Castigo

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— ¡Vamos, Holt! ¿10 minutos? ¡A tu edad yo hacia esta pista a un cuarto de ese tiempo! ¡Y si sigues golpeando el guardafangos en las vueltas terminaras por arrancarlo y adivina quién pagará la reparación!

El castigo de Ryou Shirogane resultó más complicado de lo que esperaban los cadetes.

Mientras Pidge se cambiaba, Keith le había dicho por detras del vestidor la mayor cantidad de consejos que pudo darle pero ninguno de ellos había servido cuando se había puesto el enorme casco del general Shirogane que de forma continua resbalaba sobre su cara y le cubría la mitad de la visión de la pista. Había terminado estampada contra las barreras ya en tres ocaciones.

Keith no tenía las cosas más fáciles. Pidge le había recitado de memoria lo que tenía que hacer para calibrar el sistema de navegación pero a los 15 minutos, el chico se había dado cuenta que necesitaba más que una calibración cuando el puntero que señalaba al piloto su posición había empezado a girar sin control, y los continuos gritos de Ryou hacia Pidge, que parecía siempre hacer cuando Keith estaba más cerca, no hacían nada para ayudar a su concentración.

— ¡No rayes la pintura! — le gritó Ryou a la joven cuando esta chocó por cuarta vez con la barrera y salía volando hasta estamparse con las gradas — ¡Cada vez lo haces peor! ¡Así nos quedaremos aquí todo el día!

— Pero tenemos que ir con Shiro para nuestras tutorías en 15 minutos — recordó Keith, cuyo sufrimiento había hecho que olvidará por completo las clases.

— Lo que significa que tienen 15 minutos para terminar o llegaran tarde con Shiro — dijo el joven con el autoritario tono de un dictador, para agregar con un grito — ¡Vamos, Holt! ¡Si quieres dormir en las gradas puedes hacerlo después de reduzcas ese vergonzoso tiempo!

Pidge que no había ni asomado la cabeza desde que había caído al otro lado de la barrera, pero se las arreglo para reunir las fuerzas para levantar su mano y mostrarle al gemelo de Shiro su pequeño dedo de en medio.

Casi 35 minutos después, Keith y Pidge caminaban medio congelados, llenos de fango y, en caso de Pidge, raspones hacia el aula donde Shiro les daba sus tutorías.

No les sorprendió ver al llegar que sus compañeros ya estaban dentro del aula pero ellos sí parecían sorprendidos al ver el estado de ambos chicos, en especial el de la más pequeña.

— Llegan tarde — dijo Shiro antes de que cualquiera pudiera hacerles una pregunta.

Keith y Pidge miraban con un renovado odio a Shiro pues, habían deducido que aquella reunión con la princesa Allura había sido solo una excusa para hacer que Ryou les aplicará alguna tortura aprendida en Daibazaal.

Mas ambos chicos estaban demasiado cansados para pelear, asi que con una tranquilidad poco usual en ellos, solo ocuparon sus puestos y escucharon a Shiro continuar lo que parecía un largo sermón.

— Como les estaba diciendo, esta semana fue la primera de sus clases especializadas y no podría estar más orgulloso de ustedes — decía mientras pasaba los dedos por los archivos de cada uno de ellos y abriendo uno a uno mientras hablaba, describió los resultados de cada uno — Jessica, tu desempeño es tan sobresaliente como el que se esperaba, viniendo de tu familia. Tus padres deben estar más que orgullosos.

Jessica se sonrojo un poco pero se limitó a saludar con una timida sonrisa.

— Hunk, tu tampoco te quedas atras, aunque me dijeron que tienes que trabajar en tus puntos de enlace pero en general, tu desempeño es mejor que el de la mayoría.

— Gracias, Shiro — río avergonzado Hunk para después saludarlo igual que Jessica.

— Lance. El comandante Holt me ha indicado que tu desempeño ha mejorado sustanciosamente. Es grandioso ver que estas alcanzando el potencial que todos esperamos de ti.

Garrison ProudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora