Capítulo 32

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La única persona con la que había compartido su estúpido sueño era su hermana Lucy, y sabía demasiados secretos sobre su hermana pequeña como para que ésta lo delatara. Jimin intentaba molestarle porque sí, porque estaba enojado por algún motivo y había decidido pagarlo con el.

Seguramente debía de arrepentirse mucho de haberlo besado. Jungkook sintió el golpe de la ira en el estómago.

¿Quién era él para atacarlo de esa manera después de haberlo besado?

Estaba en su derecho de ignorarlo si no lo deseaba de verdad, pero no tenía por qué convertirse en un ogro porque hubieran pasado cosas que no le gustaban. En realidad era él quien había empezado. Pero el no estaba dispuesto a dejarle ver que lo había molestado. En lugar de eso, decidió tomárselo con humor.

—Si me sigues buscando, Jimin, me vas a encontrar —le dijo con una mirada desafiante, y dio media vuelta.

Mientras lo veía alejarse Jimin no pudo contener una carcajada. La rabia irracional que había sentido se había esfumado con aquel comentario. Juguetón y provocativo, el estaba probando sus alas con él. Sin embargo, algo le decía que era el momento de escapar. Esa faceta de Jungkook le era totalmente desconocida. ¿Pero qué sabía en realidad de el? Sólo conocía sus logros, proclamados a los cuatro vientos por sus padres, pero había una profundidad en sus ojos que daba miedo explorar. Su increíble belleza y su pasión ardiente le hacían perder la cabeza y eso era muy peligroso.

Él nunca se había planteado practicar el sexo en mitad de un parque, por no hablar del doloroso deseo que había experimentado unos segundos antes. Jamás había deseado a un hombre más que a un soplo de aliento. El deseo sexual era un viejo conocido suyo, pero nunca antes había sentido algo parecido a....Nunca antes... Y aún había más.

Había conseguido tocar una fibra sensible y el había esquivado el tema con maestría. ¿De qué se trataba todo aquello? Jungkook, el  chico que siempre complacía a sus padres... ¿Y a su amante? Tenía que averiguar su secreto, pero también quería averiguar cómo complacerlo.

Fue tras el y lo alcanzó con unas cuantas zancadas. Entonces li agarró de la cintura y le hizo darse la vuelta.

—La verdad es que sí quería encontrarte.

—¿Ah, sí? —dijo el, fingiendo seguridad en sí mismo. Sin embargo, Jimim podía ver más allá. El chico tímido y dulce aún seguía ahí. Una mezcla explosiva.

—No. Lo cierto es que quería encontrar a ese chico que se esconde.

—¿En serio? —dijo Jungkook, soltando una carcajada. Al oírlo reír Jimin lo deseó más que nunca.
—¿Y cómo ibas a hacerlo?

—¿Quieres que te lo enseñe? Deslizó las manos por la espalda del joven hasta abarcar su trasero. Piel contra piel. El abrió los ojos. No debería haberlo hecho, pero no podía parar. Sus dedos ardían de deseo antes de tocarlo. Había pensado que iba a ser capaz de tontear con Jungkook y así pasárselo bien en la ciudad.

Había creído que sería capaz de despertar el deseo en el dándole una de cal y otra de arena. Por eso había reprimido las ganas de besarle la noche anterior. Pensaba que un poco de tiempo lo haría salir de su cascarón, pero también quería ponerse a prueba a sí mismo, asegurarse de que podía echar el freno si era necesario.

Y había pagado un precio muy alto por sus pretensiones ; una larga noche en vela y una excitación dolorosa. Se había presentado en su casa a primera hora porque ya no podía aguantar más y ese beso que acababa de darle le había dado la vuelta completamente a la tortilla.

Jimin había perdido el control de la realidad. Su propia identidad había patinado sobre un camino cubierto de placas de hielo. Había olvidado quién era y dónde estaba. Lo había olvidado todo excepto a el; su calor, el tacto de su piel... Hiciera lo que hiciera, el siempre sentaba un precedente. Jungkook competía en las Olimpiadas mientras que él estaba más acostumbrado a las competiciones locales.

Jimin no las tenía todas consigo. Se había lanzado a ir tras el sin pensárselo dos veces y era incapaz de irse sin más. La tentación y el deseo lo tenían atrapado en sus garras y apenas era capaz de controlarse. Cuando le había dicho que no sería capaz de parar hablaba muy en serio. Se suponía que tendría que haber sido un simple beso, pero su cuerpo había reaccionado de una manera insospechada.

Una tentadora propuesta | JikookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora