El río

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La escasa luz de la luna reveló ante mi el ominoso destino del cual una simple y seca raíz sobre la tierra me había salvado, caí justo delante de una musgosa y vieja escalinata de troncos podridos, húmedos y rotos, que guiaba marcadamente hacia abajo entre muros de rocas y tierra removida, curvando el descenso hacia la derecha algunos metros más abajo, respiraba con dificultades por mi mugrienta boca mientras intentaba reponerme del crudo golpe, manteniendo mi nariz cubierta con la esperanza de que el sangrado parase pronto.

Tambaleante y débil me acerqué a la vieja escalinata, que dominada por la obscuridad daba la cruel apariencia de una gigantesca boca en la tierra que habria devorado a más de un infortunado animal, sus putrefactos peldaños apenas soportaban el inclemente peso del tiempo, con un lento movimiento baje mi tembloroso pie izquierdo al primer escalón sintiendo la madera ceder ligeramente ante la presión de mi peso, baje pesadamente escalón por escalón, escuchando un suave crujido en la mayoría de ellos, sintiendo como amenazaban con ceder de una vez e intentando anticiparme a esto para evitar otra caída.

Uno... dos... tres... fueron 14 los niveles que conseguí avanzar antes de estar casi en el punto donde la escalera giraba abruptamente tan solo dos miseras gradas más abajo, pude notar un ligero murmullo, un constante y casi mudo revoloteo de agua corriente, recargue mi cuerpo en la pared de tierra más cercana a la curva de las escaleras, con mi pecho aplastado contra la tierra y las manos intentando sujetarse de los guijarros sueltos asome rápidamente mi rostro hacia el camino, intentando dilucidar qué sorpresa me esperaría tras aquella curva, en apenas unos segundos mi mente barajo tantas posibilidades como mi imaginación me permitió.

¿Alguien me habría escuchado caer y me esperaban tras la curva para capturarme? ¿Atacarme? ¿Se abalanzara sobre mi un ser desconocido? ¿Acaso sería un risco y una caída incalculable? ¿Será un nuevo obstáculo? ¿Encontraré el cadáver de algun infortunado? ¿El fin de mi camino?

Cuando mi cerebro por fin pudo descifrar el entorno en el que me encontraba me quedé petrificado, frente a mi caían apenas una decena de peldaños más y el camino, aunque mucho más delgado, continuaba entre los árboles, las hojas de los árboles danzaban perezosas con el ligero mecer del viento, algunas cuantas se desprendían y caían sin más, el silbido del agua era más notorio a medida que bajaba cada escalón.

Cuando por fin complete el descenso por ese claustrofobico pasaje y puse mis pies sobre la tierra percibí de manera tenue el aroma de la tierra mojada, mi nariz afortunadamente ya no sangraba, sin embarazo apenas podría oler ya que se encontraba bastante constipada, continue caminando poco a poco, sintiendo bajo mis pies la tierra cada vez más húmeda, y mis pies marcaban sus huellas cada vez con más notoriedad.

Fue entonces cuando sorprendido note que sobre este sendero ya no se marcaba sobre el terreno el siseante camino que marcaba el desconocido fardo que arrastraron desde la cabaña, trate de recordar cada paso que había dado para discernir si habría cruzado algún camino secundario sin darme cuenta, no pude encontrar respuestas en mis recuerdos y decididamente no pensaba volver sobre mis pasos.

Lamente profundamente no ayudar a quien había escuchado gritar, ni siquiera sabía se seguía en el camino correcto para ayudarle, incluso tal vez era ya demasiado tarde, preferí mantener el camino que llevaba, de nuevo comencé a caminar hacia el frente siguiendo el camino, más temprano de lo que esperaba encontré el riachuelo que había escuchado murmullar tan poco tiempo antes.

El agua era cristalina y poco profunda, estime que media poco más de cinco metros de ancho, pero apenas tenía uno de profundidad, retire los trozos sucios de tela de mi nariz y sumergí mi rostro por unos segundos, me tomé un poco de tiempo para limpiar mi nariz, y enjuagar un poco mis vendas improvisadas.

Bebí un poco del agua corriente para mitigar la sed y me levanté para remojar mis brazos, cuando estuvieron más limpios decidí mirar a mi alrededor y conseguí notar a unos cuantos metros corriente abajo, un grueso puente de adoquín que se erigía cruzando en forma de arco por encima del tranquilo cause. Era evidente que quién lo construyó lo hizo con el único motivo de no mojarse al cruzar, así que decidí darle el uso para el cual habría sido levantado.

Me levanté completamente y me dirigí al puente, estaba echo de adoquines cortados de manera rectangulares notoriamente antigüos, con algunos crecientes de musgo salpicando su estructura, tenía un pequeño muro de seguridad de apenas medio metro de altura. A pesar de su antigüedad, que francamente era desconocida para mi, su firmeza y estabilidad era notable, después de observarlo cuidadosamente y decidir que era seguro comencé a cruzarlo.

Tras las puertas de hierroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora