En realidad no pude dormir, ¿quién podría en mi situación?, la tenía a unos cuantos centrímetros de mí, durmiendo. Escuchaba su respiración, algún que otro gemido al cambiar de posición.
Desde el suelo veía solo algo de su cabello dorado que caía del borde.
Me sentaba de vez en cuando para contemplarla. Vaya, es preciosa. La luz de la luna bañaba mi habitación, por lo que podía verla perfectamente. Resistí con todas mis fuerzas mi impulso de tocarla, ver si era real, sentirla, asegurarme de que no era un delirio. Extendía mi mano, pero con la otra la detenía, no fuera a ser que se enojara conmigo.
Y así seguí toda la noche, hasta que los rayos del sol comenzaron a entrar a mi habitación, y a quemarme las córneas por la falta de sueño. Esos mismos rayos se reflejaban en sus dorados cabellos, y en su suave rostro.
Al ser las seis no pude resistirme más, y me le acerqué para darle un beso. Poco a poco acerqué mis labios a los de ella, y cuando faltaban pocos milímetros para lograrlo, unos ojos color esmeralda me veían fijamente. Del susto, brinqué hacia atrás en medio de un grito, caí sentado y ella se incorporó.
-¿Por qué te detuviste? Pensé que por fin te atreverías a hacer algo.
-¿Por fin?, ¿estuviste despierta todo este tiempo?
-Por supuesto, ¿quién llega a un mundo nuevo invocada por un muchacho que está enamorado de tí y lo primero que hace es irse a dormir como si nada?
-Bueno, eso tiene bastante sentido...
-Mira, yo estoy aquí para ayudarte. Padeces de una fobia impresionante a las mujeres reales, y se me ha encargado la tarea de que en un día aprendas las bases para tratar con ellas: cómo acercárteles, hablarles, invitarlas a salir, cómo salir con ellas... y si pudieras darme un beso, cerraríamos con broche de oro.
-Todo eso, ¿en un día? No, es imposible, jamás he podido controlarme con una chica al lado, mi mente se pone en blanco y simplemente no digo nada en todo el rato.
-Pues eso va a cambiar a partir de hoy. Y para muestra, un botón: mírate, me estás hablando a mí.
-Pero porque no eres real.
Al decir esas palabras, puso un semblante serio, se me acercó andando a cuatro patas, se puso sobre mí y colocó su mano en mi rostro. Me miró tres segundos, y me dió la cachetada más fuerte que me han dado nunca.
-Soy real. Si no lo fuera no podría enseñarte nada. Métetelo en la cabeza. La única diferencia entre cualquier otra mujer que te topes por ahí, y yo, es que ellas tienen más tiempo que mis veinticuatro horas para estar en este mundo, pero tarde o temprano todas nosotras moriremos, y tú con nosotras. Depende de tí que aproveches el tiempo que te queda acá de la forma correcta. ¿Me prometes que harás un esfuerzo para hacerme pasar el mejor día de mi vida?
-Lo prometo.
Es cierto, ese dolor que sentí fue real, esa chica frente a mí fue real, ese día... fue real.
-Por cierto, no creas que no sé acerca de todas esas historias y fantasías sucias que has tenido conmigo. Y aunque en principio puedes cumplirlas todas ahora mismo, y no me enojaría por ello, sé también que me quieres lo suficiente como para no pecar así contra mí, y aunque así no fuera, tu naturaleza te impide siquiera darme un beso, así que esa será tu meta de hoy ¿de acuerdo?
-Sí.
Tenía razón, en mi frutración por la soledad escribí muchas cosas de ése estilo. Mi cuerpo me pedía a gritos que cumpliera todo aquello, y su vestido traslúcido no me ayudaba precisamente. Pero mi amor por ella me frenó, no quería dañarla por mi egoísmo, sé todo lo que ha sufrido y todo lo que ha vivido y por eso no me atreví a tocarla. No sería un bien para nadie, ni para ella ni para mí. Si daba ese paso, la terapia que ella me ofrecía no daría ningún resultado, sino que empezaría a ver a la mujer como un objeto para satisfacerme a mí mismo. Así que prometí no hacerlo, ni a ella, ni a ninguna otra.
-Esmeralda, esa ropa que tienes no me ayuda nada, ¿tienes alguna otra prenda o te compro yo algo?
-¿Esto? Cierto, puede que no sea el vestido más correcto en esta situación. Si recuerdas, soy maga así que puedo transformarlo en otra, pero para eso debo quitármelo.
- Voy a la cocina a prepaparte el desayuno entonces, cambiate aquí si quieres.
-Claro.
Salí de ahí, y reprimí mi impulso de echar un vistazo. En la cocina preparé el mejor desayuno que pude y lo serví en la mesa.
-Ya está listo.
Entró con un vestido amarillo girasol. Comimos mientras planeábamos cómo pasar el día: en la mañana iríamos al lago del parque, almorzaríamos haciendo un picnic a la orilla del mismo, por la tarde, iríamos al parque de diversiones. Tomaríamos un descanso en un café francés al caer la tarde. Terminaríamos de recorrer el parque de diversiones y cenaríamos en un resturante italiano. Y por la noche, al igual que el día anterior, veríamos las estrellas en esa montaña.
-Vaya, no eres tan malo cocinando, te ganaste diez puntos.
-Gracias.
-¿Vamos?
-Vamos
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Un día con mi amor ficticio
Fantasía¿Alguna vez te has enamorado de alguien que no existe? Me refiero a un personaje ficticio, de un libro, una película o una serie. Yo sí, y pude cumplir mi deseo de estar con ella un día. Lo que te voy a contar pasó hace unos tres años. ***** Una hi...