporta, todo lo que hace para que pueda tener una idea de como son las cosas. Detalla cada momento que me ha dado, como si lo estuviera viviendo de nuevo.

—Te das cuenta, ¿No?—dijo interrumpiendo cuando relataba la parte de lo que sucedió cuando estábamos en el agua.

—¿De que?—pregunte confundida, no entendía a que se refería.

—No te puedo asegurar que estés enamorada de Mauricio, pero si, que te gusta y que lo quieres como más que un amigo.

—Tal vez...—suspire sin saber realmente que sentía.—Desde que se declaró, no puedo sacar sus palabras de mi cabeza.—agregue.

—Entonces, ¿Cuál es el problema? Aunque lo niegues, sé que hay algo.—nos quedamos calladas. Después de varios segundos, Victoria, continuó hablando.—No creo que aún sientas algo por Santiago, ¿O sí?— me encogí de hombros.

Negué.—Por él, no siento nada. Y con Mauricio tengo miedo que las cosas no duren, estoy ciega...— hice una pausa, aún me dolía decir esa verdad. Él siempre va a tener que estar al cuidado mío por más que trate de hacerme la independiente.

—Deja esos miedos. No dejes ir esta oportunidad.—tomo mi mano derecha y la comenzó a acariciar.—Recuerda lo que decía tu mamá, cuando es amor verdadero, los obstáculos no son nada, no son un impedimento y no dejes que te impidan ser feliz al lado de la persona que amas.

—Aún recuerdas sus palabras.—dije sonriendo con nostalgia, en estos momentos es cuando más extrañaba de mi madre.—Gracias.

—¿Dónde está, Sebas?—dije cuando nos separamos del abrazo.

—Tenía que ir al supermercado a comprar unas cosas que le encargó tu papá. Pasará comprando pizza y helado. No tarda en regresar.

—Que rico.

Seguimos charlando con Victoria, por varios minutos, estuvimos recordando momentos vergonzosos que pasamos junto a Sebas. Esos momentos en los que solo nos divertíamos, sin preocuparnos por un futuro o sin tener el temor a tomar una decisión.

Amor Verdadero ( Maunés) AdaptadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora