Después de la cena japonesa y de sacarse fotos a la salida del local con algunos fans, Natalia condujo casi una hora hasta una mansión alejada. Allí la esperaba un magnate del que solo conocía el apellido. Solo bastó que se identificara para que le permitieran la entrada sin cuestionamientos. Ya dentro, estacionó a un costado de la puerta principal. Cuando bajó, una brisa fresca la hizo tiritar. La luna se encontraba sobre su coronilla así que la noche estaba clara. Elevó la vista antes de adentrarse en la residencia y pudo ver que solo una habitación se encontraba con la luz encendida. Supuso que era la del empresario.
Una especie de empleado le abrió la puerta y la dirigió por las escaleras. Los pasillos estaban iluminados por tramos de manera tenue. La morena intentó con todas sus fuerzas concentrarse en los cuadros, aparentemente costosos, que pendían de las paredes tapizadas para conseguir calmar los pensamientos que se le disparaban. A pesar de que lo hacía habitualmente, siempre que llegaba ese momento previo a conocer al cliente la estresaban sus propias emociones. Al final, conseguía despejar su mente, pero la inquietud permanecía dentro de ella hasta el día siguiente. Iba tan abstraída en sus reflexiones que dio un pequeño respingo al chocar con el anciano que la guiaba. Este se había detenido de repente delante de una puerta reforzada de color negro y le señaló secamente, sin hablar, que tocara el timbre que se encontraba en el marco. Y así, sin más, se fue, dejando a una Natalia entre asustada y resignada. Claro que había vivido situaciones más extrañas que esa en ese trabajo, pero nunca dejaba de temer y, a la vez, de sentirse intrigada. Con el estómago ya menos revuelto se encaminó a presionar el delicado botón dorado. Cuando alguien abrió luego del segundo toque, respiró profundo y cambió la expresión de miedo por una sensual. Cambió los labios temblorosos por una sonrisa ladeada. Cambió los ojos quebradizos por unos hambrientos. Inhaló ese perfume de hombre millonario hasta que invadió por completo su sistema y entró con pasos firmes.
—Es un placer tenerte aquí, Natalia. Estaba ansioso por verte —confesó una voz ronca a sus espaldas. No quería girarse, ya lo había visto y no le parecía feo, pero no quería mirarlo a los ojos porque se desnudaría de alma y nunca le había mostrado a nadie esa desnudez. Quitarse la ropa era fácil, quitarse los miedos no. Lo esperó, sabía que no tardaría en asomarse a su cuello.
—¿Dónde está tu ansiedad? Estás lejos, ¿acaso te decepcioné? —provocó la modelo aún sin mirarlo y se acercó hasta el borde de la cama para sentarse. Quería que la noche pasara lo más rápido posible. La risa del hombre le dio escalofríos.
—Eres atrevida, justo como me gustan. —Y ahí sí lo escuchó andar hacia ella. Se sentó detrás de la morena y con un tacto torpe comenzó a quitarle el vestido. Sus manos la raspaban, sus caricias eras rústicas, pero le había pagado mucho dinero así que gimió para motivarlo. Para no pensar en el recorrido de aquellas manos manchadas de corrupción se propuso imaginar la vida de aquel tipo; seguramente estaba casado, porque pudo ver una alianza en su dedo anular. Se preguntó si tenía hijos y confirmó que sí cuando lo vio en un portarretrato abrazando a una niña y un niño. Tenía el rostro de un padre ejemplar. También se preguntó cómo sería su esposa. Quizá rubia y por eso buscó una escort morena, para "cambiar de aire". Volvió a gemir sin ni siquiera saber dónde la estaba tocando. En el momento en que llegó su turno, sus finos dedos tantearon la bragueta que se apoyaba en su culo. Cuando sintió el bulto del tipo, se detuvo para masajearlo con experiencia. Natalia follaba de manera mecánica. Sus movimientos eran automáticos y precisos, y tenían una única misión: que el cliente se corriera. Si pagaban dinero extra, les permitía elegir una parte de su cuerpo para eyacular.
El hombre estaba ejercitado y se podía notar principalmente en su espalda ancha. Embestía a la modelo de forma bruta y ahogaba los gemidos guturales en uno de sus lóbulos. Natalia respondía con gemidos agudos y extensos. Estaba acostumbrada a todo eso y, sin embargo, no podía evitar sentirse asqueada. El sudor varonil se le impregnaba en la piel y el olor a sexo la asfixiaba. Pero es trabajo, se repetía. Liberó una sonrisa sincera cuando sintió que su cliente se corrió en el condón. Por suerte estaban a oscuras. Se sentía exhausta, pero no tanto como el tipo. Se había cansado por estar tensando los músculos mientras se sostenía de aquellos hombros anchos para soportar la fuerza de la penetración.
—Puedes quedarte a dormir conmigo, si quieres —Se tuvo que aguantar la risa en lo que se colocaba la ropa interior. No podía ser descortés con un cliente, así que prefirió rechazarlo amablemente. Casi siempre la invitaban a dormir y le parecía tan cómico. Los hombres se encariñaban tan rápido.
—Gracias, cariño, pero tengo que madrugar. En otra ocasión tal vez —Se acercó a depositarle un beso en la frente y salió alivianada de aquel ambiente pesado.
Antes de subirse al coche se puso a fumar. Notó que estaba rodeada de árboles que formaban parte del prolijo jardín del empresario. Cuando llegó no los pudo observar con detenimiento, eran altísimos. Toda la parte delantera parecía un bosque y se visualizó corriendo sin un lugar al que llegar. Esa sensación de libertad y desorientación describía tan bien su vida. Después de una calada profunda, borró cualquier rastro de culpa y se dispuso a marcharse.
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FEMINISTA ♦ Albalia/Albay
FanfictionAlba es una de las feministas más reconocidas en España. A pesar de la corta edad que posee, se destaca por su liderazgo y su formación en el área de periodismo con perspectiva de género. Terminó la carrera antes del tiempo establecido por el progra...