Capítulo diecisiete-The last day

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He decidido seguir escribiendo, más que nada porque aunque no lo parezca me ayuda bastante escribir esta historia psicologicamente.

Espero que os guste a quienes la leeis, la compartais, voteis o comenteis.

-M ♡

El se rió y sonreí avergonzada, me había quedado sin palabras y tenía ganas de estamparle un globo en la cara, o un ladrillo.

Subió a la planta de arriba a vestirse mientras yo jugaba con Bea.

Levanté la mirada al balcón; Bruno estaba apoyado mirandonos con una sonrisa.

Elena entró dentro de casa y vi lo que pretendía, cerró el pestillo del balcón.

Bruno se quedó callado por unos segundos y se sentó en la valla del balcón.

De repente dió un salto y cayó de pie en el suelo, mientras caía le miraba aterrorizada,¿estaba loco? Yo hubiera muerto saltando así.

Miré sus pies, estaba descalzo y le sangraban por la caída en el suelo de piedra.

Diez minutos después nos dirijimos todos al parque.

Él y yo ibamos atrás.

-¿Te asustaste?

-No veo a gente tirarse de balcones todos los días.

-¿Que hubieras echo tu?

-¿Esperar a que me abriera?-pregunté irónicamente.

-Algún día te enseñaré a hacer parkour.

-Vas listo si crees que voy a hacer algo asi.

-No te pregunté si querías-sonrió victorioso.

Llegamos al parque y Eva y Ana se sentaron en los columpios; Bea y Carla fueron al tobogán con mi tía; mi primo se fue a casa de Julio y mi prima se fue a casa.

Poco después Eva me cedió el sitio en el columpio.

Empecé a leer mensajes del grupo de CN donde mis amigas comentaban San Valentin.

Vi a Eva correr hacia mi y a Bruno correr detrás suya y reí, comenzaron a correr entre los columpios como si no hubiera más parque.

Entonces Bruno resbaló gracias al humedo suelo de la lluvia que había caído por la noche.

Cayó con la rodilla izquierda y noté su expresión de dolor

Todos se acercaban a ver su estado y le echaron la culpa a Eva, yo me quedé en silencio.

Eva disgustada se fue del parque y entró a un pequeño bosque, Bruno y yo la seguimos, no demasiado rápido por su rodilla.

Llegamos a una valla de madera y tras ellas una colina muy inclinida.

Me quedé parada un momento paralizada por el vértigo.

Miré a Bruno, intentando subir y me sentí egoísta, pero estaba paralizada.

Volvimos al parque con Eva, todos le pidieron disculpas ya que en realidad fue el momento de tensión.

Me senté en un banco y Bruno fue con mi primo a comprar gominolas.

Abrí la conversación con mi mejor amiga, Paula, donde me hacía todo tipo de preguntas sobre Bruno.

Bruno y Andrés volvieron con cuatro bolsas de plastico con gominolas.

Una para Carla y Bea, otra para Eva y Ana, otra para Andrés y mi tía y otra para Bruno y para mì.

Ana, Andrés y Eva se sentaron al otro lado de Bruno en el banco mientras mi tía seguía jugando con las pequeñas.

Bruno y yo jugábamos a darnos gominolas uno al otro hasta quedar muy cerca.

Estaba nerviosa por lo que el me transmite y porque mi tía podría vernos.

Bruno cojió la última gominola de la bolsa:un corazón mitad naranja y la otra mitad amarilla.

Lo puso en sus labios y yo mordi la mitad acabando en un beso.

Sentí medio zoo en mi estómago, acababa de besar a la persona que más había querido.

Me fijé a mi alrededor, nadie parecía habernos visto y eso me aliviava.

-Creo que es justo que ya que yo sé tus miedos tu sepas los mios.

-No hace falta Bruno.

-Confío en ti más que nadie, necesito que los sepas-hizo una pausa y se levantó, le seguí carretera hacia arriba-tengo varios miedos en realidad; tengo mucho miedo de no volver a ver tus ojos, son tan preciosos, se que sientes con mirarlos.

Tengo miedo de perder tu risa, que acaben las noches chateando, tengo miedo de que un día me olvides.

-Nunca voy a olvidarte Bruno.

-El olvido es inevitable, no sabía si seguir hablandote, pretendía que me olvidaras y encontraras a alguien que te merezca, o al menos alguien mejor que yo, que será fácil de encontrar.

Lo intenté,¿sabes? Pero todo dejó de tener sentido, porque a pesar de la distancia pintas mis cielos de azul, eres la sonrisa que me anima, tu positividad es tan contagiosa que duele, no puedo perderte.

Las últimas gotas de lluviaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora