Golpeas como niña.

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- Insisto, su majestad, en que debemos hacer algo ya. Ellos han roto el tratado primero, el vaticano no tomará represalias, ¿Verdad, Santo Moisés? Es sólo ir allí, tomar una que otra cosa y volver. Usted sabe de eso, ¿Verdad?

- Le recuerdo, Milady, que mis días como líder de una banda de atracadores terminó hace muchísimo tiempo. El señor ha iluminado mi camino, y rezo con fé cada día por que enderece el suyo. Esta senda de violencia y...

Bla, bla, bla. Eso era lo único que Valedi escuchaba. Santo Moisés y su grupito de atracadores no hacían más que decir "El señor esto, el señor lo otro" "La violencia es mala". Admiraba cómo había logrado defenderse del ahora grupito de seguidores cuando, en su momento, intentaron atracar el monasterio en el que residía. Pero ahora no se los aguantaba. Se arrepintió de haber pedido su concejo y se dirigió de nuevo al Rey Moshé.

-Su majestad, sólo necesito cien de mis hombres.-Retomó Valedi su petición, interrumpiendo groseramente al santo, como era costumbre.- El ejército Grecoita está más debilitado que nunca. Será un trabajo fácil.

Moshé se había mantenido callado, escuchando tanto a Valedi como a Santo Moisés. El santo repelía cualquier atisbo a la violencia, mientras que Valedi era fanática de ella. Por más que pensó, no encontró sino motivos para apoyar a Valedi.
Intentar disminuir la desigualdad social de Egip le había costado mucho en cuanto a su reputación se refería. Ganar más tierras para darle a los nobles, quienes habían sido obligados a pagarle más a sus trabajadores imponiendo un sueldo mínimo, apaciguaría el descontento por un largo tiempo. Darles nuevas tierras para cosechar y las riquezas que serían saqueadas sería el contentillo perfecto. Además, Greco, por alguna razón, había atacado a Hap, rompiendo así el pacto de paz que había entre los reinos. El Vaticano no tendría razones para castigar su reino, o sea, su cabeza no estaba en juego en caso de salir victorioso. El ejército Greco había acabado de perder a su General y a una cantidad considerable de hombres teniendo en cuenta que habría sido a manos de tan sólo dos personas. O eso decían las malas lenguas. ¿Era posible?
La mente del Rey Moshé estaba hecha un lío. No encontraba razones para negar la petición de Valedi, sin embargo, ignorar el concejo de un santo no era bien visto. Si la incursión a Greco no daba resultados, le quitarían la corona... Junto con su cabeza. Se repetiría la historia.

- Te permitiré, señorita Valedi.-habló el rey por fin- incursionar en tierras Grecas.

-¡SÍ!- Valedi alzó la cabeza y gritó tan fuerte como pudo.

-¡Sin embargo!

- Oh, lo siento. Prosiga, su majestad.

- No saquearás.

- Pero señor.

- ¡Deja de interrumpirme!

- Sí, sí. Lo siento. Prosiga, su majestad.

Moshé no lo recordaba realmente, pero algo le decía que el "Prosiga, su majestad" de Valedi era la frase que más había escuchado durante todo su mandato, incluso su vida. Era una chica demasiado enérgica y fuerte. Era un poco grosera y vivía a sus aires, sin embargo, era la mejor guerrera que él había conocido. Poseía una fuerza descomunal, capaz de doblegar a cualquier hombre. Nadie entendía como esas delgadas extremidades podían producir tan fuertes golpes. Tanto así, que ningún hombre se le comparaba. O al menos ninguno que el Rey Moshé hubiese visto. El verla entrenar era todo un monumento a la violencia y a la fuerza bruta. Oleadas de soldados en el suelo luchando por quitarse la deformada armadura que Valedi había acabado de golpear. Troncos agrietados e incluso, si los había usado el tiempo suficiente, totalmente destrozados. Ella decía que el color escarlata de su cabello tenía algo que ver, pero en realidad, ni siquiera ella entendía el por qué de su fuerza descomunal, pero así era, y así seguirá siendo. Por lo tanto, el rey confiaba en su fuerza, tanto como para hacerla primer pilar, sin ser general, y en la fuerza de sus hombres, quienes al entrenar con ella día y noche, se habían vuelto tan fuertes como resistentes. No se comparaban con Valedi, pero tampoco podían comparar a un soldado promedio con esos tipos. La incursión y conquista del territorio Greco sería todo un éxito. Moshé confiaba en ello.

- No saquearás, conquistarás. Reclamarás la ciudad de Creta como territorio Egipcio, y te quedarás defendiendo la nueva frontera. Confío en tu fuerza y en la de tus hombres, y sé que así será.

- Muchas gracias, su majestad, pero cuando habla de mis hombres, ¿A cuántos de ellos se refiere?

- Todos los hombres que estén bajo tu mando te acompañarán. Ve, Valedi, y conquista Creta.

- Sí, señor.

Valedi se levantó, inclinó su cabeza, giró sobre sí y caminó hasta la salida recta y educadamente. Antes de salir se giró hacía su rey, inclinó su cabeza de nuevo y se retiró lentamente.
Al cerrarse por completo las puertas del salón real, Valedi dejó escapar toda la emoción que sentía. Saltaba, revoloteaba y gritaba. Corrió hacia la salida dónde le esperaba Enma, su mano derecha. Saltó sobre él, le abrazó. Enma sabía cuál había sido la respuesta del rey, no era difícil de adivinar. Tenía preparados dos hermosas monturas que les llevarían hasta dónde se encontraban sus hombres de mayor rango. Valedi les presumía con orgullo ante su rey, y todo había surgido de una manera en que sólo a Valedi le habría sido posible. Nunca pensaron en su reclutamiento, para comenzar.
Durante el gran conflicto que hubo entre Greco y Egip, el reclutamiento masivo era el pan de cada día para los Egipcios, pero nunca se vieron reclutando a una niña.

...

En su niñez y hasta los diez años, Valedi vivía en una pequeña granja cerca de la zona central del Nilo, donde criaban ovejas las cuales, por alguna razón, Valedi amaba.
Era hija única, vivía sola con sus padres.

Una tarde, un par de soldados entraron a la fuerza, tumbado la puerta del hogar con agresividad. Exigían llevarse al hombre de la casa, pues una gran guerra se libraba entre dos reinos y necesitaba hombres.

Los padres de Valedi sabían que tarde o temprano iba a pasar, sin embargo, Valedi no tenía ni la menor idea. La pequeña pelirroja, en un intento por defender a su padre, golpeó a un soldado en la nuca aprovechando que le daban la espalda, la ignoraban. De un solo puñetazo le dejó tirado en el suelo, inmovilizado, a lo que el otro soldado le respondió golpeándola con su escudo. Valedi detuvo el ataque con su mano izquierda y con la derecha golpeó el escudo tan fuerte como pudo. El soldado cayó a un par de metros de distancia, el escudo se le había caído de la mano, la cual tenía ensangrentada. Levantándose como pudo, el soldado huyó del lugar dejando tanto a su escudo como a su compañero detrás.

Los padres de Valedi solo lograban observar atónitos sin poder creer lo que había acabado de ocurrir. Valedi, con una expresión que deformaba su rostro por la confusión, miraba perdidamente sus manos mientras divagaba en su cabeza tratando de darle una explicación a todo.

No había salido del shock cuando más soldados Egipcios entraron a su hogar, de nuevo. Una gran cantidad se abalanzó sobre ella quien estaba paralizada por ver el cadáver del primer soldado al que había golpeado. Ataron sus manos y se la llevaron.
Valedi caminaba con la mirada perdida hacia lo que sabía era una muerte segura. Había asesinado a un soldado del reino, no imaginaba ningún otro destino para ella.

...

Cabalgaba sobre Isis. La hermosa yegua galopaba sobre el empedrado de la ciudad, deleitando a quienes le veían pasar junto a su jinete. Los crines blancos del animal se balanceaban de un lado a otro con cada zancada de la misma manera en que lo hacían los largos rizos escarlatas de Valedi.
Enma les seguía de cerca cabalgando sobre Seth, su corcel.
No tardaron mucho tiempo en llegar al apto en el cual residía Enma, y dónde le esperaban el resto de sus hombres más cercanos. El bullicio y las carcajadas retumbaban en las paredes del apto, y al entrar se encontraron con ellos. Sentados, o más bien, desparramados en la habitación en la cual dormía Enma, les esperaban Farley, Howes y Chris. Valedi sólo debió asomar un poco su figura para que los hombres compusieran su postura y en el ambiente reinara un silencio sólo opacado por las voces murmurantes que provenían de la calle. Valedi tomó asiento en una silla que daba a una mesa circular, sus hombres le siguieron.

- ¿Y? -Dijo Chris, rompiendo el silencio.- ¿Tenemos permiso?

- No vamos a saquear. -Respondió Valedi, Enma frunció el ceño confundido.

- ¡Se los dije!-Gritó Howes, manoteando la mesa.- Les dije que ese viejete no nos dejaría hacer nada. Ahg, qué fastidio.

- No entiendo.-Habló Enma, Farley se había mantenido callado, serio.- Se te veía feliz... Pensé que podríamos hacerlo...

- No saquearemos.- Valedi se levantó, colocando sus manos sobre la mesa.- Conquistaremos Creta. La expansión ha comenzado...

Corazón De PiedraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora