maratón (4/5)

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  JongDae chasqueó los dedos delante de la cara de Chanyeol.
—Eh, tío, ¿has oído algo de lo que te he dicho?
Chanyeol parpadeó. Estaba demasiado avergonzado para admitir que en realidad no estaba escuchando. Lo último que recordaba era haber oído que el testamento del viejo Bostwick se iba a leer aquel día.
—Algo —dijo frunciendo el ceño—. Estabas hablando del testamento del viejo Bostwick.
Herman Bostwick era el propietario de las tierras que había al lado de las de Jongdae. Durante años le había prometido a Jongdae que si alguna vez pensaba en venderlas le avisaría a él antes que a nadie. El hombre había muerto mientras dormía y había sido enterrado un par de días atrás. No hacía falta ser un genio para detectar en la mirada de Jongdae que quería aquellas tierras y también a Hercules, el semental premiado de Bostwick. Un potro de Hercules sería un sueño hecho realidad para cualquier criador de caballos.

—¿Y a quién le ha dejado las tierras? —preguntó Chanyeol—. Espero que a su hermano no. Kenneth Bostwick es un hijo de perra y se aprovechará de nosotros todo lo que pueda si tenemos que comprarle la tierra y el caballo a él.
Jongdae sacudió la cabeza y le dio un sorbo a su cerveza.
—El viejo se lo ha dejado todo a su nieta. Kenneth está bastante enfadado.
Chanyeol alzó las cejas.
—¿A su nieta? No sabía que tuviera ninguna.
—No mucha gente lo sabía. Al parecer, el viejo y su hijo se enfadaron hace años, y cuando el muchacho se fue a la universidad nunca volvió por aquí. Se casó y se instaló en el sur. Tuvo una hija.
Chanyeol asintió y bebió de su cerveza.
—¿Así que la nieta se queda con las tierras y con Hercules?
—Sí. Lo bueno es que tengo entendido que es una señorita estirada de Savannah que seguramente no se vendrá a vivir aquí. Seguramente estará abierta a venderlo todo, y cuando eso ocurra quiero estar preparado para comprar.

Jongdae se sentó entonces en los escalones que había delante de él y Chanyeol miró hacia sus tierras. La tarde estaba tocando a su fin y seguía sin poder quitarse de la cabeza lo que había sucedido hacía un rato con ______. Si pensaba que lo suyo había terminado, estaba muy equivocada.
Miró hacia su primo.
—¿Has conocido alguna vez a alguna mujer que se te metiera en la sangre?
Jongdae se lo quedó mirando durante un largo instante. Estaba claro que la pregunta de Chanyeol le había pillado por sorpresa. Pero conocía a Jongdae; le gustaba darle vueltas a las cosas. A veces incluso demasiadas.
—No. No estoy muy seguro de que eso pudiera ocurrir. Al menos no a mí. La mujer que se me metiera en la sangre terminaría siendo la mujer con la que me case. No tengo ningún problema con sentar algún día la cabeza y casarme, ya ves. Algún día, cuando esté preparado, quiero formar una familia. Quiero darles a mi mujer y a mis hijos todo lo que he construido. Ya sabes lo que dicen, no puedes llevártelo contigo —Jongdae observó a Chanyeol con atención—. ¿Por qué lo preguntas? ¿Has conocido a una mujer que se te ha metido en la sangre?
Chanyeol apartó la vista un instante y luego volvió a mirar a Jongdae.
—Sí... ______.
—¿______ Conyers?
—Sí.

Jongdae se puso de pie y estuvo a punto de tropezarse con el botellín de cerveza.
—Maldita sea, tío, ¿cómo lo sabes? Sólo has salido con ella una vez.
Chanyeol sonrió.
—Dos veces. Anoche fuimos a patinar.
No dijo nada más. Quería saber qué le decía Jongdae. Pero él volvió a sentarse y guardó silencio.
—Es distinta —añadió Chanyeol tras unos instantes.
Jongdae lo miró.
—Por supuesto que es distinta. No estás hablando de una de tus habituales cabezas huecas. Estamos hablando de ______ Conyers, por el amor de Dios. Era una de las alumnas más brillantes de la escuela. ¿Te acuerdas de cuando George y Rick le pagaron para que le diera clases a Lizy para que no se quedara atrás? ______ tenía entonces sólo diecisiete años.
Chanyeol sonrió. Había olvidado aquel episodio. Y si había que creer lo que le había dicho antes, por aquel entonces ya estaba enamorada de él.
—Sí, me acuerdo.
—¿Y te acuerdas de cuando Megan sacó su primer sobresaliente en un trabajo de ciencias porque tuvo la inteligencia de hacerlo con ______?
Chanyeol se rió entre dientes. También se acordaba de aquello.
—Sí, me acuerdo.
Al menos ahora sí se acordaba.
—¿Y de verdad crees que alguien tan inteligente está destinada a ser tu alma gemela?
—¿Mi alma gemela?
—Sí, si una mujer se te mete en la sangre entonces significa que está destinada a ser tu alma gemela. Alguien con quien quieres pasar todo el tiempo. Piensa en ello, Chanyeol. Como te he dicho, ______ no es ninguna cabeza hueca.

Chanyeol no dijo nada durante un instante mientras observaba sus botas, sonriendo y pensando que la pregunta de Jongdae tenía que tratarse de una broma.
Luego alzó la vista y vio que le estaba mirando y esperando una respuesta. Así que le dio la única que tenía.
—Bueno, yo tampoco soy precisamente un burro, Jongdae. Pero ¿qué tiene que ver que ella sea inteligente? Y en cuanto a lo del alma gemela, si eso significa compartir cama con ella cuando me apetezca, entonces haré todo lo que esté en mi mano para convencerla de que es la elegida.
Jongdae puso los ojos en blanco y se rascó la barbilla pensativo mientras le miraba fijamente.
—Entonces, ¿estás diciendo que te has enamorado de ______?
Chanyeol parecía sorprendido.
—¿Enamorarme de ella? ¿Estás loco? Yo no diría tanto.
Jongdae estaba confuso.
—¿No tienes ningún problema para decir que es tu alma gemela y para acostarte con ella, pero no estás enamorado?
—Sí, eso es.
Jongdae sacudió la cabeza y sonrió.
—Odio tener que decirte esto, pero creo que no funciona así.
Chanyeol se terminó la cerveza y dijo:
—Mala suerte. Para mí sí funciona así.

(...)

El lunes por la mañana, ______ estaba en medio de su despacho negándose a enternecerse con aquel enorme ramo de flores. Era precioso, y tenía que admitir que Chanyeol tenía buen gusto. Pero sabía lo que aquellas flores representaban. Quería volver a acostarse con ella y haría cualquier cosa con tal de conseguirlo. Deseaba que las cosas pudieran volver a ser como antes entre ellos, cuando Chanyeol no sabía nada sobre sus sentimientos. Pero ya era demasiado tarde para eso.
Seis horas más tarde, ______ miró hacia las flores y sonrió. Seguían siendo tan bonitas como cuando se las habían entregado aquella mañana. Consultó el reloj. Saldría en un par de horas para ir directamente a clase. Los lunes eran siempre su día más ocupado con reuniones y conferencias por satélite con las demás sedes de la revista que había por todo el país. Y por la noche tenía clase.

Se quitó los zapatos, se reclinó en la silla y cerró los ojos. La oficina cerraría en menos de veinte minutos, y como ella seguiría allí bastante tiempo, pensó que no había razón para que no se echara una pequeña siesta.
Con los ojos cerrados, no le sorprendió que apareciera en su mente una imagen de Chanyeol. Era guapísimo. Y arrogante. Frunció el ceño al pensar que era tan arrogante como guapo...
No supo cuánto tiempo se durmió. Pero recordaba que había soñado con Chanyeol, y que le había pedido que la besara. Él obedeció. Entonces se escuchó a sí misma gemir cuando su cerebro registró su sabor, y no pudo evitar pensar en lo real que era aquel sueño. También sintió las yemas de sus dedos en la barbilla mientras le devoraba la boca con la lengua. Podía aspirar su aroma masculino y robusto.
Siguieron besándose en sueños y ______ se derritió cuando él exploró las profundidades de su boca. Nadie besaba como él, pensó mientras le hundía más la lengua. Había soñado en más ocasiones que la besaba, pero por alguna razón esta vez era distinto. Parecía de verdad.
Abrió los ojos de golpe y gritó al darse cuenta de que no era un sueño. Era auténtico. Le dio un empujón para apartarlo de sí.
—¡Chanyeol! ¿Cómo te atreves a entrar en mi despacho y aprovecharte de mí?
Él se mojó los labios y sonrió.
—¿Del mismo modo que tú te aprovechaste de mí aquella noche? Para que lo sepas, ______, me has pedido que te besara. Cuando entré estabas susurrando mi nombre. Y te oí claramente pedirme que te besara.
—¡Estaba soñando!
Chanyeol sonrió con arrogancia.
—Me alegra saber que estoy en tus sueños, cariño.
______ se levantó de la silla y se cruzó de brazos. Cuando vio que la mirada de Chanyeol se dirigía directamente hacia su escote, los dejó caer y torció el gesto.
—¿Qué estás haciendo aquí y quién te ha dejado entrar en mi despacho?
Chanyeol se metió las manos en los bolsillos.
—He venido a verte y llegué cuando tu secretaria se estaba marchando. Me recordaba de la boda de Christinne y Rick y me dejó entrar —sonrió todavía más—. Supongo que pensaría que soy inofensivo. Llamé a la puerta un par de veces antes de entrar, y no lo hubiera hecho de no haberte oído pronunciar mi nombre.
______ tragó saliva. ¿De verdad había pronunciado su nombre?
—¿Por qué estás aquí?
—Para asegurarme de que te habían gustado las flores.
______ apartó la vista de él para clavarla en el gigantesco ramo que llevaba todo el día admirando. De hecho todo el mundo en la oficina lo había admirado, y sabía que se estaban preguntando quién lo había enviado. Miró hacia Chanyeol. De acuerdo, tal vez tendría que haberle llamado para darle las gracias; no quería darle ideas, pero al parecer ya tenía suficientes sin su ayuda.
—Sí, son preciosas. Gracias. Ya puedes irte.
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La noche de su vidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora