C A P Í T U L O IV

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Las semanas habían transcurrido y aquellos chicos no se hablaban, sus miradas chocaban constantemente durante las clases y recesos pero ninguno había tomado la iniciativa de hablar.

Samanta por una parte se sentía verdaderamente incómoda am estar cerca de aquel chico, no le desagradaba ni nada simplemente su conciencia la mataba al verlo.

Parecía cómo una prisión mental que parecía con solo verlo a lo lejos.

Ya era el receso y ella sólo podía dejar de ver cómo aquel chico estaba rodeado de chicas, parecía estar muy incomodo, con un suspiro se llenó de coraje y se acercó a aquel grupo.

—Drack puedo ¿hablar contigo un momento? –pregunto un tanto nerviosa.

—Claro no ahí problema –contesto– chicas ahorita vuelvo no se desesperen

Las pubertas chicas soltaron una risa a lo cual la joven dio una mueca de desaprobación lo que provocó una nueva también de parte de las chicas.

Se alejaron un poco hasta que comenzó ha hablar.

—Mira no soy una persona d pedir disculpas pero bueno...yo emmm –de sentía un poco incómoda respecto a lo que sucedía– yo lo siento, por lo de la última vez

Ella estaba realmente nerviosa por la respuesta de aquel chico que por mucho era más alto que ella.

—Yo también debería disculparme –confeso– no fuí muy respetuoso que digamos

Drack de verdad que se sentía arrepentido, nunca en su vida le había gritado a una mujer y de verdad que su conciencia igualmente lo estaba matando.

—Bueno entonces ¿Estamos a mano? –pregunto el chico sonriente.

—Estamos a mano –concluyo la chica con una sonrisa.

Después de aquello continuaron hablando hasta el final del receso lo que los llevo a estar hablando durante todo el día en las diversas clases en su salón.

Muchos se sorprendieron a tal acto.

Pocas veces se podía ver al chico hablar con una chica a salas además del gran grupo que lo perseguía de primero al igual que la chica que por primera vez no soltaba insultos a cualquiera que pasaba frente a ella.

Sí continuaron hasta el final de las clases.

—Sabes me la pasé muy bien el día de hoy –conto sonriente– sinceramente pensé que eras ese tipo de personas que odian sin razón

—Bueno si lo soy pero es extrañamente diferente contigo –confeso– bueno ya me voy nos vemos mañana

—Nos vemos mañana

Así sus caminos de separaron llendo cada quien a sus humildes hogares.

Samanta al llegar subió a su habitación para comenzar a realizar sus deberes por primera vez, los del colegio por supuesto, para al final tomar un cigarrillo como todos los días hasta caer la noche.

Mientras tanto al otro lado del pueblo Drack pensaba lo ocurrido el día de hoy.

Su estadía en casa era realmente monótona, adoraba estar con su hija aunque en esta ocasión ya la estrenan preparando para su nueva etapa de vida, comenzaría la escuela y ella no deseaba asistir.

Por un tiempo considero enseñarle en casa aunque era sumamente imposible, su madre no podía dedicarle todo ese tiempo a ella y el muchísimo menos.

Sería aún más difícil sus días pero era el gran sacrificio que tendría que hacer para mejorar su vida de alguna forma.

Sus pensamientos cambiaron repentinamente recordando la belleza de su nueva amiga, Samanta, aquella hermosa chica con quien inició con el pie izquierdo.

Conocía ya un poco sobre su corta vida, le gustaban cosas realmente sorprendente, incluso le cobfeso que sabía tocar uno de los instrumentos más extraños del mundo.

Oboe.

Nunca en su vida había escuchado acerca de ese instrumento pero le pareció algo único e interesante.

Dirigió su vista hacia su clóset donde mantenía gustado su instrumento que alguna vez su amada le regaló por su cumpleaños.

Una sonrisa de nostalgia apareció al igual que un pequeño destello de sus ojos, un deseo de tocar aquel instrumento lo invadió por completo.

Para ser sinceros nunca creyó volver a sentir aquél profundo deseo de contar sus sentimientos atraves de la musica, además de la pintura.

Estaba pesadamente exhausto, sus ojos comenzaban a cerrarse y una leve brisa de la puerta de su habitación lo despertó unos instantes más.

—Papá te puedo preguntar algo

El joven chico salio de sus pensamientos y miro a su pequeño ángel que tenía una pequeña sonrisa en su delicado rostro.

—Claro pequeña, ¿Que es lo que pasa?

Con pasos lentos se subió a la cama con ayuda de su joven padre el cuál la coloco sobre las sábanas delicadamente.

—¿Dónde está mamá?

Aquella pregunta le sorprendió.

Aquel día que fueron al cementerio no preguntó nada, simplemente hablo con su madre alegremente como si la escuchara.

—Esta en las estrellas amor, allá arriba –conto apuntando hacia la ventana donde se veía el gran cielo estrellado– ella nos está mirando en este preciso momento

—La abuela dice que esta en el cielo –contesto– que solo puede escucharnos pero no vernos

La sonrisa de la pequeña se había convertido en una mueca de confusión, con un suspiro reposo por unos momentos tratando de cambiar el pesado habiente.

—Bueno dicen que cuando tienes a alguien que amas en el cielo o el las estrellas, tienes un pedacito de cielo en tu casa, para siempre. Nosotros tenemos a tu madre, pero una parte de ella vive con nosotros, su recuerdo sigue en este hogar y está presente en nuestras vidas aunque no podamos verla. Todo lo que nos rodea tiene una huella de ella, su cariño y amor infinito por ti.  Aunque se fue, sigue conmigo y contigo, aquí en nuestro corazón...

Contó delicadamente mientras ponía la mano de su pequeña en su respectivo corazón, la niña sonrió, aquellas palabras de su padre se quedarían en su memoria.

Su padre por otra parte las lágrimas no tardaron en salir, aquella sonrisa de inocencia le partió el corazón en pocos segundos, la pequeña no lo noto por la oscura habitación.

—Te quiero mucho papá –pronuncio mientras lo abrazaba delicadamente mientras se recostaba encima suyo para quedar profundamente dormida.

—Yo también te quiero pequeña...

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⏰ Última actualización: Aug 25, 2019 ⏰

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