Para recordar

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Mis ojos seguían fijos en el cielo, sentía que una parte de mi alma se había ido con Amaia y me había dejado allí, completamente inservible e inútil, sin ella nada tenía sentido. Regina llegó a mi lado y cuando yo la miré vi que ella podía leer el dolor en mis ojos.

-Un pasaje, necesito un pasaje...tengo que ir a Madrid tengo...-Comencé a decirle caminando.

Ella me siguió y se paró frente a mi muy firme.

-Alfred.-Dijo mirándome.- Cálmate.

-Pero el avión...

-Si, se ha ido.-Suspiró.

-Tengo que ir, no lo entiendes, Amaia, mi hijo...

-¡Alfred!.-Yo que hasta ese momento había estado como en otro mundo la miré fijamente por primera vez.- Escúchame bien. Vamos a ir a buscarla ¿vale?, vamos a ir a Madrid, pero antes tenemos que ir a casa, tienes que prepararte, no podemos ir así por así...

-Pero...

-Yo me encargaré de todo, cuando tengas todo te esperaré en el aeropuerto. Se donde estará Amaia.

Yo asentí.

-Gracias.

-Nada, camina y nada más.-Me dijo haciéndose a un lado.

Fueron las peores horas de mi vida, regresar a casa había sido bastante frustrante, pero confiaba en que con la ayuda de Regina, podría recuperar a mi Amaia. ¿Por qué no me había dicho que estaba embarazada?, ¿Por qué había huido de esa manera?, yo la amaba, la amaba como a nadie y un hijo era una noticia que me había dejado sin aliento, pero definitivamente muy ilusionado.

Abrí la puerta del piso que compartía con Pablo y las llaves cayeron al suelo, pero no me importaba, nada me importaba. Entré y me quedé paralizado al ver a mi madre en medio del salón. Pablo estaba con ella y los dos parecían haber estado hablando algo importante antes de que yo irrumpiera.

-¡Hijo!.-Exclamó mi madre y se acercó abrazándome.

-¿Qué haces, aquí? ¿Le pasó algo a Marta?.

Ella se separó mirándome y luego rió.

-¿Es que tiene que pasarle algo a tu hermana para que yo venga a visitar a mi hijo?.-Me dio un cachete cariñoso.-¿No estabas en ese viaje tan importe?.-Me preguntó y todo lo ocurrido pasó por mi mente en un flash, haciendo que me alterara de nuevo.

-Si, pero, ahora tengo que irme a Madrid...

-Hijo...

-¿Marta donde está?.

-Hijo tienes que saber que...

-Mamá, ahora no, tengo que irme a Madrid, es muy importante ¿recuerdas a Amaia?.

-Si, tu jefa...

-Pues es la mujer de mi vida, la amo, y ahora se ha ido y yo tengo que buscarla ¿vale?.

-Pero hijo...

-Si, sé que es una locura pero tengo que hacerlo porque mi vida sin ella si sería una completa locura...

-Hijo, escúchame...

-Madre, tengo que irme.-Intenté avanzar pero Pablo se interpuso.

-Escucha a tu madre.-Me dijo.

-Es que no entendéis...

-¿A mi si me escucharás?.

Aquella voz hizo que mi espalda se erizara. Giré la vista y vi a Amaia parada allí con los brazos cruzados, mientras sonreía. ¿Esto que era...? ¿Una broma?. ¿Pero que hacía Amaia en mi casa?.

Esclavo de sus besosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora