Creo,
que al fin y al cabo,
somos el desahogo de alguien,
ese cuello en el que nos hechamos a llorar cuando el mundo tambien se nos hecha encima.
Ese pañuelo que mantenemos pegado a nosotros.
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cuarenta y cuatro.
Creo,
que al fin y al cabo,
somos el desahogo de alguien,
ese cuello en el que nos hechamos a llorar cuando el mundo tambien se nos hecha encima.
Ese pañuelo que mantenemos pegado a nosotros.