Capítulo 2:
La alarma sonaba, intenté buscarla en el velador, pero cayó al piso lo que me obligó a levantar el celular, era tardísimo, las 7:00 de la mañana, en diez minutos tenía que vestirme y tomar el bus para ir al colegio. Me vestí, era difícil no demorarse si además de colocarte un gorro tienes que intentar ocultar una cola, tomé mis cosas y salí corriendo. De todas formas iba llegando atrasada a clases, me dieron un pase, respiré profundo antes de entrar a la sala.
-Buenos días señorita Losentair, va llegando atrasada –Lo miré pensando que ese apellido era lo único que me había dejado mi “familia”, le di el pase y me senté en el último puesto de al fondo.-
-Mírala, es tan extraña –susurró una chica a otra, yo solo las ignoré, dejé pasar la clase, en recreo todos murmuraban y me miraban extraño, luego una chica pelirroja pasó corriendo y me quitó el gorro. Llevé mis manos a la cabeza ocultando mis orejas, otra chica, su amiga me empujó, caí y me apoyé con las manos en el piso para ponerme de pie.-
-¡Fenómeno! –gritó alguien, me miré en el reflejo de una ventana, mis orejas y cola gatuna estaban al descubierto. Salí corriendo, salté la muralla que separaba el colegio de la calle, no sé cómo lo hice pero fue muy fácil, fui a mi trabajo, quizás allí me despejaría un rato, además de que eso era lo que seguramente estaría haciendo el resto de mi vida porque no pienso volver a la escuela, no después de esto.-
-Que pasa niña –dijo mi jefe, el dueño de la cafetería al verme llegar, había pasado a casa para cambiarme, de nuevo me veía normal aunque no lo era.-
-Nada –dije entrando y sacando mi delantal.-
-No digas eso, tus ojos están llorosos. –suspiré-
-Es solo un mal día –Mi jefe que era un hombre ya mayor, tenía todo el cabello lleno de canas y era un hombre muy dulce. Me dio un abrazo-
-Bueno Kiamoura, tienes que subir ese ánimo, todo mejora en algún momento. –Comenzaron a llegar clientes, él se quedó en la caja, yo hacía los cafés y los llevaba a las mesas. Llegaron dos chicas, eran la pelirroja y su amiga, mi día no iba a mejor, miré a mi jefe, que me hizo una seña para que fuera a atenderlas.-
-¿Qué se les ofrece? –dije lo más amable posible, me miraron y sonrieron de oreja a oreja.-
-Mira aquí está la chica gato, tráenos un cappuccino –dijo la colorina y miró a otro lado mientras su amiga reía. Les llevé sus pedidos, me senté un rato, mientras que no llegaban más clientes y observé a las dos chicas. Sé que es malo desearles mal a las personas pero espero que algo les pase. Ellas pagaron y se fueron riendo, justo cuando salieron de local se puso a llover, un auto pasó y las mojó completamente. Sonreí, dulce venganza. Ese día terminé tarde de trabajar, llegué a casa agotada, vivía en un departamento antiguo y espacioso en un tercer piso. Me miré al espejo y me saqué el gorro. Nunca fui normal, tengo ojos violetas, piel demasiado clara, cabello castaño y partes de animal que no debiera tener un humano. Este definitivamente no era mi lugar, no me parecía a las personas, tengo leves recuerdos de mi infancia, escucho una voz diciéndome que cuando me necesiten vendrán por mí ¿pero qué pasa si yo los necesito?. Este no es mi mundo, no quiero vivir más en este lugar, caminé hacia el balcón, era bastante alto, pasé una pierna luego la otra y me lancé. Sentí como algo salía de mi espalda, luego dejé de caer, estaba volando.-
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