Capítulo 40

159 25 0
                                    

—Dime una cosa.

—¿Qué?

—Dime por qué quieres hacerlo. Demuéstrame que no es porque crees que tienes que hacerlo. Jungkook se quedó paralizado, atenazado por la vergüenza.

Jamás había hecho una cosa así. ¿Decirle lo que realmente deseaba y por qué lo deseaba? Ni siquiera recordaba la última vez que había sido sincero consigo mismo.

Lo miró fijamente y vio un desafío en su mirada.

«Es un juego...», se recordó a sí mismo. Podía inventar las reglas si así lo deseaba.

—No voy a hacerlo porque crea que quieres que lo haga. Maldita sea, parece que no quieres. Quiero hacerlo por mí —carraspeó un poco y trató de sonar más convincente, pero la voz no lo acompañaba—. De acuerdo, nunca... he tocado a un hombre de esta forma. A lo mejor siento curiosidad. A lo mejor quiero aprender. A lo mejor quiero hacerte sentir lo que tú me haces sentir a mí. Quiero saber que puedo hacerlo. Se sentía muy incómodo, pero había sido él quien le había dicho que sería su entrenador. Jimin se incorporó, lo agarró de la barbilla y se inclinó para besarlo, suave y sutilmente. Entonces lo miró a los ojos y el le sostuvo la mirada. De pronto él se quitó la camiseta.

—Si insistes, ¿quién soy yo para impedirlo? —dijo, y esbozó una sonrisa de las suyas. Jungkook quería descubrir su gloriosa virilidad centímetro a centímetro. Sonrió con timidez.

—Quiero descubrirlo por mí mismo, Jimin.

Él se recostó en la cama.

—No creo que te lleve mucho tiempo, Jungkook. Esta conversación ya me está volviendo loco. Jeon se inclinó sobre él y empezó a tocarlo, primero con los dedos y después con la lengua. La vergüenza desapareció en cuanto la curiosidad se apoderó de el. Era emocionante descubrir qué lo hacía estremecerse o gemir de placer. Jeon se deleitó en aquella tarea, disfrutando todas sus reacciones. De pronto él lo agarró de los hombros y le hizo mirarlo a la cara.

—¿Bien? —le preguntó el. Jimin asintió con la cabeza y Jungkook volvió a inclinarse.

—¡Jeon, Jeon, Jeon! Lo agarró de los brazos y tiró de el.

—Por favor, no me digas que estás demasiado adolorido —le dijo, sacando un preservativo.

—No demasiado —dijo el sonriendo.

—¿Estás listo? —le preguntó con la voz entrecortada.

—Sí.
















A las siete y media Jungkook entró en su despacho y se detuvo tras dar unos pasos. En su jarrón había un perfecto tulipán rojo. Miró a su alrededor con la esperanza de que alguien presenciara la sonrisa más radiante de toda su vida. No había nadie. Y entonces se castigó a sí mismo. «Chico idiota». Fue incapaz de concentrarse en la pantalla del ordenador. Sus ojos no hacían más que mirar hacia aquella flor y sus pensamientos divagaban hacia el recuerdo de aquel inolvidable y reciente finde semana.

Pero aquello no era una buena idea. Un calor sofocante se alternaba con momento de pánico. Tenía la sensación de que había significado mucho más para el que para Jimin, y eso no era nada bueno para un chico que no había tenido ninguna relación en su vida. Pero desde el principio había sabido lo que le esperaba: diversión a corto plazo. Él sólo iba a quedarse unas pocas semanas en la ciudad y el tendría que superarlo. Pero no le impedía soñar. Apartó el teclado y sacó una hoja de papel y un par de lápices. Tomó la flor del jarrón. No sería capaz de seguir con el trabajo hasta satisfacer su impulso creativo.

Estudió la flor y tocó sus sedosos pétalos con delicadeza, deslizando la punta del dedo por su tallo fuerte y esbelto. Era un ejemplar magnífico. Lo puso sobre el escritorio y empezó a dibujarlo. Trazó líneas precisas y seguras, añadió algunas curvas, aplicó un ligero sombreado y en pocos minutos creó una flor tridimensional. Y después dibujó otra pequeña flor a su lado; una margarita.

La puerta se abrió y Jeon levantó la vista con gesto culpable. Max fue hacia el.

—¿Cómo vas con ese informe? Jungkook miró el reloj del ordenador. Eran las nueve. Se había pasado una hora haciendo un garabato. Se reprendió a sí mismo. Debería haber trabajado en ello el fin de semana y aprovechado la mañana.

¿Cómo había podido ponerse a soñar con el chico de al lado en horas de trabajo? Qué patético. Max lo miró con el entrecejo arrugado.

—Pero lo tendrás para mañana, ¿no?

—Claro —eso significaba trabajar duro en ello durante el resto del día. No podía perder la concentración, y mucho menos su carrera por una aventura. Max dio media vuelta y Jungkook arrojó el dibujo a la basura.

—Buenos días. Jeon levantó la cabeza de golpe. Jimin estaba en la puerta, sonriente, haciéndose a un lado para dejar pasar a Max. Este último se volvió un momento y les lanzó una mirada antes de marcharse. En cuanto Max se marchó Jimin cerró la puerta y lo miró con picardía.

—¿Nunca has practicado el sexo en el escritorio? —le preguntó, pasando el pestillo de la puerta—. Oh, no, claro que no.

—No. Y no voy tengo intención de hacerlo —le dijo, aunque su cuerpo opinara lo contrario.

—¿No quieres? Jungkook empezó a caminar hacia atrás con las manos alzadas a modo defensivo.

—Jimin, no.

—Jimin, sí —se había desabrochado los botones superiores de la camisa mientras avanzaba hacia Jungkook.

Una tentadora propuesta | JikookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora