Continuación

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-¿Os gusta?-les pregunté entrando a una sala que estaba totalmente vacía.

-Bueno, con muebles sería todo más bonito.-era Maite. 

Durante todo el camino Blanca apenas había hablado. Era tímida y se le veía en la cara. 

-Cuántas menos cosas mejor. De esa forma hay menos distracciones.

Asintió. 

Me senté en el suelo y crucé las piernas. Les hice un gesto y ellas hicieron lo mismo. 

-¿Sabéis por qué estáis aquí?-pregunté.

-¿Por qué hemos pagado?-soltó Maite con un tono de superior.

Resoplé. ¡Ojalá me pusiera las cosas fácil, por qué o sino... no sabía lo que sería de mí! 

-Gracias por tu aportación, pero no me refiero a eso. Aquí no estamos para tonterías.-a veces suelo ser un poco seca y cortante. Ella lo notó, ya que acto seguido dirigió su mirada al suelo. 

Bien Marina, acabas de hacer que no confíe en ti. ¡Ahora arregla lo que has estropeado!

-¿En qué se son iguales una persona gorda y una flaca?-pregunté apoyándome en mis rodillas.

Se encogieron de hombros. ¿De verdad que no lo sabían? ¿Algo tan simple como eso? 

-Son personas.-contesté yo misma a mi pregunta.-Y todas, TODAS, tienen sentimientos. No quiero que penséis que os estoy echando la bronca, porque no lo estoy haciendo. Con esto me quiero referir a que somos personas. Iguales por dentro, diferentes por fuera. Estáis aquí porque lo estáis pasando mal con vuestros cuerpo, ¿no es así?

Asintieron ambas. 

-¿A ti qué te pasa Maite?-le miré.

-Veo mi cuerpo feo. Quiero ponerme un bikini y no avergonzarme. Comprar un top y sentir ganas de llegar a mi casa para ponérmelo. 

-Mírame.-le dije tocándole el brazo. Tenia que transmitir confianza.-Hay muchas formas de sentirse bien consigo mismo. Hacer deporte, dietas o aceptarse así mismo. Obviamente podría sugerirte también un balón en el estómago, pero a mí esa idea no me gusta y nunca te la aconsejaría. 

-El problema es que he intentado bajar mi peso por cualquier manera y no lo consigo.-dijo bajando la vista al suelo.-Mi edad impide que pueda estar igual de delgada que cuando tenía doce años. Según el médico, los huesos los tengo demasiado grandes, si me pusiera ahora a perder peso mi cuerpo se quedaría más feo. ¡No sé que hacer!

Esta chica tendría que rondar entre los veinti tantos años, aunque se le veía mucho más joven. 

-Sí puedes hacer algo.-levantó su mirada y la posó en mí.-Puedes aceptarte y quererte tal y como eres. Eres una chica muy guapa. 

-No, no lo soy.-contestó.

-Si, lo eres. ¡Hazme caso!

-No, eso lo dices para hacerme sentir bien.

¿Cómo le decía que era cierto? ¿Por qué no se lo podía creer? ¿Por qué a las personas les costaba tanto creérselo? Todo el mundo era guapo, con sus imperfecciones y perfecciones. Lo único que se necesitaba era creértelo.

-Eres guapa.-habló por primera vez Blanca.-Me gusta mucho tu estilo, cualquiera que te viese pensaría que estás a gusto contigo misma.

Me quedé sorprendida ante ese comentario. Su voz era muy suave y dulce. Tendría que tener unos doce años como mucho. 

Maite se sonrojó. 

-¿Has visto?-le pregunté.-Si no me quieres hacer caso a mí, hazle caso a Blanca. De verdad. No tengas miedo por mostrar tu cuerpo. Ponte un bikini y mírate al espejo. Piensa en lo guapa que eres y lo bien que te sienta lo que te pongas. ¡Disfruta de tu vida y olvídate de los demás! Te aseguro que llegará un momento en que la gente se canse de hablar de ti. ¿Y sabes lo mejor de todo esto? Que les demuestres que no tienes miedo a que te vean tal y como eres.-tomé un descanso y continué.-Créeme. Vidas solo tenemos una y hay que aprovecharla a mil. Quiérete mucho y disfruta cada día. 

-Gracias.-contestó con una voz tímida.

Se acercó a mi y me abrazó. Me quedé de piedra ya que nuestro comienzo no había sido demasiado bueno. La estrujé y sonreí a más no poder. Era una chica muy valiente y tenía en su interior mucho cariño que dar. 

-¿Y a ti?-pregunté mirando a Blanca.-¿Qué te pasa?

Fijó su mirada al suelo, y después de suspirar unas cuantas veces, comenzó a hablar.

-Soy una persona muy delgada. Al principio me daba igual, todos de pequeños éramos más o menos iguales, pero ahora todas mis amigas están desarrolladas y yo sigo igual que antes, echa un palillo.-miró al suelo.-Un día me puse un top y un grupo de mi clase me preguntó si estaba enferma, les contesté que no pero no sirvió para nada. 

-¿Se lo dijiste a tus padres?

-No. Para mí no era importante, pero cuando me lo repitieron al siguiente día y al siguiente, así día tras día, empecé a créerles. Me miraba al espejo y solo veía un saco de huesos. Cuando iba a comprar siempre escogía sudaderas anchas, de esa forma podían pensar que había cogido un poco de peso, pero siempre las piernas me delataban. Mi madre se dio cuenta y me mandó aquí.

Entendía porque era tan callada y le daba vergüenza enseñar su cuerpo. Me daba pena porque se le veía una chica muy divertida, aunque no le gustase relacionarse mucho. 

-¿Te sigues viendo como un saco de huesos?-le pregunté.

Asintió. 

-Pues siento decirte que te equivocas. ¡Aquí nadie es un saco de huesos!-le dije señalando la sala. 

Rió. 

-Más bien somos un saco de patatas.-dijo Maite.

Esta vez todas reímos. De vez en cuando salía con cada una... ¡qué tela!

-¡Exacto! Y mirar que felices somos.-contesté. Volví a poner mi vista en Blanca.-Escúchame. No tienes ninguna enfermedad, de eso estoy segura. He visto como te devorabas tu desayuno como si no hubiera un mañana.-reí.-Así que lo que falta aquí es que tú te quieras, da igual lo que piensen los demás. Ponte lo que quieras, solo te pido que seas feliz con tu cuerpo y no te dé miedo a enseñarlo. Sí, puede ser que sea lo mismo que le he dicho a Maite, pero es cierto. ¿Cuántos años tienes?

-13 camino a 14.-contestó.

-Pues tranquila, porque todavía te queda por desarrollarte. De verdad, quereros tal y como sois. No tengáis miedo a mostraros tal y como sois. Bikinis, tops, bañadores, pantalones cortos... ¡da igual lo que os pongáis, la cuestión es sentirse a gusto con vosotras mismas! Os prometo que si os miráis al espejo de vez en cuando, y le lanzáis piropos, todo irá a mejor.

-¿Pero eso no suena un poco egocéntrico?-preguntó Maite.

Me encogí de hombros. No quería contestar a esa pregunta, quería que lo hicieran por ellas mismas. Obviamente resultaba egocéntrico, pero que preferían... ¿esperar a qué alguien les dijera todos los piropos que existían y mientras esperaban a esa persona amargarse ellas mismas? ¿O hacerlo ellas mismas y estar felices con su cuerpo? Yo elegiría la segunda opción, aunque nunca se sabe de los demás. 

-Haz lo que tú quieras.-contesté.-Pero, por favor, elijáis lo que elijáis, no esperéis a que alguien venga a deciros los guapas que sois. Eso lo tenéis que hacer vosotras mismas, empezando desde ya.

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Si, en algún momento, hay algo que no os gusta, que cambiaríais, que quitaríais... ¡Decírmelo! 

¡Un beso! <3



1,2,3... ¡Quiérete!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora