Hay veces en las que necesitamos de alguien que nos comprenda, que nos ayude, que nos salve de caer bajo ese manto de depresión al que no debemos ir.
Me senté bajo un árbol, a sus pies, y observé el imponente lago que se encontraba al frente mio. La luna se reflejaba en la superficie cristalina. Había pasado ya una semana, y aún no había llegado la luz solar. Se extrañaba, de todas formas.
Jessica y Sebastian hablaban a mis espaldas. Estaban juntando ramas, para armar más antorchas para iluminar. Pobre Seba, que le había tocado ser encerrado más de cinco veces en aquella semana. Recuerdo una de ellas, cuando le agarró un ataque de furia y comenzó a lanzar ramas y piedras al cielo. Jess y yo estábamos sentadas en el suelo, observando preocupadas. El viento soplaba fríamente, por lo que me tapé con mi abrigo. Cuando una de las piedras que tiró volvía al suelo, se transformó en el manto negro, se llevó al chico y desapareció.
Jessica siempre se mostraba terriblemente asustada frente a todo. A cada segundo se mostraba atemorizada. No soportaba ver un simple viento y ya comenzaba a llorar por miedo. Sebastian y yo, en esos momentos, nos mirábamos, tratando de descifrar aquellos terrores. Luego, dejaba de llorar, y se iba caminando. Cuando volvía, volvía con la misma sonrisa alegre que llevaba siempre.- Hola chicos, ¿Qué hay de nuevo?
- Nada Jessica, ¿Y tu? - Respondió Seba.
- Todo.Cada vez la entendíamos menos. Era la segunda persona más extraña que había visto en toda mi vida. Sus emociones variaban, y sólo cuando volvía de su larga caminata. Me pregunté hacia donde iba, por lo que busqué el momento adecuado para poder seguirla, o aún mejor, acompañarla, para saber la razón de su felicidad inesperada.
- Bien, ya casi estamos cerca.
Luego de una charla larga, Jess decidió llevarme a su escondite secreto, al que iba siempre que estaba triste. Antorchas en mano, iluminamos el camino restante. Ibamos bajando una colina, que estaba rodeada por un gran bosque a sus costados. El cielo era azul aquella noche, y la luna se alzaba en el mismo lugar donde había estado siempre.
Avanzamos con cuidado para no caernos. De lo contrario, terminaríamos rodando por ella, y seguramente llevadas por el manto negro para no morir en el intento.A menos que no quisiera aparecer.
Llegamos a una cueva, cubierta por piedras. El miedo de Jessica no aparecía, de lo contrario: parecía tranquila. Y más a cada paso que avanzábamos dentro de la cueva. Era oscura, y las antorchas nos proporcionaban la luz perfecta. Los pasos sonaban secos sobre la piedra, y continuamos bajando. Observé a Jess mientras caminábamos: lucía tan esperanzada que daba miedo. Terror. No podía ocultar la sonrisa que se iba formando a medida que dejábamos la entrada de la cueva atrás. Me pregunté qué le pasaba. Qué era aquello que le brindaba tanta felicidad. Y lo que más me cuestionaba, era por qué lo había encontrado en este misterioso lugar, donde nos controlaban, donde pasaba de todo, donde había que tener y sentir de todo excepto felicidad. La admiré mucho por eso, por su valentía. Yo, a cambio, no la tenía.
Al final de nuestro recorrido, vi un pozo enorme. No se veía absolutamente nada. Todo era negro. Abajo, el vacío. Temía caerme. Era el agujero más grande que había visto en mi vida. La distancia de donde estábamos era tan grande que tuve que alejarme del borde. A ella no pareció importarle. Ahora, yo tenía miedo de que ella se cayera. Un pequeño tropezón y ya estabas muerto.
Jessica sonrió satisfecha, alzando sus hombros y respirando profundo. Nunca, en el tiempo desde que la conocía, la había visto tan relajada. Parecía como si fuese su hogar. Estaba loca. Lo estaba, y eso era un hecho.- Bienvenida al Portal.
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Sobreviviendo.
ParanormalUn descubrimiento. Una carta. Un reality que se vuelve una pesadilla. 3 lugares. 3 personas. Un fraude. Una investigación. Marianela se encuentra en graves problemas al encontrarse con un grupo de gente que tratará de hacer su vida imposible. Deberá...