JUEVES
12 am
16 HORAS RESTANTES
-¿Señor? -. Preguntó el General Jorge, el color se había ido de su piel. Entretanto, el Coronel Gómez se limitó a saludar al Presidente con el típico saludo militar.
-Oh, Coronel, no hay necesidad de un saludo de esa forma. Yo me conformo con que estreche mi mano-. Dijo el Presidente estirando su brazo, y de esa forma fue como saludó a ambos.
-No lo esperábamos esta noche, Señor. Aún estamos haciendo preparativos.
-Lo sé, lo sé. Solo quería verificar que los soldados trabajasen conforme a lo planeado, y estén empacando las cargas con el debido cuidado que éstas merecen.
-Oh, claro que sí señor. Se les asignó un control que deben seguir-. Aseguró Jorge.
-Cuénteme sobre el incidente que hubo. En el que su hijo estuvo involucrado, Coronel-. El presidente cambió el tema.
-Con todo respeto, Señor... ¿Insinúa que mi hijo tuvo algo que ver en eso?
-¿Por qué? ¿Lo estuvo? -. Se decían muchas cosas del Presidente, demasiadas. Y en el ámbito militar no se hablaba de su reputación ni mucho menos, se hablaba de las terribles acciones que cometía, de su ambición por alcanzar a comprender qué procesos habían surgido después de la "Explosión inicial" como le llamaban ellos. Después de todo, los militares de alto rango tenían conocimientos de que lo que ocurrió aquel día de tragedia, no había sido un accidente.
Y entre tantas cosas que se decían de este señor con tanto poder y tanta sangre en sus manos es que cuando sospechaba algo, hacía hasta lo imposible para llegar al fondo y descubrir si eran o no ciertas sus teorías.
-Y bien, Coronel ¿Me va a decir usted lo que sucedió o se lo voy a tener que sacar a golpes a su hijo? -. El Presidente se dobló las mangas de su costoso saco y su mirada se ensombreció. Raúl quedó atónito y miró al General Jorge para refugiarse en él ¿Qué demonios estaba pasando?
-Tráiganlo-. Ordenó el Presidente, entonces Jorge se dio cuenta de que no estaban solos, la carpa estaba rodeada por soldados, claro que no sabían qué "asunto" se trataba dentro de la carpa y mucho menos les importaba, esa era la forma de trabajar del Presidente, su persuasión era ilimitada.
Desde fuera se escucharon alaridos e intensos gruñidos. Luego dos soldados entraron en la carpa cargando, uno de cada lado, a un tercero: El Sargento Gómez.
De inmediato la expresión de Raúl se tornó violenta, frente a él estaba su hijo, con moretones en el cuerpo y una herida arriba de la ceja derecha de la cual manaba sangre. No es nada fácil para un padre, tener que ver cómo torturaron a su hijo.
-¡Andrés! -. Susurró el Coronel avanzando hacia su hijo, sin embargo, los soldados se encargaron de que no pudiera llegar a él- ¿Qué le hicieron a mi hijo? ¿Qué le hiciste a mi hijo? -gritó alarmado Raúl con mirada desafiante hacia el Presidente.
-Hice lo que debía. Y por la expresión en tu rostro puedo deducir que no sabes nada, te explicaré-. El Presidente cerró los ojos e hizo una mueca, como si no supiera por dónde empezar y tras unos incómodos segundos sonrió y señaló al Sargento que yacía en el suelo, sin fuerza.
-Verás, este bastardo de aquí montó una trampa. La criatura no se soltó, la soltaron y te diré cómo lo sé.
-¡Nada de lo que diga es cierto! -. Titubeó Andrés tosiendo- ¡Yo no estaba en esa guardia! - se defendió.
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Si tú vas, yo también
AdventureLa Zona. Más de 90 kilómetros a la redonda de lo que fue el estallido del rector. Isaac, un SOBREVIVIENTE, creía que estaban solos, él y su pequeña hermana, pero se equivocó. Su objetivo estaba claro al inicio: buscaba algo, algo que le había si...