Narrado por Nicolás.
Desperté de golpe por haber escuchado el molesto ladrido de un perro a unos metros de donde me encontraba. ¿Dónde mierda me encontraba?, miré al techo: no era mi techo. Sentí todo mi cuerpo incomodo, me dolían los huesos, la cabeza me iba a explotar, sentía un cosquilleo en mi mano izquierda pues yo mismo la estaba aplastando. ¿Qué mierda?
Estaba en un sillón, había dormido en un sillón. La luz del lugar me molestaba bastante, los malditos perros seguían ladrando y el olor a alcohol me provocaba nauseas. Me senté de inmediato intentando controlar mis ganas de vomitar, estaba hecho mierda. Usaba mis manos para tapar mis ojos, me irritaba bastante la maldita luz.
Cuando logré recuperarme levanté la vista explorando el lugar. Frente a mí estaba una pequeña mesita de vidrio, y frente a la mesa una televisión apagada. Estaba en la sala… En la sala de Arturo si no me equivoco. Volteé la vista a un lado, había otro sillón un poco más grande que el mío y ahí estaba él, dormido.
Al verlo inmediatamente sentí esa patada en el estomago que me afirmaba que sí era él. Comencé a recordar algunas cosas de anoche, entre ellas recordé la estupidez más grande que he hecho al menos en este año: le había pedido a un beso a Edgar. ¡¿Qué mierda me pasa?! Sentí un escalofrío con sólo recordar cómo había tomado el cuerpo de mi amigo, la manera en la que lo jalaba hacia mí, ¡lo senté encima de mí! ¡Soy un completo imbécil!, obviamente yo había disfrutado de todo eso, me había encantado. Pero ahora ¿con qué cara voy a mirar a Edgar?, mierda, mierda, mierda.
No sabía qué hacer, tenía ganas de huir sin dar explicaciones pero simplemente me quede ahí sentando, mirando a Edgar. Me gustaría estar acostado junto a él, de seguro cuando despierte se va a sentir igual de mal que yo. Pasé como cinco minutos contemplándolo, y después busqué mi celular. Eran las 11:34 de la mañana, no tenía ningún mensaje de Brenda lo cual era rarísimo pero no me molestaba para nada.
Decidí pararme e ir en busca de algo de agua, era lo único que necesitaba en esos momentos. No fue un gran problema encontrar la cocina, todo en la casa estaba tan tranquilo. ¿Dónde estará Arturo?, seguro sigue durmiendo. Abrí el refrigerador y me encontré con varias botellas de agua. Tomé 2, una para mí y otra para el amor de mi vida.
Le di un largo trago a la botella y después regresé a la sala. Me pare frente a Edgar, dudando un poco si despertarlo o no. Sin darme cuenta ya tenía mi mano en su cabello y lo acariciaba demostrando mi estúpido amor.
Segundos después Edgar despertó, estiró su cuerpo y se talló los ojos con las manos, sabía que se sentía igual que yo, se notaba su malestar. Seguí acariciándole el cabello intentando apaciguar las cosas. Él volteó a verme, como buscando quién era la persona que lo estaba tocando. Y cuando nuestros ojos se encontraron una sonrisa hermosa sonrisa se dibujó en su cara, haciéndome sentir mariposas en el estomago y a la vez me sentía en paz. Era una bonita sonrisa de “buenos días”, no tardé en sonreírle de vuelta.
—Hola…— Dije con un tono de voz bastante dulce, se me había salido de la nada. Le di su botella de agua y él la tomó de inmediato, sentándose en el sillón para después darle un gran trago.
—Gracias — Me dijo para después sonreírme nuevamente. Su voz estaba ronca, era esa voz mañanera que me volvía loco. — ¿Dónde está Arturo? — Me preguntó.
—No sé…
— ¿Qué hora es?
— Las once.
— ¿Llevas mucho tiempo despierto? — Preguntó examinando el lugar.
—No… No mucho. ¿Cómo te sientes?
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Vaso roto
RomansTodos hemos escuchado alguna vez que lo que no te mata te hace más fuerte pero en la mayoría de las ocasiones lo que no te mata hace que desees estar muerto. Lo que no te mata te rompe, te transforma en un vaso roto... ¿Y qué es un vaso roto? "E...