Capítulo 25: El sacrificio

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Tanto a Franco como a mí se nos hace difícil dejar de permanecer petrificados, con los ojos como platos, ante lo que estamos presenciando.
No sé exactamente cómo describirlo. Tiene aspecto de un lobo enorme pero, en algunas partes de su cuerpo, es como si careciera de pelaje y pudiéramos ver su carne.
Posee una especie de cola terminada en una punta color plata, y las orejas y garras de igual forma. Imagino que deben tener un filo letal.
Puede pararse sobre sus dos patas traseras y, al abrir su gigante "hocico" (Que parece tener siempre la forma de una sonrisa perversa), en vez de dientes veo puntas de acero igual de afiladas que las que noté en el resto de su cuerpo.
El pseudo-animal tiene la mirada de un depredador malicioso, listo para asesinar, y destruye el techo del hotel parado sobre sus dos patas. Es terriblemente enorme.
Entonces, de pronto, sólo puedo pensar en una cosa: Las personas dentro del hotel que está por colapsar. Julián está dentro de ese hotel.
Me lanzo a correr hacia allí como si no fuera algo extraño, como si fuera lo correcto, como si no sintiera sin ni siquiera haberla visto la mirada de confusión y desesperación de Franco a mis espaldas.
Me encargaré yo misma de matarlo si me sigue, por lo que espero que se quede quietecito en su lugar.
Esquivo por apenas unos metros la punta afilada de la cola del monstruo. Antes de adentrarme aún más en el hotel lanzo una mirada rápida hacia afuera: Parece que todos están allí, a excepción de... Julián. Sólo falta él.
Comienzo a correr por el hotel, medio zigzagueando, medio saltando la enorme cantidad de escombros que me estorban el camino. Tengo la horrible sensación de que en cualquier momento se me va a caer un pedazo de techo en la cabeza.
Corro casi por instinto a la "habitación-enfermería" y, mientras escucho las paredes crujir a mis lados, estornudo por el abundante polvo desprendiéndose. No tenía planeado morir aplastada hoy... en serio.
Siento que nunca podré llegar a la, en mi opinión, demasiado recóndita "enfermería". Pero tengo que hacerlo.
"No me iré sin sacar a Julián de aquí" Grita con todas sus fuerzas una voz en mi interior.
Continúo adentrándome en las ruinas y el suelo empieza a resquebrajarse. Comienzo a dar saltos sobre grietas que, a medida que avanzo, se hacen mayores. Maldito monstruo gigante ¿Es que no se podía conseguir otra casa de muñecas?
Mi subconsciente empieza a cuestionarse si de verdad Julián seguirá con vida y si todo esto no es en vano. Intento borrar esta idea de mi cabeza rápidamente.
Luego de danzar entre los peligros, encuentro a mi mejor amigo sosteniéndose de un escombro, en parte blanco por el polvo, en parte rojo de seguro por tanto correr y esquivar. Yo debo de estar igual. Me alegra que haya conseguido salir del cuarto y avanzar un poco, porque a sus espaldas todo parece estar completamente derrumbado.
Me acerco rápidamente y lo tomo del brazo. Al principio se sobresalta, pero parece que sus ojos se relajan un poco cuando encuentran los míos.
—¡Íngrid! ¿Pero qué..?
—He venido a sacarte de aquí —Le digo, mientras lo empujo hacia adelante con el brazo, y respondiendo como si la pregunta fuera obvia.
—¡¿Estás loca?! ¿Cómo es que..?
—Ya estoy aquí ¿Sí? Tenemos que darnos prisa
Mi amigo asiente y comenzamos a correr hacia la salida del hotel. En realidad, más que correr, irónicamente parecería que bailásemos: Nos vemos obligados a seguir un estricto patrón de movimientos hecho por saltos y flexiones del cuerpo. Un paso en falso, aunque sea un mínimo error, puede hacer que acabemos con un pedazo de techo sobre la cabeza.
Como hace unos momentos, pensé lo mismo de la habitación, ahora es la salida lo que parece estar cada vez más lejos.
Luego de otra larga serie de complicaciones y saltos, conseguimos llegar vivos a nuestro destino, pero nos topamos con que la salida está bloqueada por un enorme escombro.
No hay escapatoria.
—¡¿Y ahora qué, Íngrid?!
Cruzamos miradas con Julián como si la solución se hallara en nuestros ojos. Supongo que, inconscientemente, queremos ver algo que nos sea familiar antes de morir. Bueno... Los ojos de Julián, que son como un profundo mar azul, están dentro de las mejores opciones.
Antes de que pueda responder, el sonido del derrumbamiento se eleva a su enésima potencia, y más trozos de materiales arquitectónicos empiezan a caer a nuestro alrededor.
Siento como Julián cubre mi cuerpo abrazándome por la espalda en un vano intento por protegerme. En cuestión de un segundo pienso que le debo demasiado por siempre cuidarme de esta manera y me obligo a encontrar una forma de sacarlo vivo de esta mierda.
Con la vista nublada por la mezcla de polvo y lágrimas que no recordaba haber derramado, busco como loca un hueco, una puerta, un algo. Un algo que nos pueda salvar, un algo que lo pueda salvar.
Siento que me vuelve el aire al cuerpo cuando veo un gran agujero en una pared derecha del hotel. Si no nos apresuramos, no lo vamos a conseguir.
Empujo a Julián para que se separe de mí y repito la acción de tomarlo por el brazo. A medida que nos acercamos al hueco, ambos aceleramos el paso: No podemos desperdiciar esta oportunidad.
Toda la construcción comienza a resquebrajarse todavía más, de forma bestial, alcanzando sus puntos máximos.
Deben de quedarnos unos diez segundos antes de morir aplastados.
10...
9...
8...
Ambos tratamos de ir lo más rápido posible.
7...
6...
5...
Julián y yo usamos toda nuestra capacidad física, hasta la última pizca de energía que nos queda, y cada reserva guardada de nuestra voluntad es llevada fuera con mucho esfuerzo.
4...
3...
Los trozos de techo cayendo nos pisan los talones.
2...
1...
¡Saltamos! Empujamos todo el cuerpo hacia adelante atravesando el hueco de la pared.
Escucho el cuerpo de mi amigo golpeándose contra el césped y el mío propio, para después oír a lo que queda del hotel derribándose sobre sus cimientos.
Respiro de forma entrecortada, alejando la cara del verdoso césped: No me encuentro para nada bien. La cabeza me duele de escuchar los estruendos, además de sentir cada uno de mis músculos agotados.
Con esfuerzo logro ponerme de pie. Descubro que también me encuentro un poco mareada, pero me estabilizo lo suficiente. Ayudo a Julián a que también lo haga.
Acto seguido corremos hacia la parte frontal del hotel para toparnos con el peor panorama: El monstruo, que ya terminó con la tarea de romper su juguete nuevo, le enseña los dientes a todos, aunque no ataca, sólo provoca. El grupo completo se ocupa de dispararle pero esto parece ser una mínima molestia para el lobo mutante.
Julián se acerca rápidamente a los demás con una mágnum que le han pasado. Por un segundo todos lo miran extrañados, sin entender cómo su herida ha sanado, pero no se lo cuestionan demasiado tiempo: Ahora es momento de ir contra la bestia.
Yo aún no me he acercado a ayudar, y sé que soy una estúpida por eso, pero aunque quiero moverme mi cuerpo no reacciona. Está paralizado por el impacto que le produce lo que está viendo.
Tengo los ojos clavados en el cadáver de Lautaro, que yace junto a un árbol, con la boca sangrando y un agujero bordó en el pecho. Estoy casi segura de que el monstruo le hincó un diente o una garra.
Luego de intentar asimilar en cuestión de segundos la situación, por fin consigo hacer que los nervios de mis extremidades funcionen y empiezo a acercarme hacia el círculo de personas que rodea a la criatura, intentando ir lo más rápido posible.
Entonces, de manera sorpresiva, noto como la extensa cola del mutante se acerca hacia mí con ferocidad y su punta afilada está decidida a atacarme. Quiero correr en otra dirección, pero la luz del sol se refleja en la punta de acero y me ciega con un brillo blanquecino, lo que hace que me desespere aún más.
En un momento fugaz puedo escuchar la afilada punta clavándose contra el cuerpo de alguien, y sé que no soy yo, pero tampoco puedo distinguir su grito de dolor por la angustia que siento en el pecho.
En ese mismo instante, consigo apenas ver que alguien corrió hacia mí y se puso delante, que se sacrificó para salvarme.
La cuchilla se aleja para buscar otro objetivo y entonces veo quién es.

Cuando El Apocalipsis Empieza (Masacre Mundial 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora