Estaba por darse por vencido, cuando descendió al oscuro e inmundo sótano de aquella casa abandonada. Entre bolsas de basura y escombros, creyó descubrir algo. Se valió de la luz de su linterna para ver mejor. Se trataba de un antiguo caballo balancín. Con un poco de suerte, conseguiría que el juguetero de la calle Rivera le diera algunos billetes por él. No se trataba del típico caballo balancín con el cual jugaría cualquier niño. Éste se encontraba algo deteriorado, pero nada que no pudiese arreglarse con paciencia y esmero. La crin estaba apelmazada, tenía lugares en donde la madera se había deformando debido a la humedad, pero aun conservaba en bastante buen estado las tiras de cuero, tanto del cabestro como de las riendas. Tenía los ojos dibujados a mano, junto con unos símbolos al costado del cuerpo, que lo volvían más interesante. Víctor se acercó al caballo, pero cuando quiso levantarlo descubrió, que éste parecía pesar una tonelada. Quizás alguien lo había clavado al piso para evitar que lo robaran -pensó-. Pero en ese momento el caballo empezó a balancearse solo. La puerta del sótano se cerró. Víctor, aterrado, dejó caer la linterna que se hizo pedazos contra el suelo. No obstante la oscuridad no duró demasiado. Los ojos del caballo comenzaron a emitir una fosforescencia anormal, que le permitieron a Víctor ver los dientes amarillos, deformes de aquel caballo, que ahora asomaban a través de una mueca blasfema, que pretendía ser una sonrisa.
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Caballo de madera
HorrorUn caballo de madera parece ser el único objeto de valor en una decrepita casa abandonada.