¿Te conozco?

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En una mañana cualquiera en el metro, un gran grupo de personas se encontraba dispuesta a abordar el tren para dirigirse al trabajo, universidad, colegio o simplemente a sus hogares. Nada parecía perturbar el agitado trajín de las personas, claro, hasta que cierta joven ingresó a toda prisa en la estación.

Destacaba su negra cabellera, estatura mediana, casi pequeña, y complexión delgada que intentaba atravesar la entrada de la estación llevando consigo un par de grandes maletas, sin embargo una interminable fila de personas le impedía el paso.

Cualquier sujeto que se cruzaba con ella o intentaba verla, daban uno o dos pasos atrás pues pese no ser tan alta, sentían un aura intimidante. Tal vez se debía a los múltiples piercings que adoraban sus orejas, el maquillaje de colores fríos, su rostro serio o simplemente su forma de vestir, pero lograba ahuyentar a todos.

—¡¿Quieren mover sus estúpidos traseros de la salida?! —aquella joven intentaba atravesar la multitud que no le permitía salir de la estación por la inmensa fila. Llevaba más de media hora intentando atravesar aquel grupo que no le permitía su salida pero al no lograrlo, estalló en furia.

—¿Puedes esperar tu turno y no gritar como una loca suelta en mercado? —otra mujer, alta, con traje de oficina y un maquillaje no tan llamativo como la joven, habló con molestia. Se encontraba detrás de ella y le recriminó causando ira en la joven y la sorpresa de las personas que las rodeaban. Una pelea podía empezar.

—¿Quién te crees para hablarme de esa forma? ¿Qué no ves que soy extranjera? —amenazó la joven señalando con el dedo índice a la joven —Puedo denunciarte por Xenofobia.

—Demonios, me topé con una loca —aquella mujer alta rodó los ojos, no tenía caso pelear con alguien así y para su pesar, sospechaba que la había visto antes.

—Claro, como sea —la joven tomó sus maletas y sin importarle nada, atravesó la multitud entre empujones y reclamos de las personas, lo único que quería era abordar un tren—Maldición. — Murmuró la joven tomando asiento en el primer lugar libre que encontró.

***

—¡Oh! Señora Parker, buenas tardes —la misma mujer alta que tuvo una pequeña pelea en la mañana con aquella extranjera llegó al edificio en el que arrendaba una pequeña habitación — ¿Qué está haciendo?

La señora Parker era una mujer de edad avanzada pero con una vitalidad de una de 40. Ella se encontraba moviendo una gran maceta de un lado a otro intentando buscar un buen lugar, normalmente de eso se encargaba uno de los inquilinos, pero parecía que la señora Parker tenía mucha prisa en decorar el lugar.

—Hija, llegas a tiempo.—La señora le hizo un gesto a la mujer para que se acerque a ella y la ayudase con la maceta— Tenemos buenas nuevas —. Informó con mucha ilusión la señora dejando que la joven se encargue de dejar las flores junto a la puerta principal.

—¿A si? ¿De qué se trata? —Cuestionó nuevamente la joven sacudiendo su traje pues un poco de tierra se había impregnado en ella.

—Tenemos una nueva inquilina—. La señora Parker estaba más que feliz al recibir nuevas personas en su edificio, era modesto, pequeño y tranquilo, pero era muy acogedor.

—Pero el único cuarto libre es... —la joven dedujo rápidamente, ahora le tocaría compartir el piso.

En aquel edificio la señora Parker arrendaba habitaciones o pisos completos. Normalmente los departamentos tenían dos habitaciones y eran pequeños, ideales para familias de pocos integrantes o estudiantes universitarios que se mudaban a la gran ciudad.

If That Was You [Sunmi x ChungHa]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora