2.

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Erick llevaba una semana encerrado en una habitación lastimosa.
La cual constaba de un colchón sobre el suelo en muy malas condiciones, húmedo y con varios muelles fuera de su sitio. Había una mesa con las patas en mal estado y muy despintada. Las paredes estaban esconchadas y con humedades. La habitación olía muy mal debido al fuerte olor a humedad.
Había una ventana, cerrada obviamente con unas pequeñas rendijas abiertas que dejaba entrar a la habitación una luz tenue. En frente de esta, había otra ventana cerrada. Quizás se pudiera comunicar con el vecino de en frente en un futuro y así poder salvarse.

De aquel día en el que fue secuestrado recordaba poco. Recordaba haber cogido el móvil y lo demás era confuso.
Cuando despertó estaba ya en aquella habitación y 3 veces al día le llevaban comida. No se comunicaban con él pero alguna vez los oyó hablar en ruso. Erick estaba bien jodido.
Los secuestradores tenían pensado pedir una alta suma de dinero a cambio de devolver a Erick con su familia. Lo que ellos no sabían es que la familia estaba en casi banca rota. Erick tenía muy complicado el salir de allí.

* * *

Mientras tanto Lucía se lamentaba por lo que había pasado aquella noche. No quería haber acabado así con él. Quería tener algo serio. Algo de verdad con él, no una simple aventura.

Lucía era una chica normal y corriente. Vivía con sus padres y el día que ocurrió aquello con Erick sus padres estaban de viaje. Estudiaba medicina con Erick. Se fijó en él desde la primera vez que lo vio. Le veía algo diferente a los demás, algo especial. Al contrario que él no tenía mucho dinero. Sus padres apenas podían llegar a fin de mes pero ella se conformaba con lo que tenía y era feliz junto a su familia.

El día después de lo que había pasado entre ellos, Lucía estaba comiendo con sus padres y su padre puso el canal de las noticias. Apareció la desaparición de Erick y a Lucía se le cayó el mundo a sus pies. Aún así, terminó de comer y se excusó con sus padres diciéndoles que iría a dormir un rato. Al llegar a su cuarto se desplomó en su cama y un río de lágrimas corrió de sus ojos. Lloraba por la frustración de no poder haber hablado de lo que ocurrió, de alomejor no poderlo volver a ver nunca más y porque lo quería. Llorando se quedó dormida.
Se despertó sobre las 5 y decidió bajar un rato al salón. Allí se encontraba sus padres hablando y cuando la vieron aparecer, la miraron.

- Lucía, ¡Nos mudamos! - Dijo mi padre emocionado.

- ¿Cómo que nos mudamos? ¿Por qué?.- Dijo Lucía desconcertada.

- He encontrado trabajo cerca de tu universidad. Nos mudaremos a una casa cerca de allí y así no tendrás que coger el autobús. Será más económico para nosotros.- Su padre estaba convencido de ello.

Lucía estaba muy emocionada pero sabía de sobra que echaría de menos su casa. Además algo muy importante había pasado en su cuarto. Había perdido la virginidad con el que chico que le gustaba.
Decidió hablarle a su mejor amiga Carolina.

Lucía:   Carol te tengo que contar una cosa súper fuerte. Bueno dos. ¿Cuándo puedes quedar? 18:21✓✓

CarolinaTía no me asustes. ¿Qué ha pasado? 18:24✓✓

Lucía¿Qué si puedes quedar? Prefiero contártelo en persona. 18:25✓✓

CarolinaSí. ¿A las ocho en el parque de al lado de tu casa? 18:25✓✓

LucíaPues ahí nos vemos. No llegues tarde que te conozco. 18:26✓✓

A la hora acordada llegó Lucía y mientras Carolina llegaba se dedicó a observar el parque. Era pequeño pero era muy transitado por los vecinos de aquella zona. Tenía una pequeña fuente en el centro con unos cuantos patos, a los cuales un niño le tiraba palomitas y ellos se acercaban para comérselas; una zona de columpios donde había muchos niños corriendo o simplemente jugando con la arena; y alrededor de la fuente había bancos dónde estaban las madres que observaban a sus hijos jugar y algunos abuelitos observando los patos o dando una vuelta. A Lucía le gustaba mucho ese parque. Solía ir de pequeña y muchas tardes quedaba con Carolina allí.
Un cuarto de hora más tarde llegó Carolina y Lucía la miró mal mientras esta se acercaba.

- He tenido un problema, de verdad. Al salir de casa me he dado cuenta que la camiseta que llevaba puesta estaba manchada y he tenido que volver a cambiármela por otra pero resulta que las demás estaban todas arrugadas. Entonces me he parado a plancharla y todo eso.- Dijo Carolina mientras sonreía a Lucía.

- Ajá. A ver cuál es la siguiente excusa bonita.- Dijo Lucía mientras le guiñaba un ojo.

- Bueno cuéntame ya eso.- Dijo Carolina muy intrigada.

Entonces Lucía empezó a contarle lo de la mudanza primero. Carolina le dijo que la ayudaría. Luego le contó lo ocurrido con Erick muy detallado. Contándole todo lo que recordaba y lo que había sentido. Y Carolina se quedó muy asombrada

- ¡¿Qué hablas?! ¡No me lo puedo creer! ¡Estoy alucinando!

- Yo sí que no me lo creo. - Dijo Lucía sonrojada

- ¿Te ha hablado o lo has visto después de eso?-

- No. ¿No has visto las noticias?- Se puso seria Lucía.

- ¿Qué ha pasado?

- Ha desaparecido. Estoy que me subo por las paredes de verdad.- Habló mirando al suelo. No quería que Carolina la viera llorar. Se le habían cristalizado los ojos.

Carolina la abrazó mientras Lucía soltaba todo lo que tenía dentro. Después cambiaron de tema y hablaron sobre otras cosas.
Pasaron casi todo el día juntas y sobre las doce y media de la noche cada una se fue a su casa. Lucía se sentía mejor pero aún así esa noche lloró hasta quedarse dormida.
La semana siguiente debería empezar a empacar sus cosas para irse a la nueva casa.

* * *

Erick para no volverse loco, cada día arrancaba un pequeño trocito de la pata de la mesa y así contaba los días que pasaba dentro de ese infierno. A veces se asomaba por las rendijas de la ventana y otras veces pesaba en que pudo a ver ocurrido con aquella chica.
Él no era mujeriego para nada por eso le extrañó haberse encontrado en aquella situación.
Esa noche, Erick también se durmió llorando. Ansioso por verse fuera de ese cuartucho.


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