La casa del Caballero

275 28 14
                                    

--Esperame aquí--le dijo Gian a Emilio apenas llegaron a la casa-- Volveré en unos instantes.

El hombre entró a la casa y el pequeño pudo ver que le hablaba a una mujer que tenía una barriga enorme, sin duda estaba embarazada de varios meses porque no parecía gorda.

Aquella mujer le echó un vistazo al niño por detrás de los hombros de su marido y asintió. Ella se acercó al chiquillo y lo miró con sus ojos castaños centelleantes de compasión.

--¡Pobrecito niño!-- exclamó al ver su ropas rotas y su cabello desgreñado--¿Cuantos años tienes chiquillo?

--Seis señora-- dijo el pequeño confundido.

--No te preocupes-- dijo la mujer tomando el rostro del niño entre sus manos y peinando su cabello-- Yo te voy a tratar muy bien. Acompañame, vamos a buscar algo de ropa para ti.

Emilio tomó la mano que aquella mujer le extendía y la siguió a la casa. Fueron a la parte de atrás donde había un barril.

--Escucha-- dijo la mujer acercando un banquito al barril-- se que faltan unas semanas para el día del baño, pero creo que necesitas limpiarte, así que mientras voy a buscar ropa nueva para ti,entra  en el barril y quitate toda esa mugre ¿Si?

Emilio asintió y esperó a que se fuera la mujer para desvestirse y entrar al barril. El agua estaba fresca, el niño comenzó a fregarse la piel y los cabellos para despegar la tierra y que tenía encima. Pronto se sintió como un hombre nuevo.

--Secate con la tela que está en el banquito y entra a la casa Emilio-- gritó la mujer desde dentro.

Emilio obedeció y envuelto en aquella tela gris se metió a la casa del caballero Gian.

--Ten-- le dijo la mujer extendiéndole unos pantalones, marrones, unos calcetines de lana y una camisa blanca-- Eran de mi hijo cuando tenía tu edad, están algo viejas pero creo que te van a quedar bien. Vistete y buscame afuera.

El niño se vistió rápidamente, aquella ropa le parecía increíblemente lujosa, la tela era muy suave. Llevo el puño de la camisa a su nariz, aquella tela olía increíble, estaba tan feliz que no le importó que la camisa y el pantalón le quedaran grandes, o que ambas prendas estuvieran remendadas. No, el no necesitaba demasiado para ser feliz. Se puso sus zapatos viejos y buscó a esa agradable mujer que le había dado todo eso.

--Así esta mejor-- sonrió Marga-- Ven aquí, sientate en el escalón de abajo-- ordeno ella con un cuchillo en la mano-- No te asustes pequeño.

Emilio sentó en el escalón y dejó que la esposa del caballero cortara su cabello. Mechón tras mechón caían al suelo y después de un rato, cuando Emilio creyó que Marga lo había dejado calvo, ella terminó.

--Listo muchacho-- dijo ella poniéndose de pié-- Observame-- ordenó la mujer para observar el resultado de su trabajo.

--Excelente-- se felicitó ella-- Ahora pareces un apuesto caballero-- dijo y le sacudió los pocos rizos que quedaban en la cabeza del niño.
Se frustró un poco al ver que él no sonreía, pero trató de entender.

--Vamos a ver tu cuarto.

--¿Cómo es su nombre señora?-- preguntó el niño.

--Marga, querido-- dijo ella con un sonrisa-- Ya casi llegamos.

Pronto llegaron al pequeño deposito de cereales que estaba contiguo a la casa de Gian y si familia, si bien era una casa normal, años atrás había vivido mucha gente allí y la estructura estaba llena de ampliaciones un tanto rusticas. El deposito era una de ellas.

--Tu dormirás aquí-- dijo Marga señalando el catre  que había en el pequeño deposito--¿Está bien para ti?

Emilio observó el catre, estaba cubierto con dos sabanas y tenía una almohada, además había una manta tejida doblada a los pies del catre.

--¿Todo esto para dormir yo solo?-- preguntó tímido el pequeñito-- O va a dormir otro sirviente aquí también.

--No Emilio-- dijo la mujer enternecida-- Es todo para ti.

--Muchas gracias señora-- exclamó feliz el niño-- Sabe yo antes dormía afuera de la taberna, en el pasto junto a mi perro.

Marga intentó ignorar el dolor en el pecho que sintió al escuchar aquello. Aquel niño había tenido una vida de pesadilla, ella lo había espiado mientras se vestía y pudo ver las heridas y moretones que tenía a lo largo de todo el cuerpo.

Estaba furiosa con la bestia que había sido capaz de hacerle algo así a un niño, pero claro, ella era una dama noble, no tenía idea de que cosas así eran de lo mas normal en la aldea.

--¿Tienes un perro?-- preguntó ella--¿Cómo se llama?

--Yo lo llamo Sobras-- dijo el niño-- Lo conozco desde que soy un bebé, era la mascota de mi madre hasta que ella murió.

--¿Te gustaría traer a tu perro aquí?-- preguntó aquella mujer tratando de retener las lágrimas.

--¡Claro que sí!-- dijo asombrado-- Usted es la mujer mas buena del mundo.

La mujer sonrío con ternura y volteó a la puerta.

--¿Vienes?-- preguntó --es hora de comer.

El pequeño sonrió contento y siguió a la mujer  hasta la cocina.

--Hoy preparé yo el almuerzo-- dijo la mujer destapando la olla de hierro que tenía un sustancioso caldo de pollo-- A partir de mañana me vas ayudar tu con esto.

--Si señora--respondió Emilio--¿Usted me va a enseñar?

--Por supuesto-- respondió la mujer orgullosa--Vas a aprender rápido, pareces un niño muy inteligente.

--¿Está usted segura señora?-- preguntó el chiquillo-- Mi padre me ha dicho que soy un tonto.

La mujer se dio vuelta indignada, dejó la olla sobre una mesa y se acuclilló frente al niño.

--Escuchame bien Emilio--dijo ella tomándolo por los hombros--Tu no eres tonto, eres un niño, y si bien vas a trabajar muy duro aquí, quiero que te diviertas y si hay algo que te molesta puedes decírmelo ¿Está bien?

El pequeño solo asintió y dejó que la mujer lo abrazará.

Se sentaron a la mesa, y allí habían dos niños más, uno que evidentemente era el hijo del caballero y el niño que había visto en la taberna.

--Bien Emilio, ese de allí es mi hijo Giovanni, el otro niño es Lazzaro, es mi criado-- dijo el caballero.

--Algún día seré su escudero-- dijo Lazzaro con orgullo.

--Así es-- dijo el hombre sonriente-- Y tu Emilio, estás aquí porque mi esposa está embarazada y dentro de poco tiempo va a necesitar mucha ayuda aquí en la casa.

--Si señor-- dijo Emilio-- Yo voy a trabajar muy duro, se lo prometo.

---

Después del almuerzo, Marga tomó uno de los caballos del establo y se dirigió a la taberna del pueblo. Desmontó y entró al apestoso lugar.

--¿Qué desea señora?-- preguntó el gordo dueño del lugar.

--Usted es un cerdo-- escupió ella al ver a aquel hombre-- ¿Cómo pudo hacerle tanto daño a su hijo?

--Escucheme bien señora-- dijo aquel hombre rechoncho masticando ira-- Ese mocoso no es mi hijo, es nada mas que un bastardo del Barón y no puedo evitar pensar que ese niño estúpido heredará todo lo que es mio.

--Le repito-- dijo la mujer en tono agrio-- Es usted un cerdo, y me voy a llevar a su perro, su bastardo, lo extraña.

Los Bastardos del Señor de PetraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora