En los lejanos recuerdos de mi memoria:
¿Me estaba volviendo loca? No podría dejar de preguntarme eso a mí misma. Pero bien sabia la respuesta a mi pregunta: No, no me estaba volviendo loca, no era un reflejo, solo era falta de originalidad. Todas las casas, con las mismas formas, los mismos jardines, el césped creciendo a la misma velocidad y él mismo amarillo pastel muerto era lo que tenían para exhibir todas las viviendas de todos los barrios de Jenquill Ville.
El Sol brillaba a través del cristal del viejo auto de nuestro padre, bueno, de lo que fue nuestro padre. Charlie manejaba en silencio, aún me aturdía su forma de ser, parecía un ser humano programado con su propio chip de personalidad, para él no existían cambios, ni emociones que fueran más allá de esa mirada frívola que compartía con Freya. Mi vida fuera totalmente sólida, si no fuera por mi propio rayo de Sol personal: Alicia.
Podría pasarme escuchando sus historias de hadas y mundos de fantasía todos los helados días de mi vida. La observaba jugando con Bigotes, su peluche favorito. Aunque resulte extraño, nunca pude adivinar que era ese muñeco, no parecía tener ni pies ni cabeza, pero no había cosa que hiciera más feliz a mi hermana.
Charlie detuvo el coche. Sin decir palabra bajó junto a Freya. Abrí la puerta del auto y ayudé a bajar a Alicia después yo ya pisar la acera. Tomó mi mano y me fijé en la peculiaridad de nuestra nueva casa. Tenía la misma forma que todas las demás casas, al igual que tenía la misma cantidad de arbustos y al igual que escalones. Me llamó la atención ese rosa palo que destacaba de entre los tonos amarillo pastel, cubierto por una capa de polvo.
Charlie sacó nuestras cosas del maletero del coche con ayuda de Freya. Verlos juntos era una de las que más me hacían pensar: ¿Estoy loca? Pero al igual que las casas no era un reflejo, era solo lo normal en los gemelos, aunque eso no justifique que hagan las mismas cosas, en algunos momentos, al mismo tiempo.
Entraron nuestras cosas a la nueva casa. Los muebles ya estaban todos colocados a petición de los gemelos. La decoración era sencilla, al igual que los muebles, nada excéntrico ni fuera de lugar. Miré a Alicia, quien, sin soltar su muñeco, miraba la casa sin emoción aparente, con la tristeza de abandonar la antigua casa enterrada en algún lugar de su ser.
Pero tal fue mi sorpresa cuando le escuché reír. Extrañada, bajé la vista para poder verle, y efectivamente estaba riendo como si algo que le pareciera divertido. Dejé de sentir su mano bajo la mía para verla después, junto con el Señor Bigotes, subir a toda prisa las escaleras.
- ¡Alis! ¡No corras!Le seguí escuchando como los viejos escalones de madera crujían a mi apurado paso. Arriba había cuatro puertas, la última, estaba entre abierta seguramente por la intromisión de una traviesa Alicia. Me acerqué con cuidado escuchando cada vez más fuerte las risas de mi pequeña hermana. Abrí despacio la puerta haciéndola chirriar. Vi a Alicia saltando sobre el colchón desnudo y viejo de una cama.
- ¿Me puedo quedar con este cuarto? - Me preguntó sin dejar de saltar con efusión.
Analicé la habitación y, a decir verdad, no sabía que atractivo le hallaba mi hermana. Las paredes eran de lo que parecía un rosa pálido cubierto por manchas negras por la humedad y un tocador despintado.
-Am…Alis, ¿No prefieres alguno de los otros? Seguro encontramos otro que se….
- ¡No! - Si grito me sobresaltó. Dejó de saltar y bajó del colchón para acercarse a mí- Quiero esto. Porfaaaa- Me suplicó con ese rostro que siempre ponía cuando quería algo que se le negaba, como los helados o las galletas entes de la cena.
Suspiré rendida.
-Está bien
- ¡Qué bien! - Celebró- Y mira…- Dijo señalando con su dedo un viejo escaparate cubierto por una gruesa capa de polvo a un lado de la habitación- Es igual al de mamá
Miré confundida a Alicia. Mamá nunca tuvo ningún escaparate, mucho menos algo que se le pareciera a lo que señalaba con tanta alegría Alicia. Pero preferí no discutirle nada , tal vez estaba en alguna fase extraña por el shok de perder a sus padres o algo parecido.
-Le diré a Charlie que traiga tus cosas.
Antes de salir miré por última vez el armario………..
Nunca imaginé que ahí se ocultaba el mayor de mis terrores……

ESTÁS LEYENDO
El Gato de Natferland
Terror"Nadie sabía que él estaba ahí menos la persona que él quería que lo supiera. Fue muy tarde para darme cuenta de que el solo existía en su propio mundo de fantasía: la imaginación de mi hermana"