El punto secreto

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Ese día en particular procuré lo más que pude concentrarme en mi trabajo. Cosa que conseguí milagrosamente. Levanté la vista mirando el reloj sobre la mesa y vi que pasaban de las ocho. Escuché la puerta sonar y murmuré un "Pase", volviendo la vista a los papeles que estaba organizando y leyendo.

-Yo me voy ya, Amaia. ¿Nos vamos a tomar una copa?.-Miré a Regi y sonreí con cansancio.

-Hoy no me apetece, cielo. Además, aún me quedan cosas por revisar, hay artículos que a penas me llegaron hace unos minutos y tengo que leerlos para enviar todo listo a imprimir.- Regi se acercó mirándome seria.

-¿Sabías que tanto trabajo afecta el deseo sexual?.-Yo puse los ojos en blanco.

-Mi deseo está muy bien, no te preocupes.-Dije mirando de nuevo los papeles.-Necesito terminar esto, enserio.- Regi suspiró.

-Le diré a Alex cuando llegue que te lleve a pasear un día completo y te saque de estas cuatro paredes ¿eh?, por dios, todo lo que haces es trabajar.

-Oye, ayer me fui a tomar una copa.-Dije, y mis mejillas se tiñeron enseguida al recordar lo ocurrido.

-Espera, espera...¿paso algo ayer?, te conozco Amaia...-Yo carraspeé mirándola.

-Bueno, si, puede que haya pasado algo...-Regi me miró abriendo los ojos.-Me acosté con un tío que conocí allí.

-¡No!.-Dijo incrédula.

-Si.-Le respondí con cara de sufrimiento. Ella rodeó el escritorio sentándose sobre él y quedando frente a mi para susurrarme.

-¿Pero quien?, ¿Cómo fue?.

-Fue estupendo, tía. Te lo juro. Nunca había hecho el amor de esa forma. Y lo peor es que ni siquiera sabía su nombre.-Ella levantó las cejas y luego rió.

-Nunca pensé que tu fuese capaz de...

-Ni yo.-Suspiré.-Y sé que no está bien pero por más que lo intento no puedo arrepentirme, fue demasiado estupendo.- Regi soltó una risita.

-¿Y Alex?.

-Bien gracias, está de viaje.

-No se lo dirás ¿no?.

-¡Pero claro que no!. Fue una estupidez con muy buenos resultados, pero así se va a quedar, Alex no sabrá nada.

Regi meneó la cabeza riendo.

-Ya sabía yo que estarte conteniendo tanto aquí en esta oficina terminaría en algo parecido.-Yo la miré indignada.

-No lo hice porque estuviera desesperada.

-Oh ya lo sé, pero lo hiciste porque las ganas te comían por dentro.-Carcajeó y se levantó.-Bueno, me voy a ver si mis padres me guardaron algo de cena. ¿Segura que te quedas?, a mamá le encantaría que vinieras a cenar a casa.

-Segura. Te digo que tengo cosas que terminar.

-Bueno, vale. Quizás quieres escaparte al bar de nuevo ¿no?.-Dijo conteniendo una risa. -Vale, vale, te dejo.-Esta vez soltó una risita.-Es que me sorprendes, Amaia.-Yo le hice una mueca divertida y ella terminó por salir.

La verdad es que hasta yo misma me sorprendía.

Cuando por fin terminé de revisar todo y pude enviarlo a la parte de imprenta, el reloj marcaba las diez. No era raro que yo me quedase trabajando hasta tarde, por eso seguramente el portero aún no había cerrado. Recogí mis cosas y sentí que el sueño comenzaba a hacer mella en mí. El no haber dormido muy bien la noche anterior, y el haber trabajado todo el día, me había afectado de sobremanera.

Pero cuando caminé por el pasillo con el bolso en mi hombro y las llaves de mi auto en la mano me llamó la atención que la luz de un cubículo aún estaba encendida en medio de la oscuridad. Unos ojos se giraron mirándome y yo me estremecí.

-¿Qué haces aquí todavía?.-Le pregunté frunciendo el ceño.

El levantó la vista y me sonrió encantadoramente.

-Trabajar, ¿no es lo que se hace aquí?.

-Es tarde...

-Ya, pero tú también estás aquí ¿no?.

-Si, pero es porque tenía trabajo, tu ya entregaste tu articulo ¿Qué estás haciendo?.

-Pues algo que se me ocurrió para mañana...me gusta adelantar el trabajo.

Un chico que se toma enserio su trabajo. Pensé con benevolencia, eso me gustaba, claro que cuando se puso de pie también recordé que me gustaban muchas otras cosas de él.

-Bueno, pues ya el portero a de estar por cerrar...será mejor que...-Vi como su cuerpo me aprisionaba contra uno de los módulos y aguanté la respiración.-¿Qué haces?.-Jadeé cuando su boca me besó el cuello.

-Me gustas...-Lo escuché murmurar en mi oreja, luego tomó el lóbulo haciendo que mi vientre se incendiara.

-Alfred...no hagas esto si no quieres perder tu trabajo...-Le advertí.

Lo escuché reír.

-¿Me vas a echar porque quiero darte un poco de placer que se que tu también deseas?.

-Te equivocas...-Intenté apartarlo pero la verdad era que yo también lo deseaba ¿para que engañarme?.

-¿Sabes lo que he pasado todo el día al verte caminar frente a mi modulo?.-Su boca estaba muy cerca de mi rostro y pude sentir su aliento caliente.-Me tenías mal...aún estoy mal.

-Alfred...

-Shhh...se que tú eres la jefa.-Sonrió.-Pero déjame dominar un poco ahora...

Sentí como su mano me levantaba la falda del elegante traje y como sus dedos me acariciaban sobre las bragas...

-Mmm...apuesto que son tan sexis como las de ayer...

Yo cerré los ojos y un gemido salió inconscientemente de mi garganta.

-Aquí no podemos...-Él soltó otra risita y esta vez su mano estaba dentro de mis bragas.

-Claro que podemos...-Yo solté otro gemido, me era imposible detenerlos, Alfred estaba justamente en esa zona secreta a la que nadie había llegado nunca, pero él la estaba tocando de tal forma que tampoco pude evitar gritar un par de veces.-¿Ves que si te conozco?.-Lo escuché murmurar.

Sus dedos me estaban llevando al cielo, a un cielo que solo había alcanzado la noche anterior y que quería volver a tocar definitivamente. Me aferré a su espalda mientras sentía que todo el placer estaba a punto de explotar.

Sentí como su otra mano rompía algunos botones de la camisa blanca y apartaba el sujetador con cuidado acariciando uno de mis pechos.

Su lengua entró en mi boca y estuve segura de perder el control en ese momento.

Clavé las uñas en su cazadora y sentí como mi cuerpo se estremecía entre sus brazos mientras intentaba que mi grito no fuese escuchado por nadie.

Podía sentir el sudor recorriendo mi frente y parte de mi cuerpo mientras trataba de controlar mi respiración.

Alfred se separó de mí y vi en sus ojos aquella mirada llena de deseo que me había brindado en el bar.

-Buenas noches, jefa.-Me sonrió y cogiendo sus cosas me dejó allí, para ser sincera, con el cuerpo pidiéndome más.

Yo bajé la vista totalmente sonrojada por lo que acababa de permitirle hacer y me puse los botones de la chaqueta para que no se viese el desastre de mi camisa blanca.

-Señorita...estoy por cerrar.

Escuché la voz de Julián y pasé a su lado sin mirarlo para que no notara mis mejillas sonrosadas.

-Buenas, noches Julián.

Y salí de aquel lugar temblando.

Esclavo de sus besosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora