La baba caía de los labios de Woklan y resbalaba recorriéndole la barbilla y el cuello. Mientras cabeceaba, movía lentamente la lengua intentando humedecer la boca pastosa. Se sentía algo anestesiado y no escuchaba con claridad. Los párpados le pesaban tanto que solo pudo abrirlos tras intentarlo varias veces. Aunque no le sirvió de mucho tenerlos abiertos, veía borroso y pestañear no le aclaró la visión.
—¿Dónde estoy?
Escuchó una respuesta, pero no supo interpretarla.
«¿Qué me pasa?» pensó confundido.
Una mujer de melena rubia se aproximó y le limpió la barbilla y el cuello con un pañuelo. Le acarició la cara y se alejó en dirección hacia una vieja radio oxidada que estaba sobre el mármol. Pulsó un pequeño interruptor y el altavoz reprodujo un chisporreteo. Subió el volumen, caminó silbando hasta el fregadero y siguió lavando la vajilla.
Aunque la vista de Woklan seguía nublada había recuperado la audición. Mientras luchaba por mantener la cabeza erguida, escuchó el sonido del agua cayendo del grifo y el ruido que producían los platos que, entre carcajadas, la mujer lanzaba cada cierto tiempo contra el suelo.
Sin embargo, aun inquietándole las risas y el sonido de la porcelana siendo destrozada, lo que le llamó más la atención fue el extraño noticiero que estaban radiando.
—¡Soy Pit Drungal! —vociferó con voz ronca uno de los locutores.
—¡Y yo, Braulio Puertas! —exclamó el otro.
—Están sucediendo cosas extraordinarias esta noche, ¿verdad, Braulio?
—Cierto, Pit. Nos llaman oyentes para decirnos que el gran...
—¡Gran! —coreó Drungal.
—Sí, Pit, el gran Dhagmarkal está a punto de volver a la vida.
—No me digas, no me digas. —Hizo una pausa y agregó gritando y alargando las palabras con exageración—: ¡No me digas! El gran Dhagmarkal. El único, el primero, el invencible, el maldito, el vigoroso, el genuino, el deicida.
—El deicida.
—El deicida, Braulio, el deicida.
—Pit, ha llamado una oyente de la ciudadela del final del tiempo.
—Bonito lugar, una ciudad dentro del continuo espacio-tiempo, con preciosas mujeres, habanos de primera y whisky del bueno. Braulio, tenemos que visitarla antes de que Dhagmarkal se adueñe de la creación. —Los locutores soltaron carcajadas—. ¡Sí, sí, sí, sí y sí! La visitaremos antes de que sea un cúmulo de cenizas.
—Que lo será cuando Dhagmarkal vuelva a estar entre los vivos..., pero Pit.
—Dime, Braulio.
—La oyente de la ciudadela, llamada Weina, ha dejado grabadas unas palabras para alguien que nos está escuchando.
—Aleluya, qué gran noticia. Pon la grabación. Ponla, Braulio. ¡Ponla!
—Sí, Pit, pero antes una bonita dedicatoria. Esta grabación, cortesía de Radio Amigos de Dhagmarkal, es para ti, teniente Woklan.
Hubo un par de segundos de silencio y después se escucharon las palabras de la esposa del crononauta:
—Cariño, no aguanto más, han pasado cinco años desde que te marchaste y sola no soy capaz de soportar la pérdida de nuestra hija. No tengo más fuerzas... Espero que me puedas perdonar, porque yo, por haberme abandonado, no te perdono. —La voz adquirió una sonoridad casi espectral—. Cargarás con mi muerte el resto de tus días. —Se escuchó un gimoteo y un disparo.
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Entropía: El Reino de Dhagmarkal
Ciencia FicciónWoklan despierta sobre un charco de sangre dentro de una nave de La Corporación: la entidad encargada de explorar las líneas temporales. No recuerda nada, no sabe cuál ha sido el destino de sus compañeros y tampoco es consciente de que ha caído en l...