Salí del centro de baile artístico de BigHit hacia las doce de la noche, una hora temprana a las que estaba habituada. Normalmente, me quedaba bailando sola en una de las salas impolutas y vacías, con las luces apagadas, observando mi tenue y difuminada sombra en el amplio espejo de brillos escarlata.
De momento, mi mayor enemigo es ese espejo. Deseo que algún día pueda ver en ese espejo lo que yo quiera, un baile en condiciones. Quiero verme a mí bailar como yo bailo, despreocupada y alegre. Quiero que en ese espejo me refleje bailando como yo me veo en mi mente.
Quizás así es como acabé siento la mejor bailarina de Maishem, el grupo con el que tengo planeado salir a la luz después de mañana. Es algo frustrante pero a la vez me alegra que hayamos llegado tan lejos mis compañeras y yo. Esfuerzo y dedicación, esfuerzo y dedicación, solía decir mi padre. Así se consigue todo.
Aun recuerdo sus callosas manos acariciar mis mejillas como despedida, cada día de trabajo. Su olor a harina de maíz y romero se pegó en todos los muebles y hasta en las cortinas cuando él se fue. Creo que mi ropa aun huele a él.
Me reconforta su olor, pero a la vez abre heridas pasadas, y sangro. Sangro y sangraba a mares. Mis nervios afloraban y mi cuerpo se volvía pesado. La depresión se adueñaba de mí. Lloraba y golpeaba cosas sin sentido. No era yo. Y lo peor es que no tenía a nadie a quien decirle lo que me pasaba. Nadie con quien desahogarme. Nadie que ne parara cuando estaba cuchilla en mano.
Me hice fuerte gracias a ello. Yo sola me detuve, me curé y cicatricé mis brechas.Me volví reservada y silenciosa, mantuve mis amigas cerca, algunas se fueron, pero ninguna llegó, como decía mi madre que harían. Nadie quería acercarse en la ESO a mí, era la rarita de la clase. Quizás de todo el centro.
Bueno, ahora he mejorado un poco. Puedo hablar con la gente sin derrumbarme en el sitio. Puedo sonreir y puedo olvidar. De momento no me había vuelto a acordar del abandono de mi padre desde segundo de la ESO. Incluso llegué a ser feliz al terminar mis estudios obligatorios.
Al terminar de estudiar, me mudé a Corea del sur, por una simple razón. Llegar a mi sueño. Se que suena a cursilada, pero desde pequeña siempre me había apasionado la música, en concreto el K-Pop. No puedo negar que me enamoré de algunos idols, y que lloré, sufrí y reí con ellos. Les amaba en secreto, temerosa de que alguien se enterara y me criticase por ello.
Llegué a corea hecha una pena. Un verdadero saco esquelético que vestía con la ropa más oscura imaginable. El negro era mi color favorito, debido a que era el tinte de las sombras, la ausencia de lo conocido.
Encontré bastantes empleos como cantante, bailarina, coordinadora, coreógrafa e incluso farmacéutica.
Los probé todos, pero me sabían empalagosos y secos. No llenaban el camino a mi meta.
Seguí buscando hasta que encontré a BigHit, que pagaba bien y me ofrecía el trabajo de mis sueños, formar parte de un grupo de K-Pop que aun estaba en el predebut.Y aquí estoy ahora, en una girl-band que me quiere y me necesita. Estoy bien, no puedo quejarme; tengo amigas, un sueldo, un hogar... y mis heridas estaban cerradas por completo. Mi padre no tenía papel en la obra de teatro de mi vida. Él era un actor rechazado, que abandonó cuando ni siquera había empezado la función.
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Caminé debilitada por el cansancio de haber estado bailando casi diez horas con mis amigas. Las nubes del cielo amenazaban con empapar todo Seúl. Mierda, debería de darme prisa.
X : - Hola ___. - Una voz fría sonó destrás de mí. Tuve miedo. Me detuve y volví lentamente la cabeza, sin llegar a ver al extraño, para detectar cualquier movimiento que hiciera.
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El chico de las galletas
Fanfiction"La cocinaba mi tía... supongo que las sigo comiendo por ella" ___ trabaja para BigHit, una pequeña compañía de entretenimiento coreano. Acaba de mudarse a corea del sur, y conoce poco las costumbres y hábitos coreanos. Con un pasado oscuro y digno...