Parte 1 - Ladrón

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[Era un día particularmente soleado en la capital, con pocas o casi ninguna nube alrededor. Debido a esto, este tipo de día también era considerado como un buen momento para pasear o jugar algún deporte, en los ojos de cualquier quiladi adinerado. Sin embargo, la gente común no disfrutaba particularmente de esto. El olor a sudor, las caminatas más cansadas y la falta de agua eran indicios comunes de esta temporada. Aún así, la gran cantidad de personas salían al exterior a trabajar. Los eshik lo tomaban como cualquier otro día, porque siempre había sido así...

La ciudad central era gigantesca y absurdamente sobrepoblada. Si bien la parte de en medio, donde estaba el palacio real, no sufría ninguna dificultad ante esta situación, las demás zonas del asentamiento mostraban una evidente falta de planeación. En los últimos años, más y más gente había querido residir en la ciudad, por lo que los funcionarios de hacienda no tuvieron otra opción más que permitir el establecimiento de nuevas casas de forma rápida e insegura. Es así como el escarpado moderno se fue moldeando: lleno de barrios pobres, casas aglutinadas que parecían incrustarse una con otra, callejones oscuros que no tenían mucho sentido ni propósito, averías constantes en el sistema de drenaje, etc. No obstante, era en esta zona donde ocurrían las cosas más interesantes...

La ciudad, vista desde el aire, estaba dividida en dos por una inmensa calle central a la cual se le refería coloquialmente como "La calle". Esta tenía un ancho suficiente como para albergar hasta veinte personas a la vez o dar paso a tres carruajes reales (por las ceremonias anuales del rey en donde se paseaba por las calles). Un extremo de dicha avenida iba a dar a la entrada principal del palacio, la cual estaba resguardada por su propio muro interior que la protegía de la demás gente. Esta zona estaba permanentemente vigilada, por lo que era muy difícil entrar y salir a menos que fueras alguien importante o pertenecieras a la realeza. El otro extremo acababa en la entrada principal, la cual se veía resguardada por un portón enorme de quince metros de alto. Esta puerta comúnmente estaba abierta, pues no había habido ningún tipo de hostilidad con otra nación desde hace diez años.

"La calle" estaba siempre llena, amotinada de gente que se movía constantemente en el maratón que representaba la vida cotidiana. Sin embargo, entre la multitud, un hombre delgado de aproximadamente veinticinco años se encontraba inmóvil y tapado por una capucha de tela. Su presencia en la calle se asemejaba a la de una roca enorme que cortaba el inalcanzable flujo del agua, y que servía a los niños para pasar por un río sin mojarse los pies. Su aspecto en general era el de un mendigo, aunque no parecía sufrir de ningún tipo de hambruna o discapacidad que pudiera mostrar para causar lastima. Su cara estaba descuidada y sucia, pero conservaba un relativo cuidado con el vello facial. Su mirada era filosa y tajante, una mirada que se hallaba cortando el suelo en donde se postraba. También parecía indicar una concentración infinita, como si quisiera contar los pasos del innumerable tumulto de gente. Después de un rato de ser la excepción en las masas, el hombre empezó a andar pesadamente, casi como si lo hubiera obligado la marea de empujones, y pensó...]

¿¿¿- Como odio cuando las calles están llenas de malditos eshiks que viven sus vidas cuál animales de granja. ¡Como detesto esta ciudad! Pero bueno, no me queda de otra más que acoplarme. *Sonriendo y observando a una mujer con su marido comprando, mostrando, por su apariencia, que son de mucho dinero* Lo único que he de admirar de este puto basurero es el flujo constante de idiotas con dinero que vienen a ver el carnaval de engendros que hay en todo lugar. HAHAHAHA!!! *Abriendo un saco carente de dinero* Además, se me hace que la señorita ha llegado justo en el momento indicado...

[Unas horas más tarde, él misterioso hombre se dispuso a descansar en una plaza de piedra, la cual estaba relativamente cerca del centro de la ciudad. Este espacio se encontraba rodeado de árboles frutales y tenía como vista principal una fuente en el medio.]

Dauyo: Una historia genéricaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora