Torneo

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--Padre Pablo-- llamó el caballero en cuanto el sacerdote terminó de oficiar la misa--Disculpe pero quería preguntarle algo importante.

--No hay ningún problema-- dijo el hombre sonriendo--¿Qué es lo que quieres preguntarme?

--Sabe padre he estado entrenando a Lazzaro para que sea mi escudero-- dijo el hombre--Y ya tiene quince años, mañana voy a la capital a un torneo de Caballeros y me gustaría mucho que Lazzaro nos acompañase ¿Puede venir?

--Pues yo-- el cura dudó, la capital estaba lejos y era el epicentro del pecado de la nación, además iba a extrañar a ese muchacho--Puede ir si el quiere-- dijo reticente.

--Gracias padre-- dijo el Caballero con una sonrisa--No se preocupe, Lazzaro va a estar muy bien.

--Dios lo escuche--respondió duditativo-- Dios lo escuche.

—Hasta luego Padre—dijo el hombre con una sonrisa—Dele usted la noticia a Lazzaro.

El hombre salió y buscó al muchacho afuera, como era pleno invierno Lazzaro estaba cortando leña, que era indispensable para mantener el calor en la vivienda que ocupaban.

El sacerdote encontró al muchacho no muy lejos y sonrió, quería a ese muchacho, nunca se lo había hecho saber, pero en el fondo se sentía como si en realidad fuera su padre.

—Lazzaro-- llamó el hombre-- Vamos a la casa, necesito hablar contigo.

El muchacho asintió y dejo las cosas donde estaban para seguir al párroco.

--¿Qué quería decirme Padre Pablo?-- preguntó el muchacho--¿Está todo bien?

—Si— dijo el hombre sentándose a la mesa— Hay algunas cosas que quería que supieras ahora que tienes dieciséis años y eres casi un hombre.

—¿Va a decirme el nombre de mi madre?— preguntó el muchacho con interés.

—No Lazzaro— dijo el hombre — Sabes que no puedo decirte eso, pero ahora vas a ir con Gian a Pavía para un torneo.

—¿Es en serio?— Lazzaro abrió mucho los ojos —¿Voy a ir a la capital a un torneo?

—Si así es— dijo el cura sin mucha emoción —Yo quería decirte muchacho, que ha sido un honor y ya gran alegría para mi tenerte aquí– dijo algo avergonzado— Te he cuidado desde que eras un bebé, realmente eres un hijo para mi y lamento que tu infancia no haya sido la mejor porque te faltó una verdadera familia pero estos han sido los mejores años de mi vida.

—Padre— dijo Lazzaro sonriendo— Usted es mi familia y siempre ha cuidado muy bien de mi aunque no era su deber le estoy muy agradecido y lo quiero mucho, usted es un gran padre.

—Vete ya muchacho — dijo el párroco con lágrimas de emoción brillando en los ojos— Gian te está esperando para irse.

—No llore padre que no hay cebollas aquí — dijo el muchacho antes de salir corriendo a prepararse para el largo viaje a la capital.

**

—¡Tres días de viaje y todo para llegar a la gran peste!— dijo uno de los caballeros que integraban el grupo que venía desde Petra— Esta ciudad puede olerse a kilómetros.

—Sus pies también pueden olerse a kilómetros— murmuró por lo bajo  su escudero pero con el volumen suficiente para que Lazzaro escuchara.

—¿No esta ni un poco emocionado — dijo el muchacho sorprendido— Yo jamás he salido de Petra.

—Pues si— dijo el hombre— Pero realmente estoy muy cansado.

Lazzaro negó con la cabeza y siguió caminando por las mugrientas calles de la ciudad.

Admiró el río que la atravesaba y los numerosos edificios antiquísimos que la habitaban. Todos parecían emocionados y multitudes salían a las afueras para el torneo.

—Es aquí — dijo Gian— Esta es la posada donde vamos a quedarnos.

Después de acomodarse en las minúsculas e insalubres habitaciones todos siguieron a la  multitud que caminaba hasta el campo donde se iba a realizar el torneo.
El Rey y los nobles aún no llegaban pero la emoción por ver a los caballeros prepararse era bastante motivo como para movilizarse hasta allí.

—Lazzaro debes ir cepillando al caballo— dijo Gian lustrando con un paño su armadura— Y luego preparalo con todas las cosas que trajimos, con suerte voy a ganar algo de dinero aquí.

—Si señor— dijo y corrió a cumplir las ordenes.

Comenzó a cepillar al enorme animal cuando vio pasar a una muchacha preciosa. Ella también lo notó y sin un ápice de vergüenza se le acercó.

—¿Eres escudero?— preguntó la muchacha— Es un bonito caballo.

—Pronto lo seré — dijo Lazzaro un tanto incómodo — Por ahora estoy aprendiendo.

—Se nota que es la primera vez que vienes a un torneo— dijo la joven sonriendo —Creeme cuando te digo que será muy divertido— soltó con voz acaramelada y se fue sacudiendo las caderas.

Lazzaro tragó en seco.

—Espero que no demasiado— dijo para sí.

Como imagino a Lazzaro en  multimedia.

Los Bastardos del Señor de PetraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora