Merida estaba completamente furiosa.
Era normal ver a Merida ligeramente enojada, quizá de mal humor cuando no se hallaba cerca de alguno de sus tres mejores amigos, pero ésta ocasión cualquiera que se cruzara con ella tendría pésima suerte, pues la magia oscura se desbordaba por todos lados y las maldiciones salían disparadas a quien sea que le tocara un rizo a la pelirroja.
Para explicar este comportamiento, hay que irse tres semanas atrás, al momento de la primera prueba en que la chica se enteró de que Astrid había roto con Hiccup. Merida sabía que no debía entrometerse, que no era para nada su asunto y que debía tener mejor control sobre sus emociones.
Se repetía una y otra vez a sí misma que no había ningún motivo para estar enfadada con Astrid, y que, si su relación con Hiccup no había funcionado, no era asunto suyo, pero ver a su mejor amigo así de triste la tenía devastada.
Para la Gryffindor, Hiccup era la criatura más noble y más inocente que pudiese existir. Su cabello castaño, desenredado y trenzado por Astrid la volvía loca y su voz nerviosa y sarcástica la llevaban a otro mundo. Ella odiaba cada cosa sobre él: su torpe andar, sus apodos embarazosos, su completa incompetencia para cualquier asunto mágico. Cada aspecto de su amigo era una razón más para que Merida desease no volverse a enamorar de nadie nunca más, pues Hiccup ya la traía lo suficientemente pirada.
Es por eso que ahora se encontraba en las mazmorras completamente enfurecida mezclando ingredientes y murmurando cosas desastrosas para sí misma. Cada vez que agregaba un ingrediente, más se arrepentía de lo que estaba haciendo, segura de que Aster entraría en cualquier momento y de que esa poción era la peor decisión que podría tomar en mucho tiempo.
Cuando terminó, se retractó unos pasos para admirar su caótica creación. La habitación entera olía a humo, a flores silvestres y coníferas húmedas. La pelirroja sintió un dejo de culpabilidad mientras vertía el líquido en un frasco que procedió a guardar en su túnica. Con unos cuantos movimientos de varita, limpió los artículos que había utilizado y guardó todo, dejando las mazmorras de una buena vez y repitiéndose a sí misma que era una mala idea.
Subió las escaleras a toda prisa sin detenerse a disculparse con nadie cuando chocaban con ella o si eran empujados. Se dirigió al gran comedor y buscó a Hiccup. Lo vio casi inmediatamente, garabateando dragones, cabizbajo. Sus ojos reflejaban una inmensa tristeza, sólo comparada con la incomodidad de Merida al caminar hacia él. Justo antes de llegar junto a su amigo, la pelirroja tropezó con algo y cayó al suelo, rompiendo el frasco dentro de su túnica. Soltó una maldición y vio de qué se trataba lo que la había hecho tropezar.
Decepcionada, pero no sorprendida, se percató que había tropezado con el pie de Jack Frost, el bromista más insoportable del mundo justo después de sus tres hermanos menores. Cuando terminó de reírse, Jack le ofreció una mano a Merida para ayudarla a levantarse. La chica tomó su mano y se incorporó, insultándolo en gaélico y jurando que un día haría que los trolls se lo lleven muy lejos de ella.
—Ay... No lo siento— dijo el albino entre risas, y una vez que recuperó el aliento, olfateó un poco y sonrió con mucha curiosidad— ¿Comiste galletas de chocolate hace poco? Hueles muy bien.
—NO, Frost, era Amortentia, y me la tiraste encima. Tienes suerte de que no me herí con el frasco, ¡cabeza de Yak!
La pelirroja susurró REPARO y el frasco volvió a su estado habitual, sin contenido. Merida lo recogió y al levantar la cabeza de nuevo, se encontró con la cara más seria que jamás había visto a Jack hacer.
—¿Para qué la Amortentia, Merida Dunbroch? — preguntó Jack.
Merida quiso contarle, desesperadamente, dentro de su mente, le pidió a Jack que la detuviera, que le recordara la mala decisión que iba a tomar, pero ahora que el frasco estaba roto, no tenía caso que le contara sus planes. Eso y que Hiccup se hallaba a decímetros de ellos y había observado toda la escena.
—No te incumbe.
Hiccup fue el siguiente en preguntar.
—Ven, acércate, no logro oler la Amortentia.
Merida, dubitativa, caminó unos pasos más y se sentó justo al lado de Hiccup. Sintió la sangre correr a sus mejillas y un calor absurdo inundar su estómago cuando Haddock se acercó a su cintura y olfateó profundamente.
—¿Segura que la hiciste correctamente? Para mí huele a pino y pastel de moras ahumado, pero tú siempre hueles así. Nada diferente a lo habitual.
Jack soltó a reír y Merida sólo balbuceó tonterías, hasta que Hiccup se percató de lo que acababa de decir y su rostro y orejas se tornaron de un carmesí brillante.
—N-no es lo que... lo que quise decir. No es como que tú seas lo que más ame en la vida o... Aye, seguramente adoro el pastel de moras ahumadas. — vio el rostro de Merida y deseó que la tierra se lo tragase— Pero tampoco quise decir que no te amo. ¡Te amo!, ay no, eso es peor.
Hiccup salió corriendo a quién sabe dónde. Cuando ya no estaba a la vista, Dunbroch volteó a ver al albino con una mirada asesina y trató de golpearlo, pero su puño nunca llegó al rostro de Frost.
Era como si una persona estuviera sujetando el brazo de Merida para impedirle golpear al Slytherin. Ambos miraban el puño de la Gryffindor igualmente confundidos, hasta que desistió de golpear a su amigo y su brazo recuperó movilidad. Antes de que la bruja pronunciara palabra, la voz de una mujer sonó dentro de su interior, diciendo: Guardiana, no lastimes a mi hijo, tu protegido.
Merida, estupefacta, asintió e intentó ignorar lo sucedido el resto del día.
—¿Sigues sin querer decirme para qué era la Amortentia? — preguntó finalmente, Jack, mientras ambos salían del gran comedor.
—Quería dárselo a Hiccup y a Astrid para que regresaran. — admitió la pelirroja, desviando la mirada de su amigo y sintiéndose absolutamente culpable.
—Mer, sé que no necesito recordarte lo peligrosa que es esa poción
—Y yo sé que no necesito recordarte lo peligroso que es hacer tropezar a alguien con un frasco de vidrio en los bolsillos.
Ambos amigos comenzaron a discutir como era habitual, sabiendo que realmente no estaban enfadados, sino que de eso se trataba su amistad. Jack no desperdició ninguna oportunidad para molestar a Mérida con el incidente de Hiccup, diciéndole que la amaba, mientras la pobre bruja se convencía a sí misma de que no era así, que era imposible que su gran amor platónico sintiera lo mismo por ella después de tantos años.
Merida jamás había deseado tanto golpear a Jack.

ESTÁS LEYENDO
Los Hijos Del Firmamento - ROTBTD Hogwarts AU
FanficHiccup es un joven mago nacido de padres muggles. Desde su primer día en Hogwarts, se ha vuelto inseparable de sus tres mejores amigos; Jack, Rapunzel y Merida. Su vida parece bastante sencilla, pero cambia radicalmente cuando se ve envuelto en una...