En un mundo donde la Era de la Piratería está en su auge máximo, dos jóvenes se embarcan en busca de aventuras en el basto mar azul con el que soñaban noche tras noche.
Iniciando gracias a un pequeño mapa en una botella que oculta un gran secreto so...
-¡Impresionante!- Exclamaron al unísono dos jóvenes voces.
Mientras Thomas se ponía de pié, rememorando el anterior momento, en el que había vivido la historia misma en carne propia.
-¡Ese forastero venció a un pirata fácilmente, es increíble.!- Poll alzó la voz.
-Sí que sabía pelear, creí que no se salvaría..- Agregó Vio.
-Ese hombre me otorgó esta botella después del destrozo que causaron en la taberna, aunque nunca me sentí capaz siquiera de leer lo que contenía, hasta hoy.- Prosiguió el hombre con una sonrisa.
Mientras extendía el desgastado mapa sobre uno de los empolvados barriles de vino, permitiendo que tanto Vio como Poll, fuesen capaz de ver una fina línea marcada alrededor de una isla desconocida para ellos.
-¿Es un mapa de tesoro?.- Interrogó Vio.
-Eso es lo que pienso pero...- El hombre inesperadamente calló.-
-¿Pero.?- Interrumpió Poll.
-Me temo que sea o no un mapa de tesoro real, para mí es imposible ir a por él.- Agregó Thomas.
-¿Y qué piensas hacer padre.?- Interrogó el chico.
-Por ahora, símplemente tenerlo como un tesoro y guardarlo, quizá, cuando seas un hombre vayas en su busca.- Respondió el tabernero con una sonrisa.
Mientras llevaba una de sus manos sobre la cabeza azabache del esperanzado niño.
-Hijo, es hora de que vayan a dormir, muy pronto abriré la taberna y no quisiera que los clientes los vieran aquí.- Mencionó Thomas con calma.
Y en aquél momento, aún con la emoción de aquella historia contada por su padre, Poll obedeció sin rechistar mientras guiaba nuevamente a Vio y se encaminaban lentamente a la salida y luego a su hogar.
Olvidando la propia historia de su extraño avistamiento en el mar por causa de la emoción.
-¡Tu padre tiene un mapa de tesoro!, qué afortunado.- Vio rompió el silencio con alegría.
Mientras aquellas almas aventureras abandonaban la taberna en la oscura noche, internándose en la casa de Poll que mientras sus padres se hallaban de pesca en altamar, se había convertido también en el hogar de la joven Vio.
-Cuando sea mayor podré ir a por él, ¡Qué emoción!.- Respondió el chico, tomando la mano de su amiga al ingresar al interior de aquella casa hecha de madera.
Por fortuna para ambos, como la taberna se hallaba al lado de sus casas, aquellos niños no tenían que preocuparse en lo mínimo por andar solos en aquella fría noche pues sólo un par de pasos los separaban de su destino.