Capítulo 32: Locura, pasado y un trastorno mental.

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Capítulo 32: Locura, pasado y un trastorno mental.

Skyler.

Ricuras hermosas, este capítulo estará un poquito extenso pero no se preocupen, con mis súper poderes *como si los tuviera xd* voy a intentar que les resulte todo menos extenuante.

Visitar a la madre de Z realmente no formaba parte de mis planes y sí, puedo parecer persistente en cuanto a conocer su historia, porque todos tenemos una por más trágica u oscura que sea pero, siendo sincera, fue una sorpresa sobrecogedora.

Sin embargo, nada de eso es la razón por la cual mi corazón late a mil por hora cuando salgo del auto. Estoy consciente de cuan importante es este momento para él y me siento muy halagada de que me haya permitido estar a su lado. Vamos lento, pero a nuestro ritmo así que no voy a permitir que las palabras de Iham hagan mella en mi. Sí, conoce el pasado de Z pero yo también lo haré, sólo es cuestión de tiempo.

— ¿Por qué no vino Eve?— digo, cuando Z toca el timbre.

— No lo sé.

Frunzo el ceño.

¿Tiene cosas más importantes que ver a su madre? Esto es una maldita broma.

Una mujer abre la puerta y me sorprendo porque no es la típica ama de llaves entrada en edad, con un toque risueño y afable. No, esta mujer es todo lo contrario: lleva consigo un traje blanco de pies a cabeza, zapatillas deportivas del mismo color y el pelo recogido en un moño estirado que no dejaba fuera una sola hebra. No hay rastro de maquillaje en todo su rostro y a juzgar por su expresión es ese tipo de persona que pocas veces sonríe.

— Señor Black, es una gusto verlo por aquí— inclina la cabeza en dirección a mi pero estoy totalmente intimidada así que tomo la mano de Z y fijo la vista en nuestros dedos entrelazados.

— Gracias, lo mismo digo.

Tan pronto entramos a la casa hago mueca involuntaria muy similar a cuando hueles algo podrido aunque, en mi caso, es debido al fuerte olor a medicamento.

Atravesamos el recibidor para dar paso a la sala que de seguro sería muy hermosa con los grandes ventanales que la adornan dando paso a la luz de medio día. Los pisos de mármol pulido le dan un toque refinado que habrían hecho de la casa un lugar acogedor de no ser por un pequeño detalle: no hay nada más.

Ni cortinas, ni muebles, ni vida. Nada. Incluso las paredes son blancas por completo, desde el recibidor hasta ahora mientras atravesamos un último pasillo, todo es monocromático. No hay cuadros por ningún lado lo que me hace pensar que esto es mucho peor de lo que parece.

Una punzada de pena se aloja en mi pecho y busco el rostro de Zachary para saber cómo se siente respecto a esto pero no nuestra nada, como si una máscara cubriera sus sentimientos. Ha sinceridad, me siento a años luz de distancia a pesar del corto espacio que nos separa.

Suspiro.

Finalmente, la mujer ruda nos introduce en una hermosa terraza con vistas increíbles. El olor a medicina desaparece dando paso a un reconfortante aire fresco. En medio había una mesa con sombrilla, y sobre esta hay todo tipo de comida deliciosa. Sin embargo nada de eso disminuye la extraña sensación de náuseas que me cierra por completo la boca del estómago.

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