Tuve una buena infancia, mi papá se borró antes de que yo naciera y me crió mi mamá junto a mi abuela.
Fui una nena feliz dentro de todo, tuve la suerte de que, si bien no siempre pudieron darme los caprichos jamás me faltó un plato de comida gracias a mi familia, a mi novio y chicos que considero hermanos.
Me puse de novia un mes antes de cumplir quince años con un chico que se llama Jeremías Ismael que me dio vuelta el mundo toda mi infancia, literal que desde segundo o tercer grado que yo estaba enamorada de él.
Un día, en quinto grado me cambiaron de división y un año después me dijeron que Jeremías había dejado la escuela, me puse muy triste, porque él era una persona que, si bien nunca habíamos hablado hasta ese entonces, es de las personas que sonríe y hace que todo se vuelva agradable.Lo conocí teniendo 13 años, hablábamos y él me contaba las cosas que le pasaban, pero muy poco, es realmente difícil entenderlo a veces, él en ese momento tenía problemas de adicción a las drogas.
Una semana antes de cumplir mis esperados quince años, mi mamá se fue para el cielo. La fiesta fue horrible, porque de ser mi sueño pasó a ser mi pesadilla, pero llevo tatuado en la mente el día que lo vi con su camisa a cuadros y bailamos el baile típico de los quince años, desde siempre que hizo todo lo malo algo hermoso.
Le pedí que me anestesiara el dolor. Y los dos viniendo de familias disfuncionales, no conocíamos lo que era realmente el amor. Y así empecé a drogarme, él me mostró su cielo, o su infierno.
Fueron dos años de relación muy complicados, él pasaba más tiempo con la droga que conmigo y yo, estaba con otros chicos para no sentirlo tan ausente. Un día se cansó y decidimos dejar la relación ahí, nos seguimos viendo y estuvimos juntos. Yo lo extrañé con locura, extrañaba darle besos sin la necesidad de tener relaciones, extrañaba abrazarlo y que me escuche, pero la droga se lo llevó, y ahora por suerte. Todos los días la pelea un poco más para volver a ser el de mismo, rescatarse.
Un día me enteré que estaba embarazada porque una chica en la calle hablaba de que hace mucho que no le venía el periodo, y yo, tan drogada que no podía ni pensar me dije a mí misma "Puta, ¿Y yo que onda?" y es así como, compré un test estando sobria y salió positivo.
Lloré, por miedo a no estar lista. Por miedo de preguntarme "Quien es el papá carla, quien te manda a ser tan puta?" me cansé de insultarme, de sentirme deshecha.
Ya llevaba un mes de embarazo, un mes en el que me había drogado sin parar. Decidí dejarlo, porque yo sabía cuidarme, yo creo que me embaracé a propósito, dándole un sentido a mi vida de mierda.
A nada del tercer mes, decidí decirle a Jeremías que capaz que el bebé era de él, y para mi sorpresa, él sonrió y nos prometió empezar de nuevo. Llamó a nuestra hija Esperanza porque es lo que nos dió.
Y ahora, con ya cinco meses de embarazo, decido escribir sobre todo lo que sentí, sobre todo lo que siento.
No se escribir historias así, disculpen si redacto mal.
