Ahora viene algo difícil, enfrentarme a la realidad y ser valiente porque eso es lo único que me queda; la valentía que tengo y solo falta sacarla.
Inhalé y exhalé mientras me daba la vuelta para empezar a caminar entre todos estos estudiantes los cuales me miran extrañados, como si no supieran quién soy y no porque sea popular. Quizás porque creen que soy nueva o porque estoy completamente vestida de negro.
Tragué seco y comencé a caminar a paso lentos pero firme y con mi cabeza en alto como me lo hacían saber mis padres siempre.
Todos comienzan hablar entre ellos y a mirarme como si fuera un gusano en medio de rosas, pero no les haré caso.
¿Será que me veo diferente? Quizás si, yo siempre había usado colores claros que resaltaba.
Las miradas y los cuchicheos no paran y solo los ignoré mientras me dirigía a la oficina del director. Sentía que el camino se me hacía eterno pero llegué.
(.....)
Después de contarle todo al director pude ver lástima en sus ojos. Aunque él no conoció a mis padres y mi hermanita se siente triste y lo puedo ver en su mirada.
Mientras le contaba mis lagrimas salían y también creo haber visto sus ojos llorosos. Yo revivía lo qué pasó, todo ese sentimiento de dolor lo volví a sentir pero con la diferencia que ahora ya no me siento sola.
— Lo siento mucho, señorita Jenkins. Y no se preocupe, usted puede venir cuando quiera porque le recuerdo que tiene una beca. Además, ya extraño esas galletas de chocolate —reímos.
¿Cómo pude olvidar la beca?
— ¿Entonces... puedo empezar ya? — pregunté emocionada.
— No veo porque no —respondió con una sonrisa la cual yo le devolví—, pasa por tus horarios. Ah, y cuídate mucho —asentí con mucha emoción.
Podré ver a mis amigos y retomar mi carrera, esto es asombroso. Pasé por mi horario y solo bastaron como treinta minutos ya que fue a buscar algo no sé adonde así que me tuve que sentar y esperar.
(.....)
— No saben lo difícil que es que todos te estén mirando. Es como si fuera la nueva —les dije a mis amigos cuando entramos al comedor de la universidad.
Y es cierto, algunos ni siquiera lo disimulaban y las ganas de insultarle y gritarle son grandes pero me puedo contener.
— Prácticamente lo eres. Pero no te preocupes —dijo Verónica revolviendo mi cabello como si fuera un perro. Le di un manotazo por hacer eso y solo hizo una mueca para después reírse.
Nos sentamos en una de las mesa que está casi al ultimo con nuestras bandejas. Vero y Ken se sentaron frente de mi dando la espalda hacia la entrada.
— Vero... ¿cómo te fue en la reunión? —se me había olvidado llamarla pero también se me olvidó que no tengo teléfono.
— Nunca me dijiste cómo te fue, Nica —dijo Ken con una sonrisa al ver cómo Vero lo mira mal.
— Nunca me preguntaste, pero ahora no quiero hablar de eso porque sé que Cass tiene cosas muy interesante que contar —dijo con una sonrisa y sus ojos entrecerrados, como si supiera algo—. Me dijeron que te vieron besar con un desconocido ¿quién era? —¿es enserio?
Que chismosos.
— ¡Aah! Oh por todos los santos que nos están cuidando ahora mismísimo —puse mis ojos en blanco al escuchar a Ken —¿Quién era?
— No fue un beso... de hecho...
— No nos mientas.
— Anda, dinos.
— Somos...
— ¡No nos besamos! El solo besó las comisuras de mis labios pero no lo hizo —bajé mi noto de voz porque quizás soné enojada.
¿Porqué lo estoy?
— ¿Sientes algo por el? —miré horrorizada a Vero.
Por supuesto que... ¿no? No estoy segura, pero me da miedo de tan solo pensar que si siento algo por el y que él no corresponda.
— No lo sé... yo me he estado sintiendo mucho mejor con su cercanía y... yo...
— Mira, dile lo que estás empezando a sentir por él. Quizás te corresponde o tal vez no pero si no das el primer paso nunca lo sabrás —tomó aire y continuó hablando—. La vida es corta... tienes que vivir cada momento como si fuera el último.
Ken y yo nos quedamos paralizados, con nuestros ceño fruncido y mirando a Vero como... si fuera de otro planeta. Me gustó mucho lo que dijo pero esas palabras saliendo de ellas es magnífico.
— ¡Sal del cuerpo de mi amiga Demonio! —exclamó Ken horrorizado.
(.....)
Cuando salí de la universidad fui directo a la biblioteca, no había mucho que hacer y en algunos momentos solo leía. Pero no prestaba atención a lo que hacía o lo que leía porque las palabras de Vero se quedaron en mi cabeza.
¿Haría bien en decirle?
¿Me corresponderá?
¿Y si me rechaza?
¿Qué tanto cambiarán las cosas entre nosotros?
Al llegar al departamento me senté en el mueble para reflexionar sobre si hago bien o mal al decirle porque si, es imposible que no te guste alguien que te trata dulce. Que cuando sonríe se te eriza la piel y sientes miles de emociones por dentro.
— ¿Cómo te fue en la universidad? —su voz me sobresaltó tanto que me paré como rayo — ¿Te encuentras... bien?
— Si, eh, de hecho me fue muy bien. ¿Tú cómo estás? —me acerqué a él para estar a su frente.
Mis pies están como gelatina de tan solo pensar en lo que voy hacer, quizás esto esté mal pero ¿qué pierdo?
Puede ser que luego me eche de su casa y no quiera saber absolutamente nada de mi pero le haré caso a Vero y daré ese paso. Por eso, me arriesgué y lo besé.
Lo hice... lo besé.
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En El Olvido ©
Short StoryCassandra Jenkins sintió que su vida se derrumbaría luego de haber perdido a sus padres y a su hermana pequeña en un incendio. Sentía que ya nada tendría sentido sin ellos y no tenía ganas de vivir. Pero luego llegó él para evitar que se derrumbase...