La Pasión de Noche

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-¡Vamos, Día! ¡Ya casi llegamos!

-¿No podemos quedarnos a descansar aquí?

-Sabes muy bien que no. Es muy peligroso.

Día y Noche estaban volviendo a casa después de pasar un largo día cazando, intentando pasar desapercibidos por las sombras de los edificios. Por suerte, habían atrapado lo suficiente para alimentarse por hoy, pero había habido ocasiones en que necesitaban salir en la noche para no irse a la cama con el estómago vacío.

-Ya estamos aquí, ¿ves? Ahora podemos descansar. -Noche le dijo a su hermana.

Entraron por la ventana de su casa hacia su dormitorio; un cuarto con una gran cama cuadrada. Los dos hermanos habían sido separados por los humanos a los dos meses de edad, pero después de que éstos desaparecieron, algo que muchos gatos habían empezado a llamar El Abandono, se reencontraron y decidieron vivir en una casa despoblada que estaba cerca de su antiguo hogar.

Día se desplomó en la cama y se quedó dormida inmediatamente. "Pobrecita" pensó Noche mientras se acurrucaba a su lado. Ella siempre había intentado cazar tan bien como su hermano, pero era demasiado ruidosa. Al cazar, ella se encargaba de espantar la presa para que corriera hacia donde estaba esperando él. Funcionaba, pero podrían cazar mucho más si Día pudiera atrapar comida por su cuenta. "Se esfuerza demasiado. No importa si a veces nos falta de comer, no tiene que exigirse tanto." Sin darse cuenta, el cansancio se apoderó de Noche y se quedó dormido.

***

Un sonido despertó a Noche. Se levantó rápidamente y miró alrededor. Parecía venir desde afuera. Sacudió a Día para despertarla. -Que pasa? -preguntó, media dormida. -Aún está muy oscuro, no puedo ver muy bien.

-Ya se, pero escucho un sonido extraño y quiero ver que es.

-Un sonido? -parecía mucho mas alarmada ahora. -¿Que escuchas?

-No estoy seguro, pero creo que viene de arriba. Sígueme.

Subieron hacia el tejado, y lo que Noche había oído terminó siendo algo maravilloso. Las voces de miles de gatos, más de los que Noche había visto nunca, estaban cantando en harmonía. Sin pensarlo, Noche comenzó a cantar.

Se sentía más vivo que nunca. El viento le rozaba el pelaje y parecía como si todos los gatos del mundo estaban cantando a su lado, compartiendo sus emociones, sus pensamientos. Estaba viviendo mil vidas, todas tan diferentes, pero tan parecidas al mismo tiempo. Sentía lamentos, alegrías, plegarias, miedos, remordimientos, dolor, amor, vida, muerte-

-¡Ah!- Noche cayó del tejado, rompiendo el hechizo que le había puesto el Canto. Se sacudió y miró hacia arriba. Su hermana lo estaba mirando y bajó de un salto para ver si estaba bien. -¡Perdón! ¡Perdón! Es que estaba intentando preguntarte que escuchabas y no parecías percatarte de mí y tenía miedo y... y... ¿Estás bien?

Noche sacudió su cola, enojado consigo mismo. Claro que Día no había escuchado El Canto. No podía escuchar nada. Era sorda.

Usó las señales que usaban para comunicarse para responderle. -Sí, estoy bien.

Ciudad de los Gatos (En Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora