Ahora la comunidad está reunida...

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-¿Cuanta gente nueva crees que hayan llamado?

Estábamos frente a la biblioteca y Toru estaba flotando en un radio de cinco metros al rededor mio. El que estaba en la entrada estaba sentado en una silla de oficina con un libro en la mano y aparentaba ignorarnos completamente, aunque podía ver como cuando Toru se acercaba un poco volteaba a ver de reojo. No había pasado mucho por ahí pero nunca me había preguntado nada, así que no sabía si era de seguridad. ¿Le pagaban por no hacer nada? Que buen trabajo.

-No lo se. -me respondió Toru, sin detenerse.- No creo que sea un grupo muy grande, aunque tampoco muy pequeño.

-En total seremos ocho. -apuntó Karin. Ella se había venido conmigo desde el cuarto. Obviamente cuando me desperté la volví a encontrar acurrucada a mi lado.- Aparte que ya conoces a la mayoría, por lo cual te será bastante fácil estar con todos. Y de igual manera, no era necesario llegar tan temprano.

-Dijeron a las siete, estamos a las siete. El problema es la gente que no llega a tiempo.

-Ya han de estar por llegar no te me pongas nervioso. ¿Para tranquilizarte no quieres aprovechar el tiempo? -dijo, con un tono que ya comenzaba a asociar con las mañanas.

-Por favor no. Espero que te comportes de manera decente ahora que vamos a estar con más gente.

-¿Que se comporte? ¿Por qué, qué hace? -preguntó una voz conocida detrás mío.

-Joder, ya te he dicho que no aparezcas de la nada. -dije, luego de que mi corazón regresara a su puesto del susto.

-Esas mañas no son saludables tenerlas.

-¡Por lo gran...! ¿Podrían dejar de asustarme de esa manera? No puedo creer que ya hayas contagiado a alguien con eso...

-Tranquilo, Anna siempre se a comportado de esa manera. No es nada nuevo. -me dijo Karin, como si eso me tranquilizara.

-Bueno bueno. No exageres. -dijo Anna.- Aquí traigo a uno de los acompañantes conmigo, para que lo conozcan. Puedes presentarte.

-¡Hola! -dijo, y sin previo aviso dió unos pasos al frente y nos abrazó a mi hermana y a mi. Ambos nos quedamos sin saber qué hacer.- Me llamo Oscar Hernández, les doy el gusto de conocerme.

-Y yo te doy el gusto de conocerme a mi. -dijo Christopher apareciendo detrás de ellos, para darle un pequeño golpe a Oscar en el hombro, a lo cual él respondió dándole uno de regreso. Tras ver eso supuse que llevaban bastante tiempo de amigos.

-Oscar por favor. Al menos que cuando recién te conozcan que crean que eres una persona decente. -Anna lo tomó de los hombros y lo volteó hacia nosotros.- Él es Kai Harper y ella es Alessandra, su hermana. Son las personas por las cuales estamos aquí todos.

-Ya veo, son ustedes. Lamento lo que les pasó. Me sorprende que sean lo suficientemente valientes para regresar fuera tan rápido. Hay gente que aún no quiere salir de aquí luego de pasar casi diez años. Espero que sean tan fuertes como aparentan, para poder rescatar a su padre. Si no, de igual manera no se preocupen que yo los cuido. -terminó la oración riéndo y golpeándonos un hombro a cada uno con su palma.

Anna suspiró, mientras Oscar se dirigía hacia donde Karin y Christopher habían comenzado una conversación que parecía tener de tema principal cómo sería la sombrilla perfecta.

-Se que parece insoportable, pero ya verán que van a agradecer tenerlo cerca cuando tengamos un problema. Lo mismo va con las últimas dos personas que hacen falta. Aunque a mi parecer ellos molestan más, ya que al menos Oscar es amable.

Luego de decir eso nos quedamos hablando un poco más sobre las cosas que llevaban en las mochilas, ya que parecían muy pequeñas para una salida de varios días. Incluso a todos los que ya habían llegado les hice el favor de guardar sus cosas en mi sombra. Tras unos diez minutos esperando aparecieron los últimos dos.

Ella llevaba unos jeans con una camisa blanca cubierta con una chaqueta de cuero bastante ajustada. Su pelo rubio ésta vez lo traía suelto y sobre su cabeza tenía puesto unos lentes oscuros. Traía una mochila pequeña en la espalda, a diferencia de su acompañante, que traía una de las que usa la gente al viajar. Parecía el mochilero más fino de todos, ya que aunque no llevaba puesto el saco de la vez anterior, pero sí tenía puesto un pantalón negro con una camisa de botones manga larga. De igual manera sus zapatos eran de vestir y llevaba sus lentes ovalados de la vez anterior.

-Lamentamos llegar tarde. -dijo él, inclinándose un poco hacia adelante a modo de disculpa.

-No hay problema. -respondió Anna. Luego comenzó a presentarnos.- Ellos soy Kai y Alessandra Harper. Es por ellos por quienes salimos de misión en estos momentos. Y...

-Mi nombre es Rebecca Hunt y el es Alejandro, uno de los mayordomos de mi familia. -interrumpió ella de repente. Alejandro se inclinó un poco nuevamente.- Venimos a ayudarles, por si ocurre algo que no puedan controlar por sí solos.

Cuando dijo eso no sabía qué más decirle, y al parecer mi hermana se quedó de la misma manera. Tras unos segundos de silencio incómodo, en los cuales me di cuenta que incluso Oscar, Christopher y Karin habían dejado de hablar, Anna fue la que rompió nuevamente el silencio.

-Bueno, ya que estamos todos podemos partir. Para hacerles un resumen de lo poco que hay planeado,es básicamente ir a mi casa y salir de ahí. Nos moveremos en rutas conocidas para conseguir información. Luego partiremos de lo que nos digan. ¿Entendido?

-Entendido. -dijimos unos, mientras que otros solo asintieron con la cabeza.

Nos acercamos al círculo y nos transportamos todos a la casa de Anna.

Al subir las gradas comencé a sacar las cosas de todos y a repartir suéters, ya que íbamos a salir caminando y aunque dentro de alguna manera no hiciera tanto frío, fuera si hacía.

Paramos un momento para que yo guardara nuevamente lo que había sacado. Rebecca se puso un suéter bastante grueso que se puso sobre la chaqueta de cuero, pero Alejandro no se puso nada y ambos se negaron al ofrecimiento de Anna que yo le guardara las cosas.

-Bueno, antes de salir todos debemos disminuir las concentraciones para no ser detectados. -dijo Christopher.- Por favor utilicen su...

Antes de que pudiera terminar la oración se escuchó un golpe mientras comenzaba a temblar. Cayeron pequeños trozos de hielo del techo y se comenzaron a ver sombras caminando fuera de la casa.

-Bueno bueno, se tomaron su tiempo, pero al fin aparecieron.

Prisión FantasmaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora