XXXII- La necesidad vence a las excusas.

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~" No estoy pensando con claridad. Viendo borrosas las líneas. Tú me intoxicas al igual que la nicotina, heroína y morfina. De repente soy un demonio y tú eres todo lo que necesito."  - Never be the same - Camila Cabello.~

-¿Por qué?- Preguntó ella.

-Por ser tan desconsiderado e inoportuno.- Volteé lentamente.

-Oh...- Cruzó sus brazos a la altura del pecho y apartó su mirada. -No fue nada. De hecho, quería agradecerte por no haber entrado en un ataque de pánico o algo peor.-

-No agradezcas todavía.- Aunque mi tono reflejaba una broma, en el fondo no lo era.

-Prometo que lo que resta de la noche la pasarás tranquilo.- Me sonrió.

Sonreí automáticamente, era imposible no hacerlo. Habíamos evadido la tensión por un segundo pero el silencio y la incomodidad fueron inevitables. Aún seguíamos envueltos en toallas a pocos pasos de distancia. Tenía que dejar de mirarla de esa manera tan voraz. El ambiente no ayudaba, el calor mezclándose con el frío que irradiaba Ciara era una sensación increíble pero no para este momento.  No podía apartar mis ojos de ella pero no había notado que sus manos aún seguían teñidas de ese negro tan extraño y profundo. 

-¿Estás bien?- Señalé sus manos, las cuales sostenían la toalla.

-Sí... Ya volverán a la normalidad.- Levantó sus hombros restándole importancia aunque su suspiro decía lo contrario.

-¿Es malo que permanezcan así?- Mi curiosidad y yo avanzamos. 

-Para mí no pero para mi entorno sí. Es una señal de la energía acumulada y, lamentablemente, no puedo controlarla. Afecta todo lo que toco.- Mi vista viajó a sus manos, las cuales sostenían la toalla en la que estaba envuelta. -Observa.-

Ciara sacó sus manos de la toalla y esta comenzó a aclararse hasta llegar a un tono grisáceo. Me limité a sonreír aunque realmente quería gritarle lo fabulosa e increíble que era. Esta mujer me había cautivado desde el primer momento que la vi pero aún así evitaba pensar en eso. Mi primer excusa era que era mi jefa y era su empleado más reciente, podía perder el trabajo si sucedía cualquier cosa. En segundo lugar estaba Gina y la herida que causó en mí que aún no sanaba. Por último, esas murallas que la escondían no me dejarían avanzar nunca y yo no quería salir herido en el intento. Y ahora, teniéndola a unos centímetros frente a mí esas precauciones parecían absurdas. 

Me había perdido en la sonrisa que me regaló cuando, como si fuese en cámara lenta, su toalla comenzó a caer. Mi cerebro actuó rápidamente y de forma inconsciente detuve la caía de la toalla. Sus manos llegaron luego de milésimas de segundos y se encontraron con las mías. Inmediatamente mi mirada volvió a sus ojos, no quería que malpensara mi accionar. Su respiración se entrecortó y sus ojos expresaban tantas emociones que no podía leerlas a todas. Esas esferas azules me tenían hipnotizado pero una sensación extraña invadía mis manos haciendo que mi atención se viera desviada. Ahora podía ver una emoción en particular, el miedo. Todavía no podía hablar pero mis ojos le pidieron permiso para bajar la vista. Ella asintió despacio mientras subía un poco más la toalla. Sus manos seguían cubriendo las mías inmóviles sobre su pecho cuando bajamos la vista.

El color de sus manos se extendía por las mías hasta mis muñecas y desaparecía sobre la toalla.   Ciara se estremeció,  sostuvo la toalla dejando de lado mis manos y se alejó.  Al instante mis manos habían vuelto a la normalidad y se sentían vacías y frías. Ella se acercó lentamente, curiosa por lo que había sucedido. Miraba mis manos y las suyas con el ceño fruncido. 

- Tú también sentiste eso, ¿No?- Asintió confundida.

-¿Cómo es que no estás tirado en el suelo gritando de agonía con tus manos hechas pedazos?- 

-No lo sé...- Su confusión se volvió mía también e intenté sostener sus manos.

Cuenta Ciara.

-No. ¿Estás loco?- Me alejé negando.

-Ciara confía en mí.- Harry volvió a acercarse.

-En ti si confío. El problema es que no confío en mí.- Me abracé a mi misma sin darme cuenta de lo que había dicho. Mis murallas amenazaban con derribarse ante él.

-Pero yo sí.- Sus manos me sostuvieron brindándome una calidez que no sabía que necesitaba. 

-No quiero lastimarte.- Esta conversación comenzaba a tener doble sentido y yo ya no quería resistirme más.

-No lo harás.- Sus ojos esmeraldas conectaron con los míos aislándome del mundo, solo estabamos él y yo.

Lentamente alzé mi mano para que se juntara con la suya.  No estaba totalmente segura de si era una buena idea pero esos ojos habían logrado convencerme. Harry junto nuestras palmas y entrelazó los dedos. Luego, hizo lo mismo con la otra mano.  Como si se tratara de un cambio repentino de aire, la sensación comenzó a fluír por nuestras manos hasta desvanecerse en la nada. Era difícil explicar cómo se sentía.

-Es raro...- Admití.

-Es la mejor sensacioón que he experimentado en mi vida.- Ahora podía afirmar que realmente estaba desquiciado.

-¿Qué sientes?- Quizás disfrazaba su dolor de alguna forma.

Se mostró pensativo por unos segundos. - Es frío y supongo que es gélido pero aún así lo siento como si fuera una fresca brisa de primavera.  Tiene momentos cálidos, como si fueran manchas de calor entre tanto frío. Es tan... magnética. Podría sentirla toda mi vida.-

Me había dejado con la boca abierta. No podía creer lo fácil y preciso que la había descripto. Admiraba su facilidad de expresión, en mi caso, lograr una descripción tan detallada y poder explicarla me hubiese costado largos años de preparación. No podía agregar nada a lo que había dicho Harry excepto una palabra, placer. Realmente era placentero y ya no era solamente la sensación que recorría nuestras manos sino toda su presencia. Desde la perdición de sus ojos hasta el calor y el aroma que irradiaba. Me sentía en una burbuja y me agradaba. Con él me sentía un poco más humana, me recordaba que tenía corazón.

Mi embobamiento no me había permitido notar que Harry había fruncido su ceño. Miré todo su rostro en busca de alguna mueca de dolor pero solo encontré duda. ¿Qué sucedía ahora? Se acercó aún más hasta que nuestros cuerpos chocaron, piel contra toalla. Su presencia tan cerca me dejaba sin aire y se agrababa al pensar que solo nos limitaba una toalla resbaladiza.

-¿Pasa algo Harry?- Logré hablar luego de varios intentos.

-Solo me preguntaba...- Sus ojos se posaron sobre mis labios.

-¿Si?- Pregunté expectante y con la boca seca, algo me faltaba, algo necesitaba.

-No sé si es correcto...-  Su respiración chocaba contra mi rostro con ferocidad, haciéndome sentir acalorada.

-¿Qué?- Comenzaba a impacientarme, necesitaba algo, rápido.

-Quizás...- Con cada palabra que pronunciaba su voz se volvía más profunda y ronca.

-¿Qué? Harry, ¿Quízás qué?- Nuestras respiraciones estaban entrecortadas y el calor se apoderaba del frío lentamente.

-No lo sé...- Lamió sus labios de una forma tan tentadora.

-¡Al diablo todo!- Cedí a esa tentación y lo besé.

Harry reaccionó al instante sin dejarse llevar por la sorpresa. Soltó mis manos, colocó las suyas sobre mi cintura y me pegó contra él. Podía sentir la necesidad en ese beso, al parecer, no era la única que se estaba volviendo loca por eso. No podía seguir evadiendo esto. No solo necesitaba ese beso sino que lo necesitaba a él de la peor manera, como el diabético que necesita la insulina. Tanto que me asustaba de la manera más desquiciada que existía. Ahora no me importaba mi energía oscura, no me importaba un carajo. Lo tenía a él, sosteniéndome, besándome y nada podía ser más importante que eso.

El beso comenzaba a perder la poca dulzura que albergaba y las toallas molestaban. Podía sentir como Harry se endurecía y me apretaba contra él. Lo admitía, no podía esconderlo más, este hombre me tenía loca.





Dorchadas Álainn ||H.S|| a.u (Wattys 2019)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora