La alarma es una maldita porquería, ¿lo sabían? La odio profundamente.
Estiro el brazo sobre la mesa de luz para intentar encontrar el teléfono y apagarla cuando, en su lugar, empujo sin querer el vaso que me había puesto ahí mismo por si me daba sed durante la noche y este cae al piso, derramando el agua que quedaba en su interior y rompiéndose en pedazos contra él en cuanto entran en contacto. Gruño frustrada, apago la alarma finalmente cuando encuentro de una vez el teléfono y me siento en el colchón, mirando el desastre y bajándome por el otro lado para no lastimarme e ir por un trapo y una escoba. Salgo y vuelvo a mi cuarto en absoluto silencio y me dispongo a secar el piso primero para, a continuación, juntar los trozos de vidrio más grandes con las manos con cuidado.
No obstante, es ahí cuando noto que la TV sigue prendida desde anoche y veo el noticiero pasando, una vez más, la noticia del asesinato. Niego con la cabeza ante su insistencia sobre lo mismo, cuando noto algo raro: no es la misma casa. Alcanzo el control remoto y subo un poco el volumen del mismo para poder escuchar.
-(...) es el segundo asesinato consecutivo en la ciudad, algo inédito en cuestión de años. Desde hace mucho que no se daba esto. El asesino de la sonrisa, apodado así por la forma en la que deja los cadáveres de sus víctimas, ataca de nuevo, esta vez, a una joven pareja en una casa de los suburbios.
>>Las autoridades llegaron al lugar a eso de las dos de la mañana, luego de ser alertados por un vecino, mas no llegaron a tiempo puesto que, al momento del ingreso al domicilio, el homicida ya había desaparecido. La policía no tiene pistas y se encuentra totalmente desconcertada. El capitán de la policía a cargo del caso, Jhon Wenster, nos concedió unas palabras:
-Aunque me cueste admitirlo, no estamos cerca siquiera de poder atrapar a este ignoto, sin embargo, continuaremos con nuestros esfuerzos por conseguirlo. Esta pareja fue la que sufrió esta noche, pero mañana podría ser alguien más, Dios no lo quiera. Pedimos encarecidamente, desde lo más profundo de nuestra preocupación por nuestros ciudadanos, que por su seguridad, cierren puertas y ventanas con trabas y activen sus alarmas, no anden solos de noche y mucho menos permitan extraños en sus casas cuando el sol se oculte. No decimos que todo el mundo sean presuntos asesinos, pero desconociendo aún la identidad de la persona a quien nos enfrentamos, cualquiera puede ser sospechoso, aunque nos duela, hasta el ser más querido y menos pensado puede sorprendernos. Y al asesino, si me estás viendo, quiero que sepas que voy a ir por ti, no voy a detenerme hasta verte tras las rejas o encerrado en un manicomio maldito psicópata. Te lo juro, no voy a tener piedad de ti.
La comentarista sigue narrando y, en un momento, menciona la dirección donde fue esta matanza, haciéndome notar con horror, que no es muy lejos de aquí. Un escalofrío de miedo me recorre por completo en menos de un segundo, haciendo que apriete los puños en un vano intento de controlarme, olvidándome por completo de los fragmentos de cristal entre mis palmas, causando que uno se incruste en la parte carnosa de la misma haciéndome sangrar. Asustada, corro hacia el baño y meto la herida bajo el chorro de agua fría, quitando el fragmento hundido en mi persona con cuidado de no dejar ningún resto en el corte y limpiándolo con cuidado por el dolor.
Alcohol, una venda y listo. Tiro el pedazo de vidrio en el tacho junto con lo que usé para curarme y salgo del cuarto de baño aún un tanto aturdida, intentando olvidar los sucesos de la noche narrados en la TV y agradeciendo encarecidamente, ahora sí, a la protección de mi padre y su insistencia en la idea de los guardaespaldas. Silencio a la comentarista, que ahora habla de un choque en la autopista, y me dedico a juntar con la escoba los restos del desastre, tirándolos en el tacho y saliendo nuevamente a mi cuarto para cambiarme.
Me decido por algo sencillo: un vaquero negro roto de las rodillas, una camiseta roja con el logo de Kiss en el pecho más o menos al cuerpo, una campera de cuero que me llega por media espalda y de manga tres cuartos también en negro y unas botas tipo tejanas en rojo oscuro con unas pequeñas tachas como decorado. Me ato el pelo en una cola de caballo alta, me pongo un poco de rimel y delineador y listo, perfecta para ir a mi lugar de trabajo.
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Melodía de Muerte...
Romance¿Alguna vez te imaginaste conociendo a tu ídolo en persona? ¿Que podías hablar con él y tenerlo tan cerca que puedes mezclar tu aliento con el suyo? Seguramente la respuesta es sí, aunque dudo mucho que sea en la forma en la que lo está experimentan...