XII

292 28 1
                                    


- ¡Mireya! – gritó Amaia, sin ningún tipo de discreción. Roi le tapó la boca con la mano.

- Alfred os estaba siguiendo, y me dio tiempo a distraerlo y convencerle de que yo iría mirar qué ibais a hacer.

- Uf – Roi soltó a Amaia – muchas gracias, por que poco.

- De nada – ella sonrió. Y los tres dieron la vuelta por el pasillo.

- ¿Visteis algo? – preguntó la rubia.

- Era cierto. A unos kilómetros de aquí por el norte hay varios asentamientos de colores claros. Servirán para que Alba y los chicos empiecen la búsqueda. Lo hemos desconectado para que nadie los vea. Con lo pedo que acabarán todos seguro que nadie se preocupará de las máquinas.

Se chocaron las manos, y regresaron al lugar, mucho más tranquilos.

- ¡Amaia! – gritó una voz conocida a sus espaldas.

- Hola, Alfred – la chica sonrió al verle.

Roi y Mireya compartieron una mirada cómplice antes de irse con el resto. Ana y él estaban al tanto de todo. Del plan que llevaban a cabo las tres chicas en la ciudad, de todo. En el almacén recibieron informaciones que les servirían en el futuro, crucial si querían seguir con vida en Hundai.

En la mesa de los naranjas, Aitana miraba el reloj, observando a sus compañeros con mirada urgente. Ellos la tranquilizaron.

Ana buscaba con la mirada algún tipo de divertimento.

Alfredo hizo un gesto con la mano, y un pequeño grupo de soldados se ofreció a acompañarlo adonde fuera.

Los chicos se pusieron nerviosos. Lo más probable es que fuera al despacho, y la máquina seguía desconectada. Sabría que habían estado ahí...

- Bueno, disculpad, me gustaría decir unas palabras...

Alfred se subió a la palestra. Buscó a Cepeda y Miriam con la mirada y ambos respondieron a su petición silenciosa subiendo a su lado.

- Nos gustaría dar una pequeña sorpresa. Mi padre no está aquí ahora y no va a volver. Por lo tanto...

De repente, y para increíble sorpresa de todos los presentes, en especial de los naranjas, la música empezó a sonar. Vieron varios altavoces.

Música.

Aitana y Ana sonrieron. Las veces en las que la música sonaba en el pasado en Arancia eran infinitas. Había una canción para cada buen recuerdo.

Los tres primos bajaron. Alfred se acercó a Amaia.

- No sé bailar... ¿tú sabes?

Ella se sonrojó. Tan atrevida que estuvo antes y ahora...

- No.

- Nada malo puede pasar, entonces – Alfred agarró a la chica por la cintura. Amaia rodeó su cuello con los brazos y una canción lenta hizo que las luces se aclararan. Que las cosas parecieran más brillantes.

La gente fue buscando a su pareja.

- Querida Ana – Roi, teatrero, se arrodilló ante su amiga del alma – siempre quise pedírtelo, lo sabes, ¿verdad?

Ella asintió, entre risas. Él le rodeó con los brazos y ella apoyó la cabeza en su hombro.

Aitana sonreía ante la estampa. Lo cierto es que hacían una parejaza. Aunque solo quieran ser amigos.

- Mireya, ¿bailas? – Agoney se acercó tímidamente hacia la rubia, y esta saltó de su asiento para acompañar al moreno.

Aitana, mientras tanto, solo podía pensar en Arya. Vicente dijo que estaría bien en el lugar, pero a ella no le daba mucha confianza. Lo cierto es que todos los niños verdes estaban separados de sus padres, y hacer lo contrario era un indicio más de que eran distintos. Pero el instinto maternal era más poderoso que las normas.

Efecto Mariposa - OT 2017 - @beyourlaugh & @MunayGirl23Donde viven las historias. Descúbrelo ahora