15 - Nada es lo que parece

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Nos abrió una mujer de mediana edad. Tenía un fuerte acento andaluz. Pregunté por Carlos Ramos. Nos pidió que esperásemos aquí delante de la puerta, mientras ella se ausentó. Entornó la puerta. Escuchamos a la mujer decirle a alguien: Te está esperando uno con pelo zanahoria.

Yo miré a mi novia y me eché a reír. Ella hizo un gesto divertido. No me importaba, ya estaba curado de espanto. Enseguida nos pusimos serios.

Un hombre calvo de unos 45 y barrigón. También tenía acento andaluz, pero no de Córdoba. Apostaba por Cádiz. Los andaluces sí distinguimos entre provincias, porque el acento andaluz no es igual en toda Andalucía. Nos saludamos y comencé a hablarle de su visita en Córdoba y alrededores.

-Yo nunca he estado en Córdoba. ¡Soy de Sevilla! Me cortó.

-Y usted nunca ha estado en La Carlota?

-Eso dónde es?

No tenía sentido. Intenté explicarle que yo era de allí y mi familia. Le di muchos detalles de mi madre, pero decía no conocer a nadie. Esto no avanzaba.

-Usted es el padre de Adrián. ¡Si hasta se parecen! Le alzó la voz mi novia que estaba más ansiosa que yo.

-Eso es imposible. Os dejo. ¡Adiós! Comenzó a cerrarse la puerta.

-Mandaremos un juez para que le saque ADN! Le gritó mi novia. A lo que él paró un momento la puerta y se abrió de nuevo. Miró hacia detrás por si estaba la esposa.

-Mirad. Mi mujer no está, pero si estuviera lo puede decir. No he estado en Jaén.

-Es Córdoba! Le interrumpí.

-O en Córdoba. No tengo nada que esconder. Podéis enviar esa orden tranquilamente. Sé que no puedo ser el padre tuyo. Lo sé perfectamente. Si queréis podéis pedir esa cosa a un juez. ¡Sabéis donde vivo!

Nos dio con la puerta en las narices.

Asun empezó a lanzar improperios, pero al cabo de un momento vi que no tenía sentido.

¿Cómo alguien puede estar tan seguro que no es el padre de otra persona? ¿Podía ser cierto?

Sinceramente, estaba hecho un lio. También Asun estaba confundida. Cómo una persona dice abiertamente que no puede ser el padre. Acaso hay hombres tan fieles, se preguntaba.

Volvimos cabizbajos. Casi hubiera sido mejor que el hombre nos hubiera discutido o se hubiera puesto violento, pero decir que no temía una prueba de ADN.

Asun insistió para que me fuera a su casa. Entendí rápidamente que quería consolarme, por esa experiencia tan frustrante. Su madre estaba en el turno de noche. No acabó de funcionar el sexo con ella. Me entró un dolor de huevos que pa qué. Después se me quitó. Tampoco somos unos expertos en sexo. Era la segunda vez que lo hacía y la tercera que lo intentaba. Quizás estábamos muy nerviosos. Qué sé yo. Mi tía alarmada me llamó al móvil varias veces hasta que estuve menos ocupado. Mi tía me montó un espectáculo y me amenazó con echarme.

La fierecilla domada por Adri 1 y 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora