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Su mirada fija me está poniendo nerviosa, ¿debería preguntar qué es lo que pasa?

-Tienes pecas en los iris. 

Lo que dice me deja sin habla, ¿eso estaba mirando? No es algo que no supiera, lo que me sorprende es que él lo notara, ya que hay que mirar con detenimiento para hacerlo así que, ¿cuánto me ha observado?

-No es algo que se perciba enseguida, están semi-ocultas en ese marrón verde y gris que tienes, sin embargo, cuando te fijas bien, al instante las notas y, una vez que lo hiciste, ya no puedes ignorarlas. Me gustan. 

-¿Gracias?

Andy se ríe ante mi gesto de desconcierto y me sorprende con un ligero beso en la frente, para luego sonreírme con dulzura. 

-Eres adorable, ¿te lo habían dicho? 

Pongo los ojos en blanco ante su gesto risueño y me encamino al heladera para sacar el pollo para cortarlo. Lo dejo a él con esa tarea y me pongo a preparar el aderezo que le pondré al cocinarlo para que tenga un gusto diferente. En tanto la comida va tomando forma, la charla fluye tranquila hasta que nos adentramos en temas más personales.

-¿Y cómo es que decidiste volverte diseñadora?

-Bueno, siempre me gustó dibujar y elegir ropa para mis muñecos, incluso ayudaba a mi mamá con su vestuario. A temprana edad me di cuenta de que era lo que me apasionaba y decidí que, cuando entrara a la universidad, estudiaría eso para poder volverme lo suficientemente reconocida como para poder vivir de lo que me gustaba. 

El recordar a mi madre me pone melancólica y, por un momento, me quedo estática con la imagen de ella fija en mi mente, recordándola cuando aún estaba con color en las mejillas y salíamos a pasear (solas o con Anya), o hacíamos alguna tarde tranquila de compras, o simplemente íbamos por un helado, o incluso, cuando nos tirábamos bajo uno de los tantos árboles que albergaba el jardín de casa a leer o a simplemente disfrutar de la naturaleza tranquila que nos rodeaba. Y eso me lleva a sus últimos meses de lucha, donde le dio una dura batalla a la leucemia, sin embargo, tristemente para nosotros, el cáncer le ganó y no hubo nada que hacer. La imagen de ella pálida, sin su preciosa melena roja como el fuego con reflejos cobrizos que antes rebozaba de gruesos bucles, con el brillo de sus verdes ojos ausente, conectada a cables y débil por completo por la quimio, me hace cristalizar los ojos, al punto donde ya no puedo contenerme y una lágrima se desliza con suavidad por mi propia mejilla al escapar de mi lagrimal. 

-Hey, lo siento ¿dije algo malo?

-No, no, no es eso. Lo que pasa es que, el tema me hizo acordar algo. 

-¿Quieres contarme? Prometo que quedará entre nosotros, lo que me digas no saldrá de estas paredes.

Me lo pienso por un momento y, aunque no he hablado de esto con muchas personas, extrañamente me siento cómoda con él y confío, por lo que suspirando, agarro los platos y me encamino a la mesa, siendo seguida por él y empezando a hablar a penas nos acomodamos. 

-Mi madre murió hace dos años de leucemia.

-Lo siento mucho, debió de ser difícil.

-Lo fue, ella luchó todo lo que pudo, pero al final el cáncer ganó. Se lo detectaron tarde y estaba bastante avanzado, lo suficiente como para que las quimios no fueran lo bastante efectivas como para salvarla. Era extremadamente deprimente ver a la mujer que me dio la vida y que siempre había sido una persona activa y llena de energía que no paraba nunca si podía, postrada en una cama siendo una mera sombra de la asombrosa persona que había sido. Incluso enferma seguía viéndole lo positivo a la vida: decía que no le importaba que el cáncer se quedara de rehén su cabello, que cuando ella ganara lo recuperaría y que, mientras tanto, se divertiría probando nuevos estilos con pelucas.

Melodía de Muerte...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora