CAPITULO 11: EL KAZEKAGE, FOTOS Y MEMORIAS

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CRÓNICAS DE LA ARENA LAZOS


CAPITULO 11: EL KAZEKAGE, FOTOS Y MEMORIAS.



El encargado de registro y documentación, revisaba y guardaba todos los papeles que le enviaba, para distribuirlo, ya sea al banco de registros, envíos, y peticiones de informes.

― Oh... que rara petición ―murmuró mientras terminaba de leer aquel papel que había recibido directamente del Kazekage―. Si está buscando al encargado anterior, supongo que al fin está tomando la opción de usar un asistente ―le hizo una seña a su propio asistente, para que se acercase a él―. Por favor, ve al estante 46, de la sección cinco, y tráeme el pergamino sellado con el número 57, es el único de color cobre, así que lo encontrarás rápido ―le ordenó, mientras seguía mirando con intriga, aquel papel donde el Kazekage pedía información sobre los miembros que se encontraban a cargo del registro, en la corta época donde la aldea no tenía un líder.

Su asistente asintió, para desaparecer y reaparecer a los minutos.

― Señor, aquí tiene.

― Gracias, ahora puedes seguir con tu otro trabajo, adelante.

Se mordió el pulgar, para derramar una gota de su sangre en el sello de aquel pergamino.

Su familia por generaciones, habían sido los únicos encargados de resguardar los secretos militares de la aldea, y su sangre era la única contraseña que recibían esos pergaminos.

Leyó de forma corrida hasta encontrar lo que necesitaba.

― Hum... siento que crearé un dilema ―volvió a murmurar con preocupación―. Gaara-sama me ha pedido que busque a uno de los antiguos asistentes para que lo ayuden con su labor, pero... si le doy a quien pide, puede que me regañen luego ―suspiró para aclarar sus ideas―. Al demonio, yo solo estoy cumpliendo órdenes ¿verdad? No me hago responsable de lo que pueda suceder, si no se llevan bien, es problema de ellos. Sus actos tienen consecuencias que deben afrontar ―expresó con decisión, mientras tomaba pluma y tinta, para empezar a escribir la respuesta a su petición―. Ah, no debo olvidar también escribir la otra parte ―tomó otra hoja, volviendo a escribir con rapidez―. Hum... No tendré el mejor trabajo del mundo, pero me produce cierto placer saber que a veces puedo decidir por mis superiores... ―sonrió, para luego llamar de nuevo a otro de sus asistentes―. Ten, guarda estos documentos que acabo de escribir, que sean entregados a primera hora de la mañana.

*~*~*~*~*

Sus temblorosas manos sujetaban el saquito de té, para posarlo dentro del vaso.

Su tetera empezó a silbar, dando a entender que su agua estaba lista.

Luego de varios minutos de esfuerzo para su edad, llevó su tasa en un platillo, caminado lentamente con su bastón, hasta el sillón de su sala de estar.

La ventana de su hogar, no tenía la mejor vista panorámica de la aldea, pero le permitía interactuar con el mundo, observando a la fluctuosa gente que caminaba por las calles, apenas se ocultaba el sol.

Jóvenes ninjas que volvían a sus hogares luego de una jornada de trabajo, mientras que otros parecían ir camino su horario de trabajo nocturno de centinelas. Hombres y mujeres juntos, solos o en grupo, padres y madres saliendo con su progenie a tomar un ligero paseo mientras aprovechaban para cenar fuera. Esos niños correteando sin temor entre la multitud, tan distraídos y felices...

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